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lunes, 19 de junio de 2017

Tengo gastritis. O eso me han dicho... ¿Qué es eso?

Si miramos las búsquedas más frecuentes en Google por temas de salud, la gastritis está a la cabeza... y en la cabeza de muchos lectores. ¿Nunca le han dicho que tiene gastritis? Pues será usted de los pocos, pero no se preocupe, se lo dirán. Tomando pie de una preguntas que un lector me hizo en la entrada del intestino irritable, quiero intentar aclarar algunos conceptos que estoy seguro que sorprenderán a muchos.

Voy a empezar diciendo lo que es gastritis: gastritis es inflamación del estómago. Así de sencillo pero necesita su aclaración. Gastritis no es "que el estómago se me hincha", o "que siento molestias en la boca del estómago", o "que me molesta la tripa cuando como". De esta confusión participamos los médicos también pues no pocas veces, cuando estoy historiando a un paciente y le pregunto por sus antecedentes me dice que de joven le diagnosticaron gastritis. Entonces le digo: "¡Ah! ¿que ya le han hecho a usted antes una gastroscopia?" Y con frecuencia lo niegan y dicen algo así como: "No, qué va, es que fui a un médico porque me dolía el estómago y me dijo que tenía gastritis".

Primera aclaración necesaria: el diagnóstico de gastritis, el diagnóstico certero es anatomopatológico. Para decir con precisión que una persona tiene gastritis hay que hacer una endoscopia digestiva alta (gastroscopia) que normalmente contempla la mucosa del estómago con signos de inflamación, pero además con esto solo no basta: en esa exploración el endoscopista debe tomar muestras del estómago (biopsias) que remite al patólogo y es quien al mirar esos fragmentos al microscopio descubre que ciertamente entre las células de las glándulas gástricas existe una mayor presencia de células inflamatorias, leucocitos principalmente, que confirman que efectivamente hay inflamación en ese estómago. Lo que he contado en este párrafo resulta vital para entender lo demás y merece remarcar los siguientes términos:

- biopsia: fragmento de tejido corporal que se extrae del paciente para ayudar a conocer qué le pasa al paciente.
- patólogo (abreviatura de anatomopatólogo): médico que usted no ve ni trata pero es quien recibe el fragmento de tejido para examinarlo al microscopio. Es un médico que trata con otros médicos y que ayuda a esclarecer los diagnósticos.
- inflamación: presencia en un tejido de un mayor número de leucocitos (glóbulos blancos). Y unas características importantes al respecto de este infiltrado inflamatorio: si el predominio de estos glóbulos blancos es de los llamados "neutrófilos polimorfonucleares" se suele vincular a inflamación aguda o activa. Si los leucocitos son de los llamados linfocitos o células plasmáticas. se considera que que la inflamación es de predominio crónico. Pero también puede haber un tipo curioso de leucocitos que los patólogos suelen buscar y encontrar en mayor número de lo normal (casi siempre a sugerencia o petición del médico que envía la muestra) que son los eosinófilos, y cuando están presentes confieren al diagnóstico de la muestra el adjetivo de "eosinofílica" (gastritis eosinofílica, esofagitis eosinofílica, colitis eosinofílica,...). Por tanto el carácter agudo o crónico de una gastritis (que a menudo coexisten) se establece en función del tipo de infiltrado inflamatorio que observa el patólogo. Agudo y crónico hacen referencia directa a la duración en el tiempo de ese proceso: un proceso agudo es de corta evolución y uno crónico se estima que lleva en curso un tiempo que no baja de 3 a 6 meses.

Por tanto, hablando con precisión, inflamación no es igual que hinchazón o distensión abdominal. Y esta equivocación surge igual de parte del paciente cuando le cuenta las molestias a su médico como también por parte de algunos médicos que concluyen que el paciente que se hincha cuando come tiene gastritis, por más que la distensión abdominal pueda ser un síntoma de gastritis pero nunca sirve para asegurar tal diagnóstico. Así, cuando algún paciente me cuenta ese diagnóstico sin endoscopia ni biopsia previa, le aclaro que mi colega, a lo sumo, lo que quiso decir es que los síntomas que le refería eran sugestivos de gastritis pero no hubo certeza del tal diagnóstico. Se trataba de un diagnóstico de presunción.

Si un paciente acude a mi consulta con mano en la barriga refiriendo mucho dolor porque se ha tomado varios antiinflamatorios ese día, puedo sospechar en buena lógica que tiene una gastritis provocada por la toma de AINEs que son gastroerosivos, pero no tengo la certeza de tal: igual es una pancreatitis o un cólico biliar, o un ulcus duodenal.

¿Qué puede provocar una gastritis? La inflamación del estómago puede ser causada por varios motivos. Recientemente parece que se vincula siempre a la presencia de Helicobacter pylori una bacteria que ciertamente es el causante de gastritis crónica, de úlcera gástrica, de úlcera duodenal e incluso del cáncer gástrico y linfoma MALT. De hecho desde su identificación como agente causal en los años ochenta y su erradicación sistemática en los pacientes ulcerosos, la patología ulceropéptica prácticamente ha desaparecido y desde luego el tratamiento quirúrgico que antes se hacía de este problema ha pasado a la historia de la medicina. Pero tras este hito irrefutable de la medicina, hemos querido estirar el filón y llevarlo más allá de lo estrictamente vinculante. Y a día de hoy ante cualquier mala digestión o molestia abdominal se solicita una prueba de aliento para detección de Helicobacter pylori y, si sale positivo (cosa que en nuestro medio sucede en un 50% de los adultos) pues se le echa la culpa de los males sin empacho ni crítica alguna: y no, no todo el patología digestiva es Helicobacter y resulta peligroso salirse por la tangente. Por supuesto, si la gastritis está causada por Helicobacter (lo cual se sabe no por una prueba de aliento sino por el estudio de la biopsia que ve inflamado el tejido a consecuencia del Helicobacter), existe indicación médica de dar tratamiento antibiótico para erradicar la infección y curar la gastritis.

Pero hay muchas otras causas de gastritis: el tabaco, el alcohol, el vinagre, tomate muchos fármacos y sobre todo los antiinflamatorios, el reflujo biliar, el estrés, factores autoinmunes, etc... que deben ser estudiadas y evaluadas. De hecho es bastante frecuente la gastritis multifactorial. A veces quitamos una causa más o menos importante pero persiste otra con lo cual la mejoría del paciente es parcial, en función de la importancia que tenía la causa eliminada. Y no siempre es posible quitar todas las causas que están inflamando al estómago.

Habiendo explicado estos términos creo que es oportuno acabar esta entrada con las dos primeras preguntas que me hizo el lector al que me refería al principio:

1) ¿Es posible que lo que para un endoscopista lo que sean pliegues y mucosa adelgazados, para otro no lo sea?
2) ¿Es posible que se aprecien pliegues y mucosa adelgazados, pero la biopsia sea normal? ¿A que habría que hacer caso?


Y contestando a estas preguntas tan oportunas comenzaremos el siguiente capítulo. Entramos en el mundo de la subjetividad.

domingo, 11 de junio de 2017

Encuentros en la tercera fase

Tomando como título de esta entrada aquella película de Steven Spielberg de hace... ¡cuarenta años! voy a contar lo que en mi práctica clínica esto supone. Vamos allá porque no tiene nada de extraterrestre ni paranormal, sino que a diario me enfrento a ello.

A menudo recibo pacientes recalcitrantes, de esos que arrastran muchas molestias digestivas durante años, que han visitado a muchos médicos y a los que les han realizado infinidad de pruebas y...nada de nada. Bien porque los resultados salen invariablemente normales (y a ellos ya dediqué una entrada) bien porque a la postre se les diagnostica una enfermedad infrecuente o con mediocres soluciones terapéuticas, el caso es que son pacientes que vagan de consulta en consulta buscando explicaciones, alivio, apoyo de sus dolencias. Son quienes a la postre más fácilmente recurren a las llamadas medicinas alternativas en busca de alivio a sus males.

Con este tipo de pacientes, de los que la mayor parte de mis colegas huyen como de un nublado, armándome de paciencia, suelo proceder explicándoles mi opinión tras examinar las numerosas pruebas que aportan. En una primera fase, digo, los médicos que le han ido viendo han buscado las enfermedades que con más probabilidad podían ser causa de su malestar, a veces priorizando las que serían más graves aunque no más frecuentes y descartando con las pruebas realizadas que realmente hubiese algo "gordo". No suele haberlo porque de hecho generalmente son pacientes con molestias de años de evolución. Y todo el mundo intuye que lo que dura mucho tiempo...no parece que sea mortal de necesidad, aunque la vida es una enfermedad mortal. En una segunda fase, procuro evaluar cómo realiza su función el aparato digestivo (no perdamos de vista que esta es la especialidad a la que me dedico principalmente). Les recuerdo que la misión del aparato digestivo es garantizar la correcta nutrición del organismo para que las reacciones metabólicas, el crecimiento, la función inmunológica, etc. no padezca carencias de ningún tipo. De ahí que en esta segunda fase sea importante llevar a cabo un estudio del estado nutricional del paciente, para ver que no tiene carencias de ningún tipo. La misión del aparato digestivo es degradar lo que comemos de manera que los fragmentos puedan ser absorbidos, incorporados al cuerpo del individuo para que esos elementos sirvan a su propio desarrollo.

Y si tras la primera fase de pruebas normales, encontramos que igualmente en la segunda no se detectan alertas de tipo nutricional... ahí es donde tengo yo mis encuentros en la tercera fase. Porque la mayoría de mis colegas, en este punto dan por concluida la relación médico-paciente puesto que... no hay nada que tratar. Desde mi punto de vista sí queda algo, precisamente lo que hizo que el paciente comenzase a buscar ayuda médica: tiene molestias. En medicina no siempre se logra conocer la causa o curar, al menos hay que procurar aliviar. Y disponemos de una farmacopea bastante amplia y variada para poder buscar entre ella algún remedio sintomático. Se abre un abanico de posibilidades en las que no queda otra que enfrentarse al ensayo-error con la elección de las diferentes estrategias terapéuticas y... a ver cómo funcionan. De la respuesta que vayamos observando (o de la falta de ella) podemos ir haciéndonos una idea de lo que le pasa al individuo. Nos aproximamos así a lo que puede ser que le esté pasando al paciente, el llamado diagnóstico ex iuvantibus que se llamaba en la medicina clásica.

Andar probando remedios, he de reconocerlo, no deja tranquilos a muchos de los pacientes: quieren saber qué les pasa, ¡lo exigen! De hecho, gran parte de ese sufrimiento en el peregrinar viene de la incertidumbre y de la obligación de acertar con lo que le pasa. El hipocondríaco, huyendo de la enfermedad, vive en medio de ella. Según la mayoría de los médicos que les ven, no les pasa nada, todo está normal. Y entonces es fácil el recurso de achacarlo todo a los nervios, o a que el paciente es un ansioso, lo cual, hay que reconocer que es cierto en gran número de casos. Pero habría que distinguir si esa ansiedad es de base o se ha generado como consecuencia de ir alimentando la incertidumbre y la angustia para saber lo que le pasa. Recogiendo las historias de los pacientes, uno descubre que han recurrido a todo tipo de artes y teorías en busca de alivio. Intoxicaciones por metales, sensibilidad química múltiple, aguas imantadas, candidiasis intestinal, envenenamiento por gluten o dioxinas, alergias alimentarias, síndrome de permeabilidad intestinal, histaminosis y migrañas intestinales. dietas alcalinas, cócteles de prebióticos y probióticos, Reiki y Flores de Bach, acupuntura y homeopatía, vudú,... Mis encuentros en la tercera fase, es verdad, tienen algo de surrealista, de extraterrestre. Me hacen pensar que la medicina ortodoxa tiene muchas lagunas y algún que otro camelo que es objeto de crítica. Y al albur de estas deficiencias, en las lagunas se abren océanos de pseudociencia en los que no hay atisbo de crítica porque hay mucho de camelo. Y es que el efecto placebo funciona en todos los ámbitos de la terapéutica según la maña del sanador.

viernes, 2 de junio de 2017

Correr, correr, mucho correr para llegar ¿a dónde?

El tiempo es la medida del cambio según un antes y un después. Así lo definía Aristóteles. El tiempo existe porque las cosas cambian y empleamos esa herramienta que llamamos tiempo para medir ese proceso, ese cambio o transformación. En un entorno en el que las cosas no cambian (inimaginable para el ser humano) el tiempo no tiene sentido ni razón de ser. Ahora que está de moda los espacios televisivos en los que abandonan a famosos en una isla desierta para que se busquen la vida, se puede intuir que el reloj es una herramienta poco necesaria. Y cada cosa que hacemos, tiene su importancia porque precisamente es ahora, en este momento, cuando debemos o tenemos que hacerla. Es probable que, si lo que tenemos que hacer hoy lo pudiésemos hacer igualmente mañana, poco a poco iría perdiendo interés hacer las cosas. Nos agitamos más cuando se nos agota el plazo, para presentar un recurso, una instancia, una beca,... Y muchas tesis doctorales se quedan sin defender...porque no se les pone plazo de entrega, decae el interés.

Tras estas consideraciones filosóficas me quiero referir a la práctica médica en sus diferentes modos de proceder con relación al tiempo. Ante un paciente con una dolencia, el médico debe saber evaluar rápidamente si tiene delante un caso en el que hay que actuar con urgencia porque su vida peligra o puede demorarse la atención. En función del tiempo de evolución de la enfermedad del paciente, distinguimos los procesos "agudos" frente a los "crónicos". Un paciente con un proceso agudo que pone en peligro su vida constituye una urgencia. La urgencia va a requerir actuación médica en un tiempo no superior a 24 horas. Por supuesto, si un paciente puede morirse en menos de ese plazo si no se actúa, entonces hablamos de emergencia. Mucha gente confunde urgencia con emergencia. Un cólico nefrítico o una trombosis hemorroidal podrán doler mucho pero no comprometen la vida del paciente. A veces un síncope que sufre una persona, un desvanecimiento del que o hay más evidencia que una caída sin aparente daño para el paciente es expresión de una arritmia maligna, un accidente cerebrovascular o un tromboembolismo pulmonar masivo que pueden ser causa del fallecimiento del paciente en pocos minutos. Un cambio muy importante en poco tiempo... Es evidente que la identificación de estos procesos graves y la actuación médica precoz es muy importante.

Entre los profesionales sanitarios los hay más entregados a las urgencias y emergencias y otros que tienen una actividad con menos sobresaltos. Próximamente se va a celebrar en Alicante el congreso de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) y ya son con ésta 29 reuniones nacionales. Estos profesionales celebran anualmente una reunión en la que se van exponiendo los avances para hacer frente de manera más eficaz e idónea a las situaciones críticas, elaboran protocolos de actuación frente a catástrofes o momentos en los que hay poco tiempo para actuar. Se trata de entrenarse en desarrollar habilidades de reconocimiento y recuperación de pacientes en situaciones críticas para que cuando llegue el momento de actuar pueda hacerse en tiempos reducidos...o incluso en condiciones con medios limitados. Si no hay impedimento de última hora, espero poder acercarme, invitado a una mesa sobre el manejo y situación del shock, y aprender de estos colegas que se entrenan siempre sobre condiciones límite.

Mi actividad habitual no llega al extremo de necesitar tanta prisa, no suelo tener pacientes urgentes y casi ninguna emergencia. Pero también en la actividad de "consulta" hay que buscar la manera de optimizar los recursos y el tiempo. Los servicios de urgencias tienen la importante tarea de cribar de entre los pacientes que acuden, quién tiene un proceso peligroso de aquellos con dolencias que no suponen compromiso vital. Por supuesto hay que buscar siempre aliviar, pero es frecuente oír la queja del paciente frecuentador de urgencias con un problema que allí "no me resuelven"... acaso porque no es el escenario en que su enfermedad deba ser diagnosticada. Muchas atenciones de pacientes que va a urgencias deben ser continuadas en consultas ambulatorias, o incluso si el paciente está en una situación delicada, procediendo a un ingreso hospitalario. Otras van a poder se manejadas por el médico de Atención Primaria.

Sí que se agradece por parte de los pacientes y en general todos los médicos lo tenemos en cuenta lo que llamaríamos agilización de trámites ante procesos serios. Cuando descubrimos un proceso en el que hay que coordinar varios servicios o programar una actuación preferente, procuramos que no haya exceso de burocracia por medio. En lugar de hacer los "volantes" como trámites habituales correspondientes, tiramos de algo más rápido, el teléfono u otras vías telemáticas para advertir a los colegas que hay un caso detectado que requiere especial diligencia. Y tratando de facilitar las gestiones y visitas a los pacientes, conscientes del absentismo laboral que puede condicionar la renovación de contratos laborales y teniendo en cuenta la precariedad laboral, a veces asumimos horarios "intempestivos" y los pacientes lo agradecen. En la clínica de Segovia, por ejemplo, ha tenido muy buena acogida la realización de endoscopias digestivas los sábados ya que este tipo de pruebas no se hacen los fines de semana. Esto ha permitido que mucha gente de Madrid se desplace hasta Segovia para realizar sus endoscopias sin necesidad de tener que pedir días libres para ellos o para los acompañantes.

Es algo que he repetido con frecuencia en este blog: no todo en medicina tiene solución. No todo se cura ni todo se alivia de una forma plenamente satisfactoria. Ni siquiera se sabe todo o llegamos a saberlo. Lo importante no es saberlo todo sino tener el teléfono del que lo sabe. La ciencia está repleta de incertidumbre en este preludio de lo eterno que los humanos llamamos tiempo.

lunes, 15 de mayo de 2017

Igualdad, ni posible ni deseable

Si alguno queda que no se haya enterado, desde hace lustros voto en blanco. No participo en las críticas a este o aquel partido porque todos me parecen faltos de ética. Todos, en el panorama actual. Pero porque el sistema político está montado así, corrupción sobre corrupción. Y esto no significa que no me preocupe la política, en absoluto: antes al contrario, la política me importa demasiado. Como padre de familia numerosa, como trabajador que cotiza, como ciudadano que ve ciudadanos menesterosos, como formador de futuros profesionales,... y por supuesto también como médico. De hecho, como médico hace tiempo que escribí que un auténtico médico, preocupado por la salud corporal y mental de sus pacientes, no debía estar al margen de la política, pues sin lugar a dudas, las medida que se adopten legalmente forjarán cabezas mejor o peor amuebladas. Leyes para menores, para botellones, para educación, para conducción, para finanzas, para protección social, para repartos presupuestarios,... Todas las medida políticas tienen repercusiones sociales. Y el ser humano vive en sociedad, ahí es donde se construye su carácter, su persona. La sociedad sana propiciará individuos sanos. La sociedad desequilibrada y sin valores, tenderá a producir ciudadanos para un "sálvese quien pueda", egoístas y sin capacidad de cooperación. Lo dejo como apunte para reflexionar sobre la deriva de brutalidad social que cada día da una vuelta de tuerca más: algo estamos haciendo mal.

Perdón por este párrafo preámbulo que necesitaba para entrar en materia. Lo ha dicho una persona de la vida política española y la prensa lo destaca en titulares: "pide un modelo territorial que garantice la igualdad". Lo ha dicho un persona concreta, pero podía ser de cualquier partido. Porque hoy no hay discurso político en el que no salga por todas partes la igualdad como un objetivo irrenunciable, una bandera a la que todos se pegan. Y no. No hay igualdad posible. Pero es que ni la hay, ni es deseable. Con esto entró en materia echando leña a mi pira.

Es absurdo hablar de igualdad, señores políticos. ¿Dónde ven ustedes que seamos iguales? ¿En estatura o peso? ¿En el color de los ojos o el acento al hablar? ¿En el saldo de la cuenta bancaria o el coche que conducimos? ¿En los hábitos alimentarios o la procedencia geográfica? ¿En el acceso a la sanidad o el el trato ante la ley? ¿En la cultura, erudición o educación? ¿En los destinos turísticos o las jornadas laborales? ¿Dónde somos iguales, si es que somos iguales en algo? Repetiré esta pregunta al final, pero a simple vista,... poco iguales somos.

Pero, ¿sería deseable que fuésemos iguales? ¿Sería posible? Creo que la respuesta a ambas preguntas es que no. La variabilidad garantiza la supervivencia de la especie, debemos ser distintos porque de esa forma nos complementamos y lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro. Señores, no se engañen ni permitan que los que pretenden gobernar o gobiernan les hablen de "igualdad" de ningún tipo como algo a defender y conseguir o como algo de hecho logrado. No hay igualdad de oportunidades, ni de género, ni ante la ley, ni en el trato fiscal, ni de acceso a la sanidad,... No, no la hay ni la puede haber. Y, por extraño y duro que parezca -más leña para mí pira- ni conviene que la haya. Evidentemente (por quitar algo de leña...de mi pira) no estoy declarándome partidario de fomentar desigualdades: simplemente las asumo como algo inevitable, que están ahí y contra las que hay que elaborar medidas para que esas desigualdades no sean clamorosas, sean las menos posibles, sobre todo evitando diferencias notables entre los más y los menos favorecidos por esas desigualdades. Pero de la diferencia surge el estímulo para mejorar.

Afortunadamente no somos iguales. Yo lo reconozco y lo celebro. Como usted, lector, también lo reconoce, le guste o no. E incluso hasta el político desde su pedestal llena su discurso con estas y otras frases en las que no cree en absoluto: "lucho por la igualdad", "quiero garantizar la igualdad". Y lo peor no es que lo digan, es que hay gente que se emociona con este mensaje, totalmente falso e imposible, y les dan su voto de confianza.

Podría usted entender de genes y saber que cada uno tiene su código genético (*), análogo entre individuos de la misma especie, pero distinto y único en cada individuo. Pero mucho más importante que el código genético, lo que marca la mayor o menor posibilidad de supervivencia en España es el código postal: no se tiene igual acceso a los recursos sanitarios dependiendo de la región o comunidad autónoma donde vivas.

¿Dónde somos iguales los seres humanos para que tanto hablemos de igualdad? Yo tengo la respuesta. Por eso procuro tratar como iguales a todos mis pacientes (siendo todos diferentes), aplicando por igual mis conocimientos (o la falta de ellos) y recursos. Y a algunos de mis pacientes les digo la respuesta. Se la diría a todos, pero no todos la entienden. Es fruto de la desigualdad que rige el mundo. Por cierto, alguno ha preguntado por qué desde Rusia leen tanto este blog... ¿alguien que viva en Rusia podría dar alguna explicación?.

(*) A instancias de mi amigo Luis Francisco, preciso biólogo, debo aclarar que el código genético es igual para todos los seres vivos, lo que nos distingue es el genoma y epigenomas. Me he permitido esta licencia, que no es académicamente correcta, para jugar con la analogía entre código genético y código postal.

sábado, 6 de mayo de 2017

Medio millón



En verano de 2012, no hace aún cinco años, colgaba la primera entrada de este blog. No sabía si le daría mucho juego o tendría mucho o poco seguimiento. El blog era un experimento que quería seguir con la filosofía de aquel ensayo, un pequeño opúsculo, que escribí hace diez años con este mismo título.

La aventura comenzó discreta y en silencio con entradas quincenales, irregulares, y seguimiento lento. Por entonces, ochenta lectores al mes me parecían muchos. Hoy, tras más de cien entradas publicadas y más de 20.000 visitas al mes, escribo esta entrada para celebrar que el blog ha recibido más de medio millón de visitas. Para los curiosos diré que alrededor de la mitad vienen de España, pero un 10% de los lectores son de Estados Unidos, un 8% de Argentina y de muchos países latinoamericanos, y de Europa... sin perder de vista que alrededor del 5% de las visitas han sido desde Rusia (curioso si tenemos en cuenta la diferencia de idioma), siendo consultado por gente de más de 80 países, desde India o China a Islandia o Australia. Y para mí es una satisfacción ver que se han realizado más de 2000 comentarios a estas entradas, como reflejo de que muchos lectores encontraron un contenido útil y habéis contribuido por ello a su difusión a otras personas, familiares o amigos con apuros. Todo esto me hace ver que el esfuerzo ha merecido la pena. En este recorrido, también ha dado pie a comentar las veces que los pacientes no han quedado satisfechos con la forma de atenderles. Nadie es perfecto pero hemos tomado nota de las críticas para intentar mejorar: todos los comentarios han sido útiles.

La divulgación científica y el interés por los asuntos sanitarios está en auge. Cada vez más gente consulta sus preocupaciones de salud por internet. Sólo en la plataforma de Doctoralia (colaboro además con otras similares) he contestado en cuatro años casi 8000 preguntas cuyas respuestas han sido vistas 9 millones de veces. Estas cifras dan una idea de la magnitud del interés de la gente por cuestiones de salud.

Las plataformas de salud, los blogs, los artículos en revistas y también la participación en medios de comunicación como la radio o la televisión, forma parte del mismo afán por divulgar en cuestiones médicas. La accesibilidad de este medio a mucha información permite comunicar rápidamente, de forma eficiente. Pero como es sabido, la información útil, clara y eficaz se diluye entre mucha otra que no es rigurosa, adecuada,... que constituye lo que llamamos "ruido". En el título corrido de este blog queremos significar precisamente eso: distinguir lo que vale de lo que no vale tanto, cribar, discernir, separar el grano de la paja, es una tarea que el público agradece. Poder ofrecer información concisa, clara, contrastada y útil ha sido y es uno de los principales motores de cada una de estas entradas, de manera que quien accede a ellas considere que su lectura, el tiempo empleado en leerlas, ha merecido la pena.

Con la experiencia acumulada en estos años con la participación en diferentes foros con otros especialistas y, más recientemente, con la lectura de los libros que hemos ido presentando en televisión en el programa de Saber Vivir, hemos ido forjando nuevas conclusiones que creemos que pueden ser útiles, síntesis esclarecedora de lo que se dice por ahí. Fruto de todo esto, tengo previsto a lo largo de este año escribir al menos dos libros, si tengo tiempo para ello, a petición de sendas editoriales. Se trataría de plasmar de forma amena y concisa y clara lo que más preocupa a los lectores, a mis pacientes y a los telespectadores. Evidentemente esto no impedirá que siga ofreciendo entradas de actualidad en este blog, pues son formatos de divulgación diferentes. La experiencia que vamos recabando, tanto del trabajo en consulta como el que llevo a cabo en los medios de comunicación, ofrecen materia suficiente para nutrir estos y otros modos de divulgación. Espero que cada cual lo encuentre adecuado sea el que se sea el cauce que elija. Y a ver lo que tardamos en llegar al millón de lectores.

domingo, 16 de abril de 2017

Quiero ser feliz

Cuando un profano en física contempla la ecuación más conocida de Einstein E=mcy la ve así, tan simple y a la vez tan rotunda y elegante, ignora todo el desarrollo que hay para llegar a ella, plagado de ecuaciones diferenciales e integrales. Contempla la conclusión sin conocer el enorme trabajo que ha costado sintetizarla. Algo análogo suele suceder para explicar lo más simple. A menudo hace falta emplear un complejo entramado de circunloquios, argumentos y ejemplos. Tras un concepto tan universal como "felicidad" sobre el que nos pronunciamos todos los seres humanos, se esconden profundos debates. Todo el mundo quiere ser feliz y al mismo tiempo no todo el mundo entiende lo mismo por qué es ser feliz.

En mi profesión he tenido pacientes de muy diferentes categorías sociales, de culturas y razas muy diversas, de condición cultural o económica muy dispar. El análisis de las aspiraciones de cada persona que ha pasado por mi consulta me ha permitido extraer algunos conceptos comunes para tratar de esclarecer qué es lo que los seres humanos entendemos por felicidad. En ocasiones resulta más sencillo aproximarse al término diciendo lo que no es (como hacen los teólogos cuando tratan de hablar de lo que es Dios diciendo lo que no es), pero con esta estrategia no he visto que se llegue a conclusiones provechosas.

Con el deseo de ser práctico en este pantanoso terreno sobre el que han corrido ríos de tinta voy a esquematizar:

- sobre la idea de que el dinero no hace la felicidad pero ayuda a conseguirla, pulula el sentimiento mayoritario de que quien tiene sus necesidades materiales cubiertas tiene menos preocupaciones y puede ser más feliz. Claro, las penas con pan son menos. Pero apelando de nuevo a mi consulta, debo manifestar que los más infelices que han pasado por ella han sido gente muy pero que muy adinerada. Y uno falto de recursos económicos se escandaliza y piensa cómo una persona henchida de dinero puede ser infeliz. Le resulta tan absurdo como dar crédito a la depresión endógena de otro.

- vemos individuos sencillos y a veces primarios, que se nos antojan simplones, y van sonrientes y despreocupados por la vida. Podemos pensar que viven ajenos a los "verdaderos problemas", que son muy superficiales o tienen una vida escasamente complicada. Y mientras les despreciamos culturalmente queda en nuestro interior pululando la idea de si de verdad merece la pena preocuparse por los "verdaderos problemas". Es la Oda de Homero a la vida retirada, Beatus ille... Sí, quizás nuestro mundo moderno nos ha complicado un poco eso de la felicidad.

- la modernidad ciertamente ha traído numerosos avances técnicos pero ha hipertrofiado la existencia biológica de manera que algo que parecía claro e indiscutible al ser humano, su carácter finito y mortal, y se vivía como una parte inherente a la existencia, ahora es algo que repugna, antinatural. La vejez y la decrepitud son males contra los que el hombre moderno debe rebelarse. Hay que combatir el envejecimiento y buscar la eterna juventud. Esta lucha por la persistencia biológica genera una angustia y agonía permanente, no sólo en el ocaso de la vida sino siempre que se ve remotamente amenazada: es imposible ser feliz en la enfermedad. Ni tampoco en la hipocondria.

Con el horizonte de la muerte tarde o temprano, ¿se puede ser realmente feliz? Pues si cabe ser feliz ha de ser precisamente en este periodo porque para serlo luego, o aspirar a serlo luego, hay que tener fe. Fe en la vida eterna. Pero eso es algo que no todo el mundo tiene. Creer o no creer en que haya algo o alguien más allá de la muerte es una cuestión de fe. Alguno dirá en plan práctico: "vale pues como quiero ser feliz y eso sólo lo consigo sabiendo que hay un más allá del acá, hago petición de principio y me lo creo, porque si no voy a vivir angustiado". La fe no es una opción psicológica. Pero con independencia de que haya o no algo más allá, prescindiendo de ello ¿en esta vida se puede ser feliz? "Dime que sí porque si es que no, me deprimo". Pues sí, cabe ser feliz, muy feliz,...siempre y cuando definamos dos términos. Y me hallaba yo escribiendo esto cuando surgió un profesional de Google, Mo Gawdat, que, fruto de una tragedia familiar y de un gran sufrimiento expresó una ecuación de felicidad que se parece mucho a la que estaba yo pergeñando. Su reflexión es la siguiente:

La felicidad es la diferencia entre la manera en que un individuo ve los acontecimientos de su vida y su expectativa de cómo debería ser su vida.

Coincido en pensar que la felicidad es una adecuación entre lo que recibe y lo que espera de la vida. Si una persona espera más (dinero, seguridad, amor, afecto, reconocimiento,...) y recibe menos, se siente defraudado. Por el contrario si sus expectativas son más modestas, todo lo que reciba le parecerá extraordinario, nada le parecerá demasiado. Entonces ¿es que hemos de ser poco ambiciosos? La ambición puede ser acicate para la superación pero muchas veces se convierte en un pozo sin fondo que no satisface por mucho que se llene. En medio de la pasión nos consume el deseo. Y por más seguridad que nos den, al final quedan muchos cabos sin atar. La felicidad está en colmar la medida de lo que uno es y aceptar de buen grado que no se llega a todo. No preocuparse por lo que uno no puede controlar. Lo que la sociedad actual incentiva no es lo que uno es realmente sino lo que te hacen creer que debes ser... porque de lo contrario eres un ser fracasado. En la génesis de este pensamiento se fraguan depresiones y amarguras que impiden ver lo que uno es en realidad. El nosce te ipsum está más de moda que nunca. Y el equilibrio vuelve a ser la tónica que regula la vida.

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Preocupaciones? Las justas

Nos estamos volviendo locos. Tanta tecnología, tantos avances,... tanto consumismo, nos está robando el poco seso que nos queda. Hay tanta superficialidad en la vida que nos olvidamos de lo esencial. Ya es el colmo con eso que se ha dado en llamar ortorexia, que, en buena etimología, sería nada más que nutrirse adecuadamente, algo que todo el mundo procura desde siempre como mero instinto de supervivencia, sin preocuparse jamás de si eso tiene un nombre. Se llamaba "pues a vivir que son dos días" pero los listillos que viven de generar fobias y enfermedades le han buscado un término rotundo y biensonante que evoca lo que debe ser (orto) pero es creación de una necesidad llevado a la obsesión.

Protesto enérgicamente contra todas esas modas pseudocientíficas de generar necesidades. Crear preocupación en la gente con cuestiones nutricionales peregrinas tiene un trasfondo de malicia. Cuanto más tratamos de fomentar hábitos saludables, parece que lo que vamos logrando es un mayor número de hipocondríacos. Porque quienes tienen que hacer frente a esas modificaciones en sus hábitos poco saludables no nos hacen ni caso y persisten en sus excesos, mientras que aquellos que ya pecan de excesiva preocupación dan una vuelta de tuerca más a sus restricciones nutricionales.

Preocuparse en exceso por la salud no es nada recomendable. De ahí que la ortorexia no sea mejor que la anorexia. Ni que la bulimia. Son todo trastornos de la conducta alimentaria: trastornos. No son conductas sanas. Sano es comer de manera saludable sin preocuparse de lo que uno come. Sano es hacer las revisiones médicas que tocan sin hacer de eso un drama o un rito. Preocuparse excesivamente por la salud es perder calidad de vida. Mirar si la báscula nos pesa hoy 400 g más o menos que ayer, no es malo. Pero elaborar calenturientas teorías acerca de la razón de esa subida o bajada de peso puede ser un indicio de que andamos demasiado preocupados por la salud.

Si nos notamos ganglios en el cuello, a ver si va a ser un linfoma. Porque nos han hablado tanto de los "bultos del pecho" que igual es que tenemos un cáncer encima. Y como nos hablan de que el sistema inmunológico es vital para yugular precozmente los conatos de cáncer que a diario acontecen en nuestro organismo, pues a leer en revistas domésticas los cien mil remedios que refuerzan su estado inmunológico.

Y mientras nos preocupamos por vivir, la vida pasa. Abstenerse de lo imposible, decían los padres de la medicina. Hoy que soñamos más cerca que nunca con llegar a ser inmortales, los remedios proliferan a golpe de talonario.


Si echamos un vistazo a la historia y a lo largo de generaciones sobre toda la superficie del planeta...el ser humano se ha alimentado de todo lo que tenía a su alcance. Y el aparato digestivo se ha ido adaptando a eso que transitaba por él. Ahora, cada semana los medios de comunicación sacan en titulares que esto es lo que realmente es saludable (productos exóticos y a veces impronunciables y que aquello es un completo veneno. Y si no te gusta, aguarda un poco que a la semana siguiente lo cambiamos: ¡cuántas noticias de "dietas" acaban en timo!. Nos falta perspectiva para evaluar los cambios. Creemos que las cosas cambian de un día para otro y la evolución en términos biológicos va más lento, mucho más lento.

Pero como decía no hace mucho, tener a la gente preocupada por su salud se traducirá en que invierta en más tiempo, más dinero, para cuidarse: la crisis del siglo XXI abre las puertas a una nueva dimensión, una reconsideración (reconsideración porque...no será que no se ha hablado largo y tendido de ello a lo largo de historia) acerca de la felicidad. Pero eso, como diría Michael Ende, es otra historia que será contada en otra ocasión y que o haré a petición de Alberto. Pero como anticipo diré que se trata de buscar un equilibrio entre pretensiones y posibilidades.