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domingo, 8 de septiembre de 2013

¡¡¡Indignación!!!


Este fin de semana se ha sabido que Madrid no había sido elegida como ciudad para organizar los Juegos Olímpicos de 2020. Parecía que al ser la tercera vez seguida que se presentaba la candidatura ya llevaríamos la lección mejor aprendida y aprobaríamos el examen. Pero no. Los diferentes estamentos de la sociedad española se han puesto de acuerdo para calificar tal decisión de arbitraria, injusta, desconcertante,... Personajes del mundo del deporte, de la política, de los negocios, gente de la calle sin relieve social, han coincidido en señalar que tiene que haber habido un chanchullo tan impresionante como incomprensible para que la candidatura de Madrid no haya perseverado. Así lo han reflejado en la prensa, en la radio y en la televisión, numerosos comentarios a los que aludo en su conjunto y a ninguno en particular.

En el núcleo de las críticas, sin duda, los delegados del Comité Olímpico Internacional (COI) que con su voto elegían la ciudad entre las candidatas. Que si son unos impresentables, unos corruptos, unos incompetentes, unos hipócritas,... en fin de los calificativos emitidos ninguno bueno. Parece que duele más la decisión injusta cuando el agravio comparativo es flagrante. Como alguno decía, sería menos hiriente haber perdido en la elección entre Tokio y Madrid que haber quedado detrás de la ciudad turca. Parece que Tokio se consideraba un rival a tener en cuenta, pero cuando los miembros del COI prefirieron Estambul a la capital del reino... vamos, eso clama al cielo.

Todo el mundo anhela que ante una decisión arbitraria (pues arbitrario es lo que se hace por puro arbitrio) se consideren los factores objetivos, que se considere la auténtica valía de los candidatos. Situaciones similares se viven a diario en nuestro país. Aburrido estoy de asistir a oposiciones para juez o para profesor de universidad en las que los tribunales aprueban a los amiguetes en lugar de valorar los ejercicios y el curriculo. Entre los aspirantes, algunos muy brillantes y elocuentes son despreciados frente a otros menos preparados pero enchufados ¿Qué nos sorprende de esta nueva tropelía? ¿Es que no vemos a diario cómo tienen que emigrar grandes cerebros a otros países mientras aquí campa cada vez más a sus anchas la mediocridad? ¿Es que el sistema público de salud ha seleccionado a los profesionales con un sistema de oposición justo? ¿Es que los políticos que tenemos son personas íntegras? ¿Es que los jueces dictan sentencias justas o simplemente se conforman con que se ajuste a derecho? Pues nos han dado de nuestra propia medicina: la decisión del COI es inapelable y además inescrutable, amén de incomprensible (desde una razón lógica).

Podría citar, y no lo haré, más de una docena de personas que han manifestado su indignación por esta decisión del COI y que ellos mismos han formado parte de diferentes tribunales de oposiciones en los que han operado con la misma veleidad e indolencia. Algunos, incluso y para más inri, son destacados miembros de comités de deontología profesional. Y también políticos de uno y otro signo que claman justicia cuando tal virtud es lo más antagónico a su modo de proceder habitual. Por eso cuando se analiza el fracaso, qué ha podido fallar en esta empresa, sin atreverse a denunciarlo a las claras, todos piensan según sus artes que “no se ha untado a alguien suficientemente” o “alguien ha untado mejor que nosotros”. Porque la dinámica que mueve la sociedad actual es a golpe de corruptela, de sobornos, de prevaricación. Los poderosos lo saben: no es cuestión de valía pues no hay más valía que lo que me untes.


¿Y esto que tiene que ver con la sanidad? Pues todo. ¿O acaso la sanidad no forma parte de un sector de la vida social? Resulta difícil organizar sabiamente una tarea tan sensible –sensible tanto para los pacientes como para los profesionales de la sanidad- por personas ajenas a la ética y con concepciones tan aberrantes de la justicia. Desde el momento que hemos puesto al frente de instituciones sanitarias, políticas, municipales, sindicales, financieras, etc. a individuos tan impresentables no aspiremos a que se haga verdadera justicia pues las decisiones estarán del lado del que más paga. La consecuencia que saco es que estos indignados personajes han corroborado, si alguna duda tuvieran, que la venalidad de su conducta es internacional, lo cual, lejos de servirles de escarmiento para dejar de ser inicuos, les confirma que es el modo de proceder más adaptado a los tiempos que corren. Esto sí que es una pena ¡Una gran pena!

4 comentarios:

  1. Por fin han salido los resultados de las becas Juan de la Cierva. Me han asegurado que el profesor Rafael Caballero, de la Universidad de Málaga, va a llevar a la justicia ordinaria el resultado de las deliberaciones del comité que tenía que hacer la asignación. Resulta que una profesora española que quería volver de EEUU a Málaga, optó, ante la sequía de plazas, por pedir una de estas becas. Con 24 publicaciones, de las cuales 12 están en revistas de primera linea, no le han dado una de estas becas, en tanto que las que sí han sido concedidas vienen a caer todas en las universidades donde los miembros del tribunal trabajan. Oh!
    Espero que esto suene fuerte y los miembros de la comisión reciban el mismo cariño que han recibido los miembros del COI.

    Aparte, sólo puedo sentir alivio. De la que nos hemos librado los madrileños!

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  2. También en la vida cotidiana hay momentos de gran indignación. Cuando te encuentras con alguien que solo tiene como única respuesta, por decirlo de alguna manera, el encogimiento de hombros, casi hasta quedarse sin cuello, y que es el fiel reflejo de su propia necedad y falta de empatía.

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    1. Bueno, a veces hay gente que no tiene nada que decir... Incluso hay gente que sin tener nada que decir se atreve a decir algo. Y casi es peor. Un buen silencio puede ser muy elocuente.

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