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domingo, 2 de marzo de 2014

¿Enriquecimiento ético? ¿Y a quién le importa la ética?

¿Te gusta el melón con jamón? Y responde: Sí, y sin melón también.

Hace unos días me decidí a contestar una de tantas encuestas que se reciben por internet, la mayoría de las cuales se borran directamente. Creo que de vez en cuando puede ser interesante asomarse a lo que se les ocurre a los de marketing. En esta ocasión, si contestabas a la encuesta te "podía" salir gratis la compra del supermercado durante un año, o al menos eso prometían para alentar a la gente a que se tomase la molestia de contestar. El condicional camuflado en un "podía" en lugar de "podría" (que de forma aislada, dicho sea de paso, ya evoca malos olores) dejaba entrever que la posibilidad de conseguir el premio era remota, e imposible si acaso las bases estaban ante notario.

Como la encuesta se prometía breve, me atreví. Al poco de comenzar las preguntas enseguida te enfocaban a suscripciones variadas según las preferencias que denotaban las respuestas. Si la pregunta era que si usted quiere ahorrarse el 50% de su gasto de las vacaciones (evidentemente, la contestación universal debería ser que sí) entonces te abrían una ventana para suscribirte a tal empresa que trabaja con agencias de viajes. En fin, se les veía el plumero que diría aquel.

Pero lo curioso, lo que me llamó la atención y suscita esta entrada de blog es... ¿la incongruencia? En varias preguntas se indagaba sobre el sentido solidario del encuestado. Lógicamente, ante la pregunta de si usted es sensible frente a la miseria y la explotación de los seres humanos, contestar que "no" parece frío e inhumano. Pero la contestación afirmativa, derivaba a suscripciones para ONGs o para UNICEF. Así que para no involucrarse en estas cuestaciones y poder proseguir la encuesta uno debía contestar con un cruel "no". Sin embargo, no es esta la incongruencia que me sorprendió sino que había varias preguntas que sugerían al lector si estaría dispuesto en invertir en bolsa o en valores con rentabilidades del 50-80%. Bueno, parece como si te estuviesen preguntando si te agachas a recoger un billete de 50 euros que encuentras por la calle en el suelo. ¿A quién no le apetece ganar más dinero, obtener más ganancias? La contestación afirmativa te dirigía en este caso a la suscripción de revistas especializadas o de foros o servicios financieros para hacer que los ahorros o las inversiones obtengan grandes y sorprendentes beneficios.

El avezado lector ya habrá advertido por dónde vi la incongruencia de la encuesta en su conjunto. Las operaciones bursátiles arriesgadas o la inversión en valores que ofrecen alta (no alta, altísima) rentabilidad como las que proponían en la encuesta no están exentas de consideraciones éticas. En el llamado mercado de valores donde no se crea riqueza y tan sólo se redistribuye a golpe de rumores o de información privilegiada, para que unos ganen otros tienen que perder. Esto es la base de los juegos de suma cero: no se genera riqueza sino que el beneficio que uno logra es porque se lo ha hecho perder a otro. Los enriquecimientos de esta índole llevan detrás la ruina de otros.

El objetivo de la encuesta, estaba claro, era conseguir la suscripción de los encuestados a listas de ofertas de productos, de revistas, pero también a foros o servicios financieros para conseguir altas rentabilidades para los ahorros, sin cuestionarse si los beneficios vienen de inversores menos informados a quienes se les quita el pan o se les arruina. Bueno, dirá alguno, cada cual debe saber dónde se mete, vas con el ánimo de ganar mucho y a lo mejor te arruinas como puede suceder en el bingo. Ludopatías aparte, las inversiones bursátiles y los productos financieros complejos sin duda son tanto más atractivos cuanto mayores son las ganancias que se prometen. Pero sólo algunos saben de verdad el riesgo que corren. Otros no, pues muchos afectados por las "preferentes" no lo sabían. Ahora bien, si usted fue de los que así, por azar de la vida o el soplo de un amigo se encontró la suerte de cara y los dividendos le llegaron fruto de una compraventa especulativa y eso agitase a Pepito Grillo o incluso le quitase el sueño, no olvide que tenemos para usted una suscripción para paliar el hambre de los negritos de África, a los que puede hacer llegar parte de sus ilícitas ganancias, como donativo, y lavar un poco su conciencia, faltaría más, que usted no puede dejar de ser un enriquecido por la especulación pero solidario.

Lo malo sigue siendo que considerar "ganancias ilícitas" las así obtenidas al amparo de las leyes del mercado, o nos lleva a pensar que no son en absoluto ilícitas puesto que están respaldadas por la ley, o son las leyes que tal permiten las que no son demasiado éticas. Y puesto que la gran mayoría de las personas recibiría las ganancias que le llegasen sin preguntarse demasiado por su procedencia, a lo peor lo que está fuera de lugar es incomodar a los lectores con entradas como ésta.

2 comentarios:

  1. En primer lugar, lejos de incomodar, esta entrada es sugestiva, bueno, como todas las que voy leyendo de este blog, por el contenido y porque me parece interesante ver como un médico trata temas de índole ético-económico-social, además de los propios de la medicina, de una manera libre, sin tapujos, en un medio público como un foro. También porque tal y como están enfocados, puede verse claramente que muchos problemas de salud tienen su origen en cuestiones de orden ético, cultural, económico y social.

    Además, no sé si viene al cuento, pero particularmente, este tipo de comentarios, me recuerdan a una persona, un sacerdote concretamente, que en una época en la que no había ni ordenador, no podía expresar pública y libremente sus comentarios, debido a las acusaciones que se cernían sobre él como sacerdote y como persona, referidos a temas sobre ética, sociales, planteándose dudas sobre la frontera entre religión y ciencia y sobre el origen del hombre, y se limitaba a escribirlos en papel porque disfrutaba haciéndolo y archivándolos en un cajón, siempre con la esperanza de que alguien los leyera algún día y que a mí, muchos años después de escribirlos, me iba contando de palabra de vez en cuando y que en los últimos años de su vida se atrevió a darme algunos para leer . Ahora, por circunstancias de la vida, tengo todos esos escritos que estoy leyendo, de lo cual me considero afortunado. Con esto quiero decir que los que tenéis el incentivo de escribir y transmitirlo por cualquier medio, sea lo que sea, sigáis haciéndolo, siempre habrá algún lector que le pueda interesar.

    Hoy día la mayoría de las sociedades se rigen por un sistema económico basado en el capitalismo, no sé si decir que impuesto por ciertos poderes fácticos o incluso por el propio Estado o fruto del propio progreso o evolución de la sociedad. Lo que sí parece claro es que es la causa de muchas desigualdades. La riqueza considerada como un plus de ganancia en relación con el plus de trabajo ha dejado de distribuirse entre los que la producen y pasa a manos de los capitalistas, lo cual conlleva a la explotación del trabajador y a su mayor empobrecimiento. Aunque esto suena a cierta teoría económica, es la pura realidad. De poco valen las medidas del gobierno, por ejemplo de tipo fiscal, si no se solucionan verdaderamente los problemas como es el que las personas pudieran tener un trabajo y con su rendimiento puedan hacer frente a sus necesidades y obligaciones. Me surge la duda de si el “Estado” puede haberse convertido en uno de esos poderes fácticos, tomando medidas que solo sirven para el enriquecimiento de los que dirigen sus instituciones y alargar su permanencia en las mismas. Como decía un buen hombre, “la verdadera economía no va nunca contra los principios éticos más elevados, así como la ética verdadera, para merecer su nombre, debe ser al mismo tiempo de buena economía. La economía verdadera defiende la justicia social; promueve el bien de todos a partes iguales, incluyendo a los más débiles; y es indispensable para una vida decente”. ¡¡¡ Palabras mayores ¡¡¡, que forma más digna de entender la economía. No sé si hoy día se podría cambiar la forma de entender la economía.


    Por otro lado, las leyes no entienden de ética, solo son el reflejo de la sociedad existente en cada lugar y en cada momento y casi todas tienen una base económica aunque sus fines sean simplemente sociales, ya que se deben ajustar a unos límites presupuestarios o impuestos por el régimen económico existente. Además, actualmente, el sistema de creación de una ley, en la mayoría de los casos, parece más el capricho de los diputados pertenecientes al partido gobernante y a los partidos recompensados con sectores de poder en el gobierno por acuerdos, más que responder al origen propio que tendría que tener una ley que es el de la soberanía popular, la cual se confía a unas personas para que nos representen a todos y lo único que hacen es aprovecharse de ella.

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    1. Muchas gracias por su comentario en una de estas entradas solitarias, poco visitadas, quizás por incómodas. La sociedad en general y los políticos a los que la sociedad vota se han desviado de lo que sería una sociedad justa. El egoísmo tiene ganada la partida y el concepto de solidaridad está vacío, hueco.

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