miércoles, 29 de julio de 2020

Autoritas versus potestas

Probablemente esta entrada de blog dure poco. Porque intentas explicar cómo utilizan los políticos y la industria farmacéutica el miedo para controlar a la población.

Ayer 28 de julio se celebró el día internacional de la hepatitis, copando casi todo el interés la hepatitis causada por el VHC. Con ocasión de ello, me invitaron al programa "Estando Contigo" de la televisión de Castilla la Mancha en Toledo, y en directo dije lo que digo entre el minuto 42:10 y 1:03 del siguiente enlace. Se habla, sí de la hepatitis C, y también de cronificar como sucedáneo de curar. Y también se alude a lo que está pasando con el coronavirus y los temores a rebrotes que justifican cualquier medida por absurda o injusta que sea.


Creo que es de especial interés lo del minuto final. Espero que lo disfrutes y difundas, porque hay mucha miga detrás y es posible que borren el enlace.

miércoles, 17 de junio de 2020

El miedo a la incertidumbre

A través de Doctoralia me llegan muchas preguntas de pacientes y llevo más de 18.000 contestadas. Las más recientes muestran pacientes con preocupación por lo que va a ser su salud en la era post-COVID. También recibo opiniones (más de 6.000 comentarios lleva este blog) y valoraciones, muchas de ellas positivas como se ve en mi página de Doctoralia pero también alguna negativa. Y esas son las que más me interesan, la de las personas que quedan disconformes con la atención recibida o que se sienten defraudados por el resultado. Aunque de ordinario a todos nos molesta la crítica en nuestro ego, el análisis de la opinión desfavorable permite descubrir el origen del desencuentro.

Siempre digo que la medicina no lo sabe todo ni los médicos tampoco. Por lo menos yo no lo sé todo.  Internet tampoco. Y creo que entre los pacientes que veo hay un gran número de ellos que han visitado numerosos colegas durante años... y les han dicho que no tienen nada. O si tienen algo, no han dado con ello. Por eso digo que son pacientes "complejos", que han sido sometidos a muchas pruebas exploratorias y no han conseguido el resultado apetecido. Cuando yo tampoco lo logro, se sienten defraudados porque sus expectativas eran de "a ver si este...". Parece como que existe por parte de los médicos la obligación de acertar. Yo lo único que puedo garantizarles es que pongo todo mi conocimiento e interés en estudiar su caso y ofrecerles mi visión del problema, así como la solución o soluciones posibles. No puedo garantizar resultados, ni yo ni nadie debe garantizarlos en medicina. La medicina como disciplina se está haciendo constantemente al albur de nuevas teorías o paradigmas. En ocasiones te enfrentas a un caso que médicamente tiene poco recorrido porque la ciencia le augura un mal pronóstico. Son esos casos que en tres minutos "están vistos para sentencia", y sin embargo, procuras dedicarle tiempo para que la consulta no sea tan fría y distante. Otras veces el paciente sospecha que sus preocupaciones son fruto de su hipocondria o se abona a teorías emergentes que parece que le convencen más (alergias, intolerancias, dietas,...permeabilidad intestinal, microbiota).



En el tiempo que llevamos tras el paso de COVID he visto que estas preocupaciones han ido en aumento y la perspectiva es que van a incrementarse, porque el mundo ha cogido miedo, mucho miedo. La gente tiene miedo a morirse sin saber de qué. Hay que vacunarse frente a la pandemia. Por eso he escrito el libro que pongo ahora a su disposición.

lunes, 18 de mayo de 2020

Secuelas del confinamiento en la salud

Empezamos a salir de las casas después de estar confinados, recluidos. Estamos anquilosados, entumecidos, como los osos tras la hibernación. Lo que pasa es que nosotros, además, eso de estar en casa nos ha generado taras emocionales importantes y trastornos de la conducta alimentaria, con excesivas visitas al frigorífico para matar la angustia. Aunque no se muevan las fases o se pretenda prolongar el estado de alarma, lo alarmarte empieza a ser la tripa que estamos echando y los kilos de más con lo que conlleva para la salud, no sólo para la estética. Alguna (también alguno) me ha comentado que su aspecto ha cambiado tanto que no se atreve ni a salir a la calle, aunque sea con mascarilla que se le reconoce menos. Pero hay que salir, hay que retomar el deporte y volver a una dieta sana, equilibrada, porque de otro modo los trastornos emocionales harán mella severa en el estado de ánimo y en la salud en general. Muchos saben que el problema de su estómago ahora no se soluciona con el omeprazol.

Es momento de pasar una revisión, un chequeo, hay que resetear el organismo. Volver al peso normal a veces requiere manejo dietético y otras veces intervención médica. Igual que los aficionados al deporte retoman su actividad de manera paulatina, progresiva en el esfuerzo, hemos de lanzarnos a recuperar la salud perdida, la emoción y las ganas de vivir. Estos días pasados van a ser un paréntesis inolvidable en nuestras vidas. Pero eso, un paréntesis, algo de lo que hemos de sacar consecuencias, una vacuna.

Desde la Clínica queremos ofrecerte apoyos en lo emocional con nuestras psicólogas, en el plano dietético con nuestra nutricionista, en la dimensión médica con una valoración sobre el estado inmunológico de tu cuerpo... y sobre todo ofrecerte una vacuna que ya tenemos en la imprenta, un libro redactado en tiempo real sobre las vicisitudes de esta pandemia que hemos pasado con la promesa de una vacuna. Te sorprenderá y no te defraudará cuánto hemos aprendido. Pronto a tu alcance.

lunes, 11 de mayo de 2020

Las secuelas de la epidemia

Acabado el circo en los hospitales (por supuesto, siempre con el debido respeto) comenzamos los médicos a evaluar nuestras heridas en España. Más de 40.000 sanitarios infectados, muchos por trabajar con elementos de protección deficientes. No se reconoce como enfermedad profesional. Los sanitarios volvemos a ser mano de obra barata de la que se prescinde cuando ya no hay miedo en la calle. Los héroes reivindicamos justicia, no aplausos, reconocimiento de nuestra tarea y condiciones de trabajo estables, que no hagan de nuestra profesión una constante renovación de docenas de contratos temporales.

Dejadme hoy que me aparte un poco de las cuestiones médicas y haga una entrada reivindicativa laboral. Durante lustros en este país hemos estado cual feriantes con el carromato ofreciendo nuestros servicios allí donde hacían falta. Contratos de trabajo temporales (por meses, por semanas y hasta por días), guardias mal pagadas (cuando se pagaban) o bien horas extras pagadas como normales, con diferencias superiores al 100% en las diferentes comunidades autónomas. Nuestro trabajo de guardias (atención continuada) no ha computado a efectos de tiempo trabajado. Si así fuese, algunos colegas podrían jubilarse con plenos derechos a los 56 años, porque han hecho más guardias que el palo de la bandera. No ha sido tenido en cuenta como se tiene en cuenta en otras profesiones que hacen guardias (bomberos, policía,...). Y nuestros despidos tampoco han dado lugar a indemnizaciones ni a ninguna compensación como sucede en cualquier otra profesión.

Muchos sanitarios se han ido a trabajar al extranjero. Una de las cosas que más sorprende el su curriculo cuando llegan a otro país es la cantidad de contratos de trabajo que encadenan, en diferentes centros hospitalarios. Esto causa recelo porque piensan: "Este parece buena persona pero ¿qué tendrá que dura tan poco tiempo en los sitios? ¿Cómo es que cambia tanto de trabajo". Les cuesta comprender que las cosas en España son así, han sido así. Hasta ahora.

Estas condiciones laborales abusivas siempre las hemos denunciado, siempre las hemos reivindicado, siempre nos han parecido injustas. No obstante, la pereza a litigar, el miedo a las represalias, las promesas de que "ya saldrán las plazas...." frente a las OPEs que nunca llega y si llegan se impugnan, ha propiciado el mantenimiento de esta situación laboral vejatoria. La insuficiente presión de los sindicatos para que las administraciones autonómicas fidelicen sus plantillas hace que en España el 70% de los trabajadores sanitarios estemos en una situación tan precaria que no sabemos si tendremos trabajo el mes que viene aunque en los últimos 20 años no nos haya ido faltando algún contrato que firmar en algún sitio.

Quizás la crisis del coronavirus ha propiciado que los médicos y demás personal sanitario nos plantemos para dar a conocer a la opinión pública nuestra situación. Muchos ignoran la precaria condición laboral de la mayoría de los trabajadores de los hospitales, de esos que les "han salvado la vida" y a quienes aplaudían desde los balcones. Los héroes no quieren ser héroes ni a título honorífico ni a título póstumo. Ni siquiera queremos una gratificación o paga extra por el esfuerzo, va en la profesión. Pero queremos ser profesionales con las mismas condiciones laborales que cualquier otro trabajador, recibir el trato laboral que ampara al resto de las profesiones. Tanto en el ámbito del ejercicio privado como en la sanidad pública se están moviendo interesantes iniciativas. Las retribuciones justas, la estabilidad laboral, el cómputo del trabajo realizado ya es un hecho porque por fin salta de la vía sindical a los tribunales. Porque Europa nos apoya en nuestra lucha contra la Administración.

sábado, 2 de mayo de 2020

De héroes a borregos. O acaso delincuentes.

No se ha hecho esperar. Tras el miedo que suscitaba la cifra de afectados y muertos por coronavirus, cada día mayor, conforme se ha disipado la amenaza -o permanece latente pero con visos de resolución- han comenzado a girar los sentimientos. Durante estos días de pandemia ha circulado por la red el siguiente mensaje

Dejaréis de ser héroes cuando la gente no tenga miedo.
Dejaréis de ser héroes cuando a los políticos les interese.
Ahora sois carne de cañón, por eso os llaman héroes”.
Senderos de gloria.
Stanley Kubrick (1957).

La frase se atribuía al Coronel Dax que interpreta magistralmente Kirk Douglas... pero no es cierto que en la película se diga esa frase, es uno de los muchos bulos que han circulado por la red estos días. Aunque lo cierto es que bien podría aplicarse a la situación que vivimos ahora los médicos. Cerrado IFEMA, personal sanitario de refuerzo despedido. Los héroes a la calle. En los hospitales nos han advertido que de vacaciones en verano nada y en otoño... ya se verá. Peligran la vacaciones y además tampoco serán remuneradas por no haber presupuesto. De gratificación y paga extra nada y gracias si no nos bajan el sueldo. Este es el pago de los agradecimientos por el esfuerzo de estos días.

Pero en una vuelta de rosca más, ahora se levantan voces que acusan a los médicos de no haber protestado debidamente y con contundencia ante las autoridades por la falta de medios adecuados para nuestra protección y atención debida a los pacientes. Según algunas personas airadas, el no habernos plantado ante el gobierno exigiendo esas medidas ha contribuido a que el desastre sea mayor. Esto es cierto en el número de sanitarios que, por no disponer de la protección adecuada, pasan de 40.000 afectados. Incluso, hay quien considera que el no haber realizado ese plante ha podido ir contra las más elementales normas de la deontología médica. Vamos que, queriendo mostrarnos sacrificados por la atención de los pacientes, hemos sido negligentes por no cesar nuestra actividad en esas condiciones deficientes. Sorprendente conclusión que a uno le deja perplejo. Habría que ver qué dice la deontología si te cruzas de brazos ante un paciente al que no asistes... porque no tienes mascarilla.

Por supuesto que ha habido protestas de médicos y sanitarios por las condiciones en las que hemos tenido (y tenemos) que trabajar. Otra cosa es que las hayan recogido los medios de comunicación en captura gubernamental. Incluso hay demandas presentadas. Que la mayoría social despierte ahora, deje de mirar la televisión o de saltar en los balcones es otra historia. Los médicos no teníamos tiempo para hacer más "ruido social" cuando ese tiempo se nos iba en intentar que no muriese tanta gente. Hemos pasado de ser héroes a ser villanos, de una semana a otra. No es la primera vez que eso pasa en la Historia. Quizás la vez más sonada fue cuando un domingo la multitud aclamaba un mesías para el que la semana siguiente pedían la muerte. Volverá a pasar porque la gente tiende a olvidar y se vuelve ingrata.

domingo, 19 de abril de 2020

Desescalada: ¿una vuelta a la normalidad?

Las autoridades han elegido el término "desescalada" para informar a la población española recluida en sus domicilios de una progresiva vuelta a la normalidad. Empieza mal porque el término en sí ni está aceptado por la Real Academia de la Lengua Española (RAE) ni lo aconseja. Se intuye que puede significar algo así como bajar la montaña o "ir hacia atrás sobre lo escalado previamente". En definitiva es preferible usar expresiones como disminuir las medidas de control o rebajar el nivel de alerta que la situación de la pandemia de coronavirus ha provocado.

Existen diferentes posturas para llevar a cabo esta vuelta a la normalidad, cuándo y cómo hacerlo, desde los que piensan que es pronto porque puede rebrotar el virus en la sociedad hasta los que creen que ya están tardando. Lo cierto es que la normalidad que encontremos al salir de casa va a ser una normalidad muy diferente a la que dejamos cuando comenzó el confinamiento.

Pero como dejo esta polémica para el libro que estoy escribiendo, sólo quiero aprovechar esta entrada para enfatizar el valor de la pruebas diagnósticas generalizadas, masivas, para toda la población, ya que a través de ellas se puede saber quién está o ha estado infectado y quién no tiene defensas o es susceptible de enfermar, porque el escenario es muy distinto con estos dos grupos de pacientes. Con un grupo podemos comenzar a levantar la economía del país y salir de su bloqueo (si no es demasiado tarde) y con el otro grupo hemos de tomar medidas especiales de prolongar el aislamiento o ser candidatos a la vacunación cuando esté disponible. Dentro de estas medidas diagnósticas que se proponen están las determinaciones en la sangre de los ciudadanos, de cada ciudadano, de los niveles de anticuerpos frente al virus. A día de hoy se estima que alrededor de 3 millones de españoles han estado en contacto con el virus, muchos lo han pasado sin síntomas o con pocos síntomas. Pero en todos ellos el paso del virus deja una inmunidad que puede ser detectada con un simple análisis de sangre por un método similar a ELISA pero más sensible (se llama CLIA porque emplea quimioluminiscencia).

Restrição para gays doarem sangue é preconceito ou precaução?

Las autoridades sanitarias recomiendan que se generalicen esas pruebas de cara a saber cómo está el nivel de inmunización de la población general cuando de nuevo nos visite el virus. Pero al mismo tiempo exige que esa determinación sea realizada bajo prescripción facultativa con el fin de llevar un registro lo más completo posible de estas determinaciones. Muchos médicos hemos aplaudido esta medida y estamos colaborando para que pronto podamos tener esos datos que nos ayuden a saber el grado de inmunidad que el virus ha dejado en la población española. Nosotros en la Clínica hemos comenzado a hacer determinaciones serológicas: contamos contigo.

lunes, 6 de abril de 2020

Desde lo alto, una puerta a la esperanza oscura.

Pesa mucho lo que estamos esperando que esta pandemia acabe para que empecemos a ver signos de remisión. Parece que ahora sí vamos por el buen camino y el confinamiento de la población va dejando sus frutos en cuanto al descenso de contagios: Se van despejando las hasta ahora atestadas salas de urgencias y vemos que la cifra de fallecidos a diario es menor. Pero también deja su peaje, su coste, porque el confinamiento ha parado el país y la factura será cara y prolongada. Hay expertos economistas que aseguran que la deuda financiera contraída no la pagaremos jamás. Incluso ha salido una Plataforma de protesta contra el confinamiento de la población alegando razones que también deben ser tenidas en cuenta. Todo ello, con el temor a un repunte, como ha sucedido en otros países.

Cuando una hoguera se deja de alimentar, acaba por extinguirse. Estar recluidos ha privado al virus de infectar a más gente. Se estima que los afectados en España han sido de 1 a 3 millones de habitantes. No sé si quedarán ganas de hacer estudios serológicos para saber a quienes dejó su huella, su tarjeta de visita. Ahora parece que miramos de reojo a otros países en los que la pandemia promete pegar fuerte, sobre todo en Estados Unidos, donde ya se acercan a 400.000 afectados y 11.000 muertos, en una dinámica que promete batir todos los registros. Y a la vez, con el temor de que se vuelva cual ciclón caprichoso, de nuevo a arrasar otros países por los que ya ha hecho sus estragos.

Los profesionales sanitarios hemos contemplado esta pesadilla con una mezcla de sensaciones: de angustia, de rabia, de desafío, de abandono, de impotencia,... Los aplausos del atardecer en ocasiones no han servido para apaciguar nuestro orgullo, el pesar de no haber sabido, de no haber podido hacer más. Pero queda la extenuación, el cansancio, un agotamiento que de una u otra manera te recuerda  que algo intentaste hacer. Y en medio de esas reflexiones, la mirada triste hacia quienes debían haberse puesto al frente y no lo hicieron, los antihéroes (ni siquiera me atrevo a llamarlos villanos) de esta película. Dirigentes que se han inhibido o que han mostrado nula capacidad de organizarnos frente al desastre, que han dejado que el fuego corriese sin control segando la vida de quienes no deberían haber marchado tan pronto. Nos queda, sí, un cierto resentimiento que hace clamar por la aristocracia. La aristocracia, entiéndase, en el sentido clásico de los griegos: la aristocracia es el gobierno de los mejores. Los mejores no han de ser los más listos y astutos para lucrarse en la adversidad sino para saber prevenirlas o luchar contra ellas.

Ya no atrae elucubrar con morbosas cifras (en este frío punto ¿qué más da mil muertos más o menos?) sino darnos cuenta de qué manera el miedo se ha instaurado en nuestra sociedad a raíz de este experimento para que mucha gente esté dispuesta a renunciar a su libertar y exija que igualmente otros renuncien en aras de un pretendida mayor seguridad. Geolocalización. Nos aterra la incertidumbre y la libertad individual es un peso tan grande que preferimos que sea papá Estado quien nos tutele y dirija de principio a fin. Aplaudiremos nuestras cadenas y el reo será quien se niegue a llevarlas. Se nos hace muy duro descubrir que vivir es arriesgado. Vivir con miedo es un mal vivir.

Autoritas versus potestas

Probablemente esta entrada de blog dure poco. Porque intentas explicar cómo utilizan los políticos y la industria farmacéutica el miedo par...