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jueves, 30 de agosto de 2012

La mejor compañía de seguros de salud

Hoy ha sido la enfermera en la sala de endoscopia la que me lo ha preguntado pero todos los días hay alguien que tiene intención de hacerse un seguro privado de salud y te pregunta cuál es la mejor compañía. Analicemos “la mejor”, porque la primera idea que viene a la cabeza es para qué o para quien es la mejor. Parece obvio que se refiera uno a “lo mejor para la salud”, pero también podría tratarse de “lo mejor para el bolsillo”.

Sin duda, “lo mejor para la salud” es no ponerse enfermo y esto tiene mucho que ver con la medicina preventiva de la que podemos hablar en otra entrada. Pero si lo que buscamos es “lo mejor para el bolsillo”, nos apuntaríamos a la compañía con la prima más barata. Es práctica común, y más en tiempos de crisis, comparar precios. Y si buscamos por ejemplo, un brik de leche, lo más racional es comprarlo en el sitio más barato tratándose de la misma marca, porque entendemos que el producto que se vende es el mismo, exactamente el mismo, independientemente de establecimiento que lo venda. Sabemos que tal marca no es tan buena como tal otra... pero a igualdad de producto, preferimos el precio más barato.

Comparar el producto no es tan sencillo en el ámbito de los seguros. Todo el mundo sabe lo de la letra pequeña o de que tu seguro te cubre todo... excepto aquello que te pasa. El mejor seguro no tiene por qué ser el más barato. Ni el más caro. Existe lógicamente una correlación directa entre el precio y la calidad o prestaciones. Un menú más caro o un coche más caro, suelen tener más ingredientes o aditamentos que otros más baratos. Pero en cada caso hemos de buscar algo que se adapte a nuestras necesidades y posibilidades. Y habitualmente así lo hacemos. Pero cuando lo que está en juego es el mantenimiento o recuperación de la salud (cuando se ha deteriorado), ¿en manos de quién nos ponemos?

Cada compañía de seguro diseña su propaganda, sin excepción, haciendo alarde de que lo que más le importa es tu salud y de que dispone para ello del mejor y más completo cuadro médico y los medios técnicos más vanguardistas. Es la forma de captar asegurados. Pero si volvemos sobre la cuestión original, “la mejor” compañía de seguros, desde la perspectiva de la empresa de seguros, es la que tiene más beneficios. O sea, la que ingresa más de las pólizas de sus asegurados y gasta menos en ellos. Mayor ingreso puede venir si la prima es elevada, pero se pierde cuota de mercado. El menor gasto puede lograrse optimizando mejor los recursos, bien porque se ajuste el empleo de los medios a los asegurados que realmente lo necesitan o bien siendo rácano con la atención o haciendo selección de riesgo (admitiendo asegurados sanos pero rechazando a los talluditos y achacosos).

Cuando hoy preguntaba la enfermera, mi respuesta ha sido la habitual solo que un poco menos diplomática que lo que suelo decir a gente que no es del gremio: que las compañías lo que quieren son beneficios, asegurados sanos que paguen sus cuotas y no usen recursos sanitarios. La mayor afluencia de gente estos días preguntándome por los seguros médicos en parte está motivada por el evidente recorte de prestaciones asistenciales y el incremento de los retrasos en la sanidad pública. A veces sorprende que con unas pólizas de entre 40 y 80 euros al mes de media se pueda dar cobertura sanitaria y que el negocio sea rentable para la compañía. Lo es, ciertamente, y mucho, si el paciente no hace gasto. En este caso el asegurado percibe que la compañía le cobra mucho por nada. Evidentemente. Pero al que tiene la necesidad de acudir con frecuencia al médico o a exploraciones complementarias, por más que se queje de lo caro que le cuesta la mensualidad, sabe muy bien que ese gasto sería mucho mayor si lo tuviese que pagar de manera privada.

Hoy he tenido noticia de otro hecho de otro movimiento de las compañías para no ver mermar sus ganancias. Las compañías no son más que meras intermediarias entre los usuarios de los servicios médicos y los prestadores de servicios que somos los médicos. Ante la crisis no quieren dejar de tener sus beneficios (que por otro lado son la esencia de su supervivencia) y como los asegurados tienden cada vez a consumir más recursos, sólo les quedan dos opciones: o incrementar la cuantía de las pólizas, lo cual es impopular sobre todo en momentos de crisis y podría conllevar numerosas bajas (que se fugarían a compañías más baratas) o reducir la cuantía de los pagos a los prestadores de servicios. Por una exploración o intervención que antes se pagaba a X, decidir que se paga la mitad. El prestador de los servicios podrá o no aceptar las nuevas condiciones que impone la compañía. Si todos los prestadores de servicios nos negamos a aceptar esa reducción, las compañías se quedan si proveedores y se encuentran sin servicio para sus asegurados los cuales protestarán. Pero si el médico acepta el baremo reducido, la tendencia será a que los elementos que entren en juego tengan una menor calidad. A lo mejor se cae en la tentación de ahorrar reutilizando instrumental que en principio es de un solo uso, o escatimando los fármacos o apósitos empleados o haciendo menos revisiones de mantenimiento a las instalaciones y maquinaria. Estamos amenazados de convertirnos en lo sanitario en una compañía low-cost y eso entraña un riesgo potencial para los pacientes, abriendo la cuestión de hasta qué punto la reducción de costes puede afectar a la seguridad de los pacientes.

El debate no es meramente comercial sino que apela a la ética del médico que no puede avenirse a aceptar unas condiciones de pago que le fuercen a escatimar recursos poniendo en peligro la vida de los pacientes por escasez de medios. Algunos colegas estiman que ante la presión de las compañías para disminuir el precio de las prestaciones, no queda más remedio que actuar de forma conjunta y acaso colegiada (no sé si los colegios médicos tendrán algo que decir pero creo que deberían) para establecer unos baremos mínimos por debajo de los cuales no se puedan aceptar contratación de servicios médicos, ni por la dignidad del médico ni por la seguridad del paciente.

Nota de abril 2015: Puesto que hay constante evolución de este asunto, pulsar aquí para entrada más actualizada.

4 comentarios:

  1. menudo tocho para no decir nada en concreto... todo eso ya lo sabemos

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    1. Agradezco su comentario y me alegra mucho que su contenido le suene familiar y conocido. Mi pretensión con el blog no es emplear las diferentes entradas para sentar doctrina ni aclarar taxativamente ningún concepto, sino que la decisión y la opinión final siempre queda abierta y al libre arbitrio del lector. Sobre todo en los temas en los que hay muchos matices. Con algunos pacientes en consulta sí acostumbro a descender en el diálogo a cuestiones más concretas, particulares. Ellos bien lo saben. Pero cuando se habla en un foro abierto, el público puede ser muy erudito y ducho en el tema o totalmente lego. Aunque le sorprenda, lo que usted considera evidente y que "ya lo sabemos" hay gente que lo ignora sobre todo en un debate que cada día se enriquece con nuevos datos que modifican el curso de las cosas. Lo que escribo no sé si lo leerá un catedrático o un paleta de andamio, por más que en ocasiones la gente más rústica conserva más sentido común que los que acumulan publicaciones y títulos.
      Muchas veces han sido los comentarios constructivos a estas entradas de blog las que han dado valor al contenido, y en algunas entradas se han superado los doscientos comentarios: aquí es donde se enriquece el contenido, pues la entrada no es más que eso, una entrada al debate.
      De las cinco acepciones que da la RAE a "tocho", imagino que usted alude a la cuarta y, si acaso por extensión a la tercera, ya que no procede la segunda y quinta y para la primera, al parecer de los lingüistas me someto. Pero en cualquier caso, equiparar un folio a un tocho me parece desproporcionado.
      Lamento haber defraudado sus expectativas. Tomo nota y procuraré esmerarme.

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  2. En cualquier sector, ya se trate en una situación de mercado o en una situación de prestación de un servicio, el intermediario siempre sale ganando, o es el que más gana, o el que menos pierde. Tienen mucho margen de maniobra, ni son propiamente inversores, ni son los dueños del bien o servicio que al final va a adquirir el consumidor o usuario y así pueden jugar con el productor del bien o servicio y el destinatario final del mismo, siempre manteniendo costes constantes y siempre obteniendo el máximo beneficio posible. Los intermediarios se han hecho indispensables y están siempre en una situación privilegiada. Las compañías aseguradoras, como meros intermediarios, están siempre situadas en una posición ventajosa, que les produce mucho beneficio. Si bien es verdad que cada uno es libre para contratar con una aseguradora u otra, o no contratar, dependiendo del caso, yo creo que casi todas, y casi siempre, imponen unas condiciones abusivas, en muchos casos incomprensibles o poco claras, que distan mucho de la calidad del servicio que recibe el usuario. En sectores básicos para la vida, quizás fuera necesario que existieran ciertos mecanismos para impedir que el coste mayor lo sufra el usuario. La mejor compañía de seguros tendría que ser la que no existe, pero esto hoy día es impensable, todo es susceptible de ser asegurado, otra cosa es que merezca la pena hacer el seguro. Aun así siempre habrá alguien encargado de hacer sentir que merece la pena.

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    1. Cierto. El intermediario nunca pierde. Porque como agente no necesario, si no le saliese rentable la intermediación, no existiría.

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