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viernes, 8 de febrero de 2019

Sensibilidad intestinal, ¿algo nuevo o más de lo mismo?

En todas las disciplinas y, por supuesto también en la medicina, existen cosas muy claras, otras muy turbias y otras en tierra de penumbra. Acostumbramos a no debatir demasiado sobre lo evidente porque es perder el tiempo, aunque de vez en cuando merece un repaso por ver si se pueden hacer las cosas mejor. Tendemos a rehuir de lo que está turbio porque al no existir una doctrina clara de lo que puede ser, tampoco sabemos muy bien cómo actuar y es molesto caminar por terreno pantanoso. Pero a veces no queda más remedio, si no le puedes endosar arteramente el caso clínico a otro colega más avezado.

Y sobre lo que queda entreverado,... todo un mundo. Es esos cuadros clínicos en los que impera la incertidumbre, donde ninguna teoría fisiopatológica encaja para explicar el problema, los médicos y también los no médicos proponen diferentes teorías con tintes de mayor o menor verosimilitud. Para ese tipo de dolencias intestinales que no teníamos hallazgos ni morfológicos ni analíticos nos inventamos hace años lo que se llamaba el colon espástico y que luego tomó más cuerpo como intestino irritable. Sobre el intestino irritable hemos hablado en muchos congresos y ha dado lugar incluso al establecimiento de criterios diagnósticos, por supuesto siempre basados en sintomatología clínica del paciente: desde el se me hincha la tripa y tengo gases, hasta que tengo diarrea y a veces estreñimiento, o que me hacen ruido las tripas, o que mis heces están deshechas, en puré o en bolas. Eructos, dolores erráticos, pinchazos, ardores, retortijones, urgencia por hacer deposición, dolor anal en pinchazos, tenesmo,... A los pacientes se les empieza a sugerir si pueden ser alergias a alimentos, a proponer que hagan diferentes dietas de exclusión, que se quiten el pan y cereales, la leche, el huevo, los frutos secos,... o que coman alimentos de moda, fibra, vegetales exóticos, que refuercen sus dietas con ácidos grasos omega 3, con semillas, con infusiones variadas,... Proliferan las pruebas de intolerancia a alimentos de esas que en varias hojas te ofrecen una relación extensa de alimentos en rojo, amarillo y verde, con la curiosa observación de que a veces te prohíben algunos que nunca en tu vida has probado ni sabías que existían (y a los que la prueba te dice que eres altamente alérgico). Se suceden los intentos por eliminar lo que puede ser la causa del malestar abdominal, con dietas restrictivas como la FODMAPS y no se da con la causa ni tampoco alivian significativamente las molestias.

En este vacío de conocimiento se abren luces esperanzadoras que ofrecen nuevas perspectivas. Superando, aunque a veces aglutinando, diferentes concepciones más rupestres como la histaminosis o la candidiasis intestinal crónica, se comienza a fijar la vista en el papel de la microbiota intestinal. Se habla del síndrome de intestino agujereado o perforado, achacando las alteraciones del proceso digestivo a una pérdida de la capacidad selectiva del intestino para absorber los nutrientes. Se diría que "todo se cuela" de una manera desordenada en el torrente circulatorio y altera al sistema inmunológico.

Recientemente se ha vuelto a poner en titulares el papel de dos cepas de bacterias Dialister y Coprococcus que parecen relacionadas con la depresión. Según parece están muy reducidas en los pacientes con depresión. Habrá que investigar si es causa o consecuencia. Parece que las bacterias que modifican la presencia de butirato en el intestino pueden afectar a su función, algo que ya se había puesto bajo sospecha en la patogenia de la enfermedad de Crohn. La relación de las bacterias con el estado mental ya ha sido puesto de manifiesto en numerosos estudios que vinculan el llamado neurointestino. Seguramente iremos conociendo progresivamente cómo ese equilibrio intestinal de billones de bacterias intestinales está contribuyendo a nuestro estado de salud. No sólo afectan al funcionamiento de las tripas sino también a la sensibilidad, de manera que tener un "desequilibrio" en las bacterias puede hacer que haya mayor sensibilidad en el intestino, que la percepción de los fenómenos fisiológicos sea considerada como patológica en el cerebro.

Nos espera una revolución importante en el terreno de la interacción de nuestro cuerpo con las bacterias que lo pueblan. Mientras se desarrollan y obtienen ideas claras al respecto, proliferarán las terapias o pseudoterapias que, partiendo de una pretendida visión holística, se propondrán como la panacea para todos nuestros males. Pero cuidado, somos más que intestino, somos más que bacterias, somos más complejos y en la mierda hay muchas respuestas a nuestras preguntas.


sábado, 26 de enero de 2019

No, no somos iguales

Por si alguno todavía se lo creía, definitivamente no, no somos iguales. ¿O sí?. No somos iguales en prácticamente nada en lo que podamos comparar a dos seres humanos. Basta con mirar alrededor: somos todos bien diferentes. Nuestra estatura es diferente, nuestro peso, nuestros gustos, nuestros conocimientos, nuestras aficiones e intereses, nuestras creencias,... nuestras ambiciones, nuestro poder adquisitivo... Ni siquiera somos iguales ante la ley, por más que los políticos nos intenten convencer de que sí, que la justicia es igual para todos. Eso bien lo saben los propios jueces que imparten justicia: no hay igualdad ante la ley. Como tampoco la hay en el acceso a la educación o a la sanidad. La igualdad en las prestaciones sociales es un desiderátum, una palabra vacía de contenido que se esgrime en boca de los políticos que intentan mover las conciencias de los votantes. Hay una necedad mayor que la de predicar la igualdad y es creérsela.

Una de las mayores necedades que copan ahora la prensa española es intentar dar pábulo a eso que desean llamar igualdad de género. Se han inventado una guerra de sexos tan absurda como cargante, como muestra del ocio de los políticos que no saben aplicar sus neuronas a tareas que de verdad son necesarias acometer. Un representante político de la nación no debe (poder ya se ve que puede) perder el tiempo generando polémica donde no la hay. Bastantes problemas reales existen como para inventarse molinos de viento como gigantes a los que acometer. Pero es una señal que sirve a los ciudadanos avezados para saber dónde están los que deben ser elegidos como representantes y desechar a aquellos que viven de inventarse problemas para justificar su puesto.

He tenido la suerte de moverme profesionalmente como médico por muchas regiones de España. Este país tiene diecisiete modelos sanitarios diferentes porque así se ha establecido desde que comenzó este milenio aunque algunas Comunidades Autónomas tienen transferidas las competencias en materia de sanidad desde mucho antes. Se decía que al tener cada comunidad sus competencias podrían tener mejor conocimiento de sus necesidades y gestionar mejor sus recursos. Sin entrar a considerar si esto se ha logrado o no, aunque mi opinión personal es que se está despilfarrando mucho más, lo cierto y lo que nadie duda (otra cosa es que se atreva a decirlo) es que los diferentes modelos autonómicos han propiciado diferentes prestaciones asistenciales a los ciudadanos de la nación, dependiendo de la Comunidad Autónoma en la que residan. Eso lo sabe todo el mundo: la supervivencia de un paciente no depende de su código genético sino de su código postal.

La veleidad de los políticos ha llevado a organizar los sistemas sanitarios de cada región de España según criterios que difieren enormemente unos de otros. Esto da lugar, inexorablemente a desigualdades en el acceso de los ciudadanos a las prestaciones sanitarias dependiendo de la región en que habiten. De esto doy fe como médico y también como padre que ha paseado su familia por diferentes comunidades y que ha comprobado que, fuese donde fuese, llevaba a los hijos mal vacunados porque se habían vacunado conforme al calendario vacunal ("vacunal" no está en el diccionario de la RAE pero se acepta como término médico) de la comunidad de donde veníamos. Pero daba igual, tras ponerlos en orden, al cambiar de comunidad, volvían a estar mal vacunados... porque no hay ni siquiera un calendario vacunal homogéneo para todo el territorio nacional.

Creo que todas esas personas que dedican su vida a "luchar contra la desigualdad", tienen que cambiar de bandera. Es como tratar de frenar el viento. No se trata de luchar contra lo inevitable sino quizás de reconducirlo en pro de un servicio que beneficie a la mayoría, de orientar las velas para que el viento arrastre la embarcación hacia un destino favorable. La desigualdad es inherente a la vida misma. De hecho nadie quiere ser igual a nadie: todo el mundo busca singularizarse, se diferente a los demás. Incluso los pacientes te advierten que a ellos los medicamentos no les caen como a los demás, que les singularices la pauta. La desigualdad es necesaria y fuente de incorporación en lo propio de conductas o modos de ver la vida diferentes. La diversidad es la fuente de la vida. Eso de ser todos iguales, ni es posible ni es deseable. Y seguir alentando ese discurso es dar alas a un mensaje muerto: los voceros de la igualdad se irán quedando solos, sin los aplausos de los asistentes a los mítines, al comprender lo vacío y absurdo de tal lenguaje (si es que llegan a darse cuenta).

Bajo la arenga de la pretendida igualdad se han cometido y se cometen muchas tropelías. Probablemente quienes más apología hacen de ella son quienes más ignoran dónde reside realmente la igualdad de los seres humanos. Pero sacar provecho político aun a costa de vender humo, es lo que caracteriza a una sociedad sin capacidad crítica.

El despilfarro que en materia de sanidad se ha llevado a cabo en España ha estado en gran medida favorecido por las transferencias de sanidad a las Comunidades Autónomas. Como médico lo sé. Como usuario también. Y que ha sido y sigue siendo fuente de desigualdades, que ya más que desigualdades son injusticias, también es patente, lo sabe cualquier ciudadano que se ha movido por España. Fijaos que por un lado digo que la desigualdad es inherente a la vida y por otro lado parece que estoy en contra de ella al pedir igual sanidad. No es así exactamente: no pido igual sanidad porque eso es imposible sino que pido igual oportunidad y acceso a los servicios sanitarios de cualquier ciudadano del país. Desde hace años vengo reivindicando, insisto que como médico, la devolución de las transferencias en materia de Sanidad al Estado porque con la salud no se juega. Ninguna opción política contemplaba esta posibilidad porque de un modo u otro todos sus aparatos políticos reciben pingües beneficios del reparto de estas transferencias. ¡A ver quién le quita el caramelo al niño! No ha habido voluntad política de devolver al Estado el mando sobre la sanidad para que todos los habitantes del país tengan acceso a cualquier servicio en cualquier parte de España (no hablo de igualdad, que eso no existe ni centralizando las competencias). No ha habido ningún político que hablase de esta posibilidad. Hasta ahora. Ahora sí que alguien lo propone. Quizás la sanidad en España vuelva a ser un derecho con igual contenido para todos.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Un repaso a fin de año

Se acaba 2018 y todo se vuelven propósitos de año nuevo. No es vida nueva, es la misma pero un poco más viejos. O más maduros. Voy a daros mis reflexiones a vuelapluma de este año que termina mientras me encuentro inmerso en ir escribiendo mi testamento. Bueno, una especie de testamento. Algo en busca de la felicidad.

Como va aumentando la esperanza de vida, al menos en España, al modo que aumenta en términos generales los habitantes que poblamos este planeta, los retos sanitarios a los que nos enfrentamos son diferentes. Por un lado es evidente que aumentan las enfermedades derivadas del cáncer, de la polución, de las comidas refinadas... Pero a pesar de aumentar estos riesgos, resulta que en España hemos pasado de una esperanza de vida de 74 años en 1977 a 83 años en 2017. En cuatro décadas hemos conseguido vivir nueve años más de media. Y eso con contaminación y comiendo basura. Y con más cáncer. Quizás es que los medios sanitarios (y por supuesto también las condiciones higiénicas) han ido mejorando. La sanidad es una gran industria, el negocio de vender salud que te quitan por otro lado. Los fondos buitres apuestan por las residencias de ancianos y los servicios de asistencia doméstica porque la deriva demográfica apunta a que envejecemos durante más tiempo. Hay mucho dinero por medio. Piense que quizás sea esta una razón importante por la que no hay demasiado interés político en promover leyes de suicidio asistido o eutanasia, cuestión de vida o muerte. Aprovechando los datos que me proporciona Gonzalo, vemos que el gasto en sanidad en 1977 apenas era de 204 dólares per cápita al año y en 2017 ese gasto fue de 2300 dólares. Está claro que si a eso se añade un incremento de población de 36 a 46 millones (cinco proceden de la inmigración) en este periodo, hay mucho dinero de gasto social dedicado a mantener la salud de los ciudadanos. Y esto son las cifras estatales, porque más de la mitad del gasto sanitario se produce en la medicina privada y por compañías de seguros, y aparte los gastos de los servicios sociales.

En fin, que esto de la medicina parece un buen negocio. Para el que lo gestiona, claro. Los prestadores de servicios, el personal sanitario, no opina lo mismo: sus remuneraciones no son mejores que las de hace unos años. Han perdido poder adquisitivo y, para mantenerlo, han tenido que prolongar jornadas, hacer horas extras, o empalmar una guardia tras otra haciendo jornadas maratonianas que muchas veces han dado al traste con la conciliación familiar y, aun peor, han propiciado descuidos que han dado lugar a actuaciones médicas o asistenciales negligentes. Resulta duro dedicarse a esta profesión en los tiempos actuales en los que parece que se puede especular en cualquier profesión pero no en temas de salud donde la ética debe ser rigurosa.

Vendedores de salud los llamo. Son todos aquellos proveedores de servicios que a la par dejan caer que existen enfermedades. Son como los que venden alarmas para la casa: te recuerdan por activa y por pasiva que hay muchos robos en domicilios y claro, cómo vas a vivir tú sin poner alarma, cuando todo el vecindario tiene una instalada. A lo largo de 2018 he tenido la percepción (subjetiva, por supuesto), de que ha crecido en número de hipocondríacos, o al menos he visto que se han allegado más a este blog y a mi consulta. Se hace tanto hincapié en que el cáncer está en auge que hay que apuntarse a cualquier programa de prevención. También yo lo promuevo, pero en áreas en las que hay constancia de beneficio para el paciente, como en los cribados de cáncer de colon. El tiempo dirá si estamos haciendo que disminuya la incidencia.

Tenemos miedo de enfermar de tener algo grave, o de que les pase eso a nuestros seres queridos. Como ya no se tiene fe en la providencia divina, hay que buscar atar la vida al terruño, y cualquier legaña que turbie nuestra vista va a requerir el examen de una docena de oftalmólogos. Nos estamos llenando de temores con poco fundamento que van mermando nuestra calidad de vida. Preocupaciones laborales, si conservaré el empleo, si llegaré a fin de mes, si podré con ese crédito o me embargarán, si mi ex me llevará a juicio o si mi hijo aprobará al fin esas dichosas oposiciones. Nos afectan a la vida, a la forma de comer, al desarrollo de cuadros de ansiedad. Esas preocupaciones nos dan diarrea o no nos dejan ni hacer de vientre (¿será un cáncer esto mío?). Y también nos deterioran el descanso, el sueño, y de ahí arrancan muchos males. Porque la cabeza rige muchas funciones inconscientes desde el subconsciente.

Una persona que no descansa bien habitualmente, que no tiene un sueño profundo y reparador, altera muchas de sus funciones biológicas. No pasa nada por no dormir bien una noche o dos,... pero empalmar temporadas de insomnio no reporta nada bueno al organismo. Se alteran los ritmos circadianos y, con ellos, numerosas funciones biológicas. La falta de sueño produce depleción de neurotransmisores. En mi especialidad, parece que no sólo altera el movimiento de las tripas sino que además altera su sensibilidad de manera que el paciente empieza a percibir señales molestas, dolorosas, de disconfort que muchas veces refiere como flatulencia ante estímulos que en condiciones normales no deberían ser percibidos. Se genera una especie de alerta especial del intestino de manera que cualquier cosa que come le sienta mal... derivando la sospecha erróneamente hacia el estudio de alergias o intolerancias alimentarias que están a la orden del día.

Nuestra sociedad está evolucionando hacia la creación de unas necesidades porque ya tiene prevista la solución que va a vendernos. Todos los vendedores de salud se postulan como la mejor compañía de seguros de vida o de salud. Tienen la tirita para poner en nuestra herida. Primero nos causan la enfermedad generando un estrés nocivo y después ofrecen toda suerte de recursos preventivos o terapéuticos para tus miedos. Por supuesto, hipnóticos y ansiolíticos.

Sin caer en la nostalgia de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor -porque no es verdad-, podríamos aprovechar esta transición de año para pensar qué tipo de descanso le queremos dar al cuerpo en 2019 para evitar ir demasiado a los médicos. Yo, encantado de atenderos en mi consulta pero los que habéis venido sabéis que siempre os digo que la salud está lejos de los médicos. Feliz salida de año y mejor entrada en el nuevo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Tengo Helicobacter. Y yo también ¿y qué? Nueve puntos a tener en cuenta

Es el colmo de la desidia. Basta ya de explotar un filón que no procede. ¡Qué confuso puede ser todo a través de internet! Algunos ejemplos:

"Se me hincha la tripa y tengo Helicobacter".
"Hago mal las digestiones y me da positiva la prueba de aliento para Helicobacter".
"He erradicado Helicobacter y sigo con ardores de estómago"
"¿Por qué tengo nauseas si ya traté el Helicobacter?"
"Tengo insomnio y estreñimiento y han visto que tengo Helicobacter"
"¿Por qué estoy adelgazando si eliminé la bacteria (y mi trabajo me costó)?"
"Si respiro hondo me duelen las costillas ¿será por el Helicobacter?"
"Tengo cólicos y me han dado tratamiento para la bacteria ¿es correcto?"

Y estas son algunas de las más aprovechables de las consultas porque otros quieren vincular la presencia de la bacteria hasta con los juanetes o el mal de ojo. Que no, que salirse por la tangente suele ser peligroso.

A pesar de que ya escribimos sobre el famoso bichito del estómago, no parece que haya quedado claro y el abuso de su importancia y de su tratamiento cuando no procede hace imprescindible aclarar algunos aspectos:

1.- Helicobacter está por todas partes: si no se lo contagia su pareja será cualquier otra persona, por lo que carece de sentido el tratamiento indiscriminado de la familia o de las parejas. En España el 50% de la población convive con el Helicobacter en su estómago, en otros países puede llegar al 90%.
2.- Helicobacter pylori es el agente causal de la mayor parte de las úlceras duodenales y gástricas, causa una importante proporción de las gastritis y es un agente vinculado al desarrollo de cáncer gástrico y del linfoma MALT. Pero el hecho de  tenerlo no implica que se vaya a padecer estos cánceres.
3.- La asociación de Helicobacter con otras entidades fuera de las reseñadas en el punto anterior es más o menos controvertida: la mayor parte de los problemas del aparato digestivo no guardan relación alguna con el Helicobacter.
4.- Tener la bacteria no significa tener que erradicar la bacteria: es un error muy común creer que si está la bacteria en el estómago esa es la causa de mis males o, aunque no lo sea, presagia que algo malo ha de pasar.
5.- La interacción de la bacteria con el estómago del individuo puede ser más o menos (o nada) patógena. Una prueba de aliento sólo nos dice si la bacteria está o no está en el estómago pero no nos informa de si está haciendo daño o no está haciendo daño en el estómago. Esto sólo se sabe con la realización de una gastroscopia y la eventual toma de biopsias.
6.- Hay individuos con Helicobacter que no tienen molestias. Hay individuos sin Helicobacter que no tienen molestias. Hay individuos con Helicobacter que les hace daño. Hay individuos con Helicobacter a los que el germen no les hace daño. Atención al punto 7.
7.- Es distinto daño y molestia: las molestias es lo que un paciente siente, totalmente subjetivo y que puede ser causado por Helicobacter o no. El daño es la lesión que sufre el estómago a consecuencia de una agente que lo ataca: Helicobacter puede causar daño a la mucosa o no causarlo. Y el daño puede provocar molestias... o no.
8.- Se tiende a asociar las molestias a la presencia de Helicobacter pylori por lo que, sin verificar si causa daño o no, se propone la erradicación empírica del germen, lo cual puede seguirse de mejoría o no. Incluso algunos pacientes con pocos síntomas quedan con molestias mucho mayores tras la erradicación por los efectos secundarios del tratamiento y la disbiosis que genera en el intestino.
9.- La experiencia clínica muestra que en general puede ser más peligrosa la presencia de Helicobacter en el estómago CUANDO CAUSA DAÑO PERO NO MOLESTIA:  el germen está provocando una reacción inflamatoria crónica en el estómago sin que el paciente lo note (no tiene molestias) lo cual deviene en el desarrollo de un cáncer gástrico. Los pacientes con cáncer gástrico normalmente hacen alarde de tener un "estómago a prueba de bomba" mientras que casi nunca lo encontramos en aquellas personas que desde siempre se han quejado del estómago.

Por tanto, la verdadera indicación de tratamiento erradicador es cuando la bacteria está presente y está causando daño (o puede causarlo por los antecedente familiares), haya o no haya molestias. No está indicado tratarlo, obviamente, si no hay Helicobacter, o si lo hay pero no está causando ni molestias ni daño. Y es controvertido erradicarlo cuando no hay daño y sin embargo el paciente refiere algunas molestias: puede hacerse intento de erradicación si las molestias se consideran que puede ser debida a la presencia de la bacteria. Pero es en esta indicación donde se alarga más la cuerda... hasta el infinito. Te tratan el Helicobacter a ver si de esa forma se te curan las ojeras o la faringitis, la miopía o un angioma hepático. Y no son exageraciones: estos datos están sacados de las preguntas que me hacen los pacientes en Doctoralia.

No hay que perder de vista que el intento de erradicar la bacteria (que en ocasiones requieren varios intentos) no está exentos de efectos secundarios. Muchos pacientes se arrepienten de haberlo hecho cuando ven en qué situación quedan y cuando igual... no existía necesidad de erradicación.

Y esto es especialmente importante tenerlo en cuenta en los niños: es probable que el primer contagio se produzca en la infancia: no sabemos bien el significado que esto tiene pero me atrevo a postular que es una interacción necesaria para que el sistema inmunológico se eduque correctamente. Fruto de esa interacción muchos niños generan defensas y, o bien erradican el germen (adultos sin Helicobacter) o bien aprende a tolerarlo (adultos que conviven con el germen y no les provoca daño ni molestia) o bien generan una relación tóxica que en el futuro hará recomendable erradicar el germen para prevenir males mayores o tratar las molestias que irá manifestando. Pero erradicar por erradicar y sobre todo en niños... creo que es una equivocación que nos ha de pasar factura.


Y esta entrada se la dedico a María, una persona que en Menorca le dió positiva una prueba de aliento para Helicobacter pylori, para ayudar a aclarar conceptos, si se puede...

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El sueño y las tripas

Empieza ya a ser cansino oír eso de que el estómago es nuestro segundo cerebro. Quien lo dijo por primera vez seguramente aludía a la cantidad de neuronas que insospechadamente gobiernan y rigen los movimientos de tracto gastrointestinal. Los plexos nerviosos, tanto el submucoso de Meissner como el mientérico de Auerbach, son dos tupidas redes neuronales que envuelven nuestro intestino y modifican y regulan sus movimientos y funciones. La tubería que es el aparato digestivo desde la boca hasta el ano está regulada tanto en sus capacidades de secreción y de absorción como en su actividad motora y sensitiva por estas fibras nerviosas que mandan y reciben conexiones en el cerebro.

De la mayoría de las funciones intestinales que se llevan a cabo no somos conscientes ni tenemos capacidad voluntaria para regularlas: son autónomas. En ocasiones percibimos sensaciones más o menos desagradables que se originan en nuestras tripas: ruidos o movimientos extraños, contracciones o dolores. Puede haber periodos de la vida en que la información que nos llega de lo que pasa en la fábrica de transformación de alimentos es mayor de lo normal. La mayoría de las personas que no se quejan de molestias digestivas es precisamente porque no le llegan noticias a su consciencia de que algo esté funcionando mal. Las preocupaciones de su día giran en torno a otros temas o cuestiones: las tripas funcionan pero no dan guerra, ni siquiera avisan de que están ahí. Bueno, si acaso protestan algo cuando llevan muchas horas sin comer.

En las consultas de aparato digestivo cada vez vemos más pacientes en los que su queja es que las tripas les dan molestias: se hinchan, hacen ruido, duelen, tienen retortijones, se contraen de manera brusca y punzante, generan gases,... Con frecuencia se les ha realizado numerosos estudios y... no tienen nada. Todas las pruebas practicadas son normales. Ante estos casos los médicos andamos más o menos desconcertados y en el silencio proliferan las hipótesis alternativas, unas con más cuerpo científico y otras más esotéricas. Se señala a los alimentos como culpables (alergias, intolerancias, deterioro de la calidad de los productos, envenenamientos, metales pesados, la mano negra,...), se alude al papel de la microbiota intestinal alterada o distorsionada, se postulan cuadros de candidiasis intestinal crónica, de histaminosis, de sensibilidad química múltiple,... Algunas veces se hipertrofia la responsabilidad de un culpable y se señala al Helicobacter pylori como la causa de todos los males. Otras veces se acuñan nuevas sospechas como el llamado síndrome de permeabilidad intestinal (mal llamado síndrome de permeabilidad intestinal si se deja así, sin más porque el intestino de suyo tiene que ser permeable para ser funcional), una entidad que postula que el intestino pierde su capacidad de ser selectivo para la absorción de los nutrientes y se "cuelan" en el organismo sustancias o elementos por vías anormales, por puertas no controladas, que dan lugar a diferentes cuadros que actualmente no nos explicamos. Que el intestino pierda su selectividad para absorber los nutrientes, realmente puede ser una fuente de muchos problemas y tener gran repercusión sobre la salud. Cuando un filtro está, está por algo, porque no todo puede pasar de manera indiscriminada. Y si pasa sin control ni regulación, el sistema inmunológico va a tener una dura tarea por delante para frenar la penetración y el daño de lo que se ha colado por donde no debía. Es lo que tienen las fronteras, ponen límites.

Pero en el estudio de los cuadros digestivos "inexplicados" cada vez cobra más importancia el papel del sueño en la regulación de las tripas. Parece que el sueño reparador es necesario para que se produzcan neurotransmisores que intervienen en la correcta dinámica del intestino y en su sensibilidad. De manera que probablemente no pasa nada por no dormir bien una noche ni dos, pero si hay déficit de sueño, si las noches de insomnio se repiten o si se produce un reiterado sueño superficial y poco reparador, no se producen los neurotransmisores necesarios para una adecuada función intestinal y las tripas "se quejan" frente al menor estímulo. Digamos que se vuelven más sensibles y quejicas. De momento no hemos conseguido ninguna prueba que detecte este fenómeno y es, por tanto, una mera hipótesis. Pero lo cierto es que las estrategias para disminuir la sensibilidad intestinal en el llamado síndrome de intestino irritable o incluso mejorar estas dolencias tratando de conseguir un sueño más reparador están dando importantes resultados. En definitiva, son muchos los pacientes que refieren una clara mejoría de estos trastornos intestinales a lo que nadie encuentra explicación cuando consiguen dormir más y descansar mejor.

La esfera emocional sin duda repercute sobre el funcionamiento de las tripas. Y quien no lo reconozca, miente. Otra cosa es que se peque de simplista cuando se intenta echar la culpa de todos los males intestinales a "los nervios". Pueden ser nervios o pueden ser más cosas. Para las "más cosas" es para lo que hacemos tantos y tantos estudios que con frecuencia se quedan en agua de borrajas. No obstante, hay que reconocer que muchos pacientes se niegan a creer que todos sus males provengan de un vulgar "cogerse los nervios al estómago", aspiran a un diagnóstico de mayor entidad, con más enjundia. A ver, "¡cómo va a ser solo cosa de nervios! A mi me pasa algo gordo y no dan con ello".  En algunas ocasiones efectivamente puede haber algo más que no hemos dado con ello. Pero es "en algunas ocasiones": la mayoría de las veces hay lo que hay y no hay más. Piense honestamente cómo de regular y organizada es su vida y saque sus conclusiones: viviendo como vive (prisas, sueño, nervios, comidas, ansiedad, estrés,..) ¿cree que sus tripas pueden no quejarse?

jueves, 18 de octubre de 2018

Omeprazol no es para los excesos

Las medicinas están al servicio de la salud. Pero hay mucha gente que piensa que las medicinas pueden ser un remedio para los excesos. Por ejemplo, uno se relaja con la dieta cuando tiene exceso de colesterol porque toma medicinas que lo controlan. Es verdad que muchos pacientes con hipercolesterolemia no mejoran de su problema por mucha dieta que hagan si no añaden estatinas u otros fármacos hipolipemiantes. De igual manera, muchos hipertensos no logran controlar la tensión sólo con ejercicio, bajando la dieta o quitándose la sal. Necesitan recurrir a los medicamentos. Y los pacientes con ERGE (he colgado ahí un nuevo vídeo... al final) son muy subsidiarios de tomar omeprazoles y demás IBP de por vida, lo cual motiva no pocas visitas de pacientes alarmados por las noticias de que el omeprazol es muy peligroso. ¿Lo es realmente?

Pero todavía es más peligroso que la gente crea que los medicamentos están para proteger frente a los excesos. Por eso, y dedicado especialmente a los jóvenes que frecuentan los botellones, os envío este vídeo al que ruego la máxima difusión para hijos, sobrinos, nietos,... porque hay mucho en juego.



Debemos contribuir a la salud promoviendo medidas saludables, no se trata de hacer trampas, porque si nos pasamos abusando del cuerpo, nos va a pasar factura tarde o temprano.

viernes, 5 de octubre de 2018

Un reflujo muy especial

En medicina se entiende por reflujo cuando un fluido corporal se mueve en dirección contraria a la que de ordinario suele llevar. Refluir es volver un fluido hacia atrás. En aparato digestivo, el reflujo por antonomasia, cuando no se especifica otra cosa, es el reflujo gastroesofágico, el paso del contenido gástrico hacia el esófago. Este paso a través del cardias condiciona unas molestias derivadas de la quemadura que sufre el esófago por el ácido gástrico, provocando una esofagitis por reflujo y, en conjunto, lo que llamamos enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Pero existe otro reflujo menos frecuente pero en general muy dañino y limitante para el que lo padece que es el reflujo biliar: la presencia de bilis en el estómago es una condición que irrita la mucosa gástrica provocando una gastritis alcalina como os cuento en este vídeo


Incluso hay pacientes a los que la bilis ¡¡les sube también por el esófago!! Esta circunstancia es en ocasiones compleja de resolver. Primero porque no se sospecha (de hecho algunos médicos no creen en ella ni saben que existe) y segundo porque los tratamientos de los que disponemos no siempre son del todo eficaces ni tiene demasiada utilidad el remedio más frecuentemente usado para las gastritis, el omeprazol. Y en el peor de los casos, a veces se indican cirugías que ponen la situación mucho más compleja...

La medicina exige siempre escuchar al paciente porque en su relato está escondido lo que le pasa. Y se aprende más escuchando a los pacientes que con lo que viene en los libros de medicina. Y un recuerdo especial para los que nos leen y visitan desde Puebla, México.