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jueves, 4 de octubre de 2012

Diverticulitis: un socorrido diagnóstico de presunción


El sufijo –itis en medicina significa “inflamación”. En la recogida de antecedentes médicos al comenzar una historia clínica, no es infrecuente que el paciente te diga que tiene diverticulitis. Lo que sí es altamente improbable es que la tenga, así en presente, o incluso que la haya padecido.

La diverticulitis es un cuadro inflamatorio agudo de uno o varios divertículos. Los divertículos son prolongaciones saculares, como cuevas de pequeño tamaño, que frecuentemente aparecen en las paredes del colon, sobre todo en el lado izquierdo del abdomen (colon descendente y sigma), siendo más infrecuentes en otras localizaciones del tubo digestivo. Se producen por herniación de la mucosa y submucosa del colon por zonas donde la capa muscular es más débil y que frecuentemente es el sitio por donde penetran los vasos sanguíneos. Suelen aparecer con la edad, siendo infrecuentes antes de los 40 años y estando presentes en más del 30% de la población mayor de 60 años. Habitualmente quien los tiene lo ignora porque no dan ningún síntoma. La mayor parte de las veces los descubrimos de manera casual por realización de endoscopias u otras pruebas radiológicas y si son muy numerosos solemos decir que el paciente presenta diverticulosis. Este término, diverticulosis, es el que a menudo confunde el paciente al referir sus antecedentes personales, con el de diverticulitis. Tener diverticulosis es un requisito imprescindible para poder padecer diverticulitis, puesto que sin divertículos que se inflamen no puede haber diverticulitis.

Hecha esta aclaración, algún paciente rectifica y te dice: “Ah, sí, eso, me dijeron que tenía divertículos…”. Pero otros se enrocan en su afirmación original: “Que no, que no, doctor, que yo tuve diverticulitis,…” Aunque algunos titubean y añaden: “O eso me dijeron”. Y puede ser que alguno aporte un informe médico, bien de atención en urgencias o bien de ingreso hospitalario. Cuando ha hecho falta ingreso y hospitalización por un cuadro de dolor abdominal, más localizado en flanco izquierdo, y acompañado de fiebre, es más probable que efectivamente el paciente haya tenido un cuadro de diverticulitis. Incluso algunos tuvieron que ser intervenidos quirúrgicamente y se les encontró que, efectivamente, había unos divertículos inflamados, un absceso próximo a los divertículos y alguno roto, con perforación. En este caso, no hay duda de que el paciente ha tenido efectivamente una diverticulitis de libro, con peritonitis asociada. No todas las diverticulitis van a acabar en cirugía, pues muchas de ellas se tratan de manera conservadora con antibióticos y reposo intestinal, y desaparece el cuadro de dolor abdominal y fiebre a los pocos días.

Pero a algunos pacientes, tras su paso por urgencias o tras una breve hospitalización por un cuadro de diverticulitis autolimitada, se les pide completar el estudio del colon con una colonoscopia (no se debe hacer en la fase aguda, a ser posible, por mayor riesgo de perforación) y entonces puede ser que… ¡no encontramos que existan divertículos! La pregunta lógica que a continuación nos hace el paciente tras la exploración de su colon es: “Pues entonces, si no tengo divertículos, ¿qué se me inflamó?” Buena pregunta. Si hemos dicho que sin diverticulosis no hay diverticulitis, a posteriori el paciente nos pregunta qué le pasó. Tratando de enmendar la opinión de los colegas que le asistieron y al mismo tiempo, de no desacreditarlos (por aquello del corporativismo), solemos decir que, dada la sintomatología que presentaba, por el cuadro agudo que le llevó a urgencias, el diagnóstico de presunción era correcto. Pero como en medicina cada cosa por lo menos son dos, debemos establecer un listado de posibles diagnósticos alternativos (lo que llamamos hacer un diagnóstico diferencial) de todas las posibles causas que se nos ocurran que cursen de manera similar. Se supone que el mejor médico es el que es capaz de hacer esa lista más larga (con diagnósticos plausibles, claro). La lista de cosas que pueden dar lugar a dolor abdominal y fiebre desbordan las capacidades de esta entrada de blog. Y como sucede en medicina, muchos cuadros agudos como vinieron se fueron y no supimos lo que fue. A ver si lo pillamos la próxima vez que venga. Mientras tanto, cuando a algún paciente le duele la tripa de manera recurrente,… “lo suyo va a ser una diverticulitis” resulta socorrido.

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