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domingo, 8 de junio de 2014

Expectativas de la vida (sí, no es expectativa de vida)

Comienzo esta entrada de título más filosófico que médico contando lo que me pasó hace tiempo pero que recientemente me ha servido para reflexiones personales y, entre otras cosas, para escribir esto. Íbamos a hacer una endoscopia digestiva a un niño de 9 años. Al igual que cuando procedemos con los adultos, al sedarle le pedimos que piense en algo agradable con lo que soñar, con algo que le guste mucho. Aquel niño nos dejó boquiabiertos al decir: "A mí, lo que me gusta es jugar al fútbol y perder". Nos miramos pensando que había errado en expresar su deseo quizás porque la sedación ya empezaba a hacerle efecto y me apresuré a corregirle: "Hombre, querrás decir jugar al fútbol ¡y ganar!". Y en el último suspiro antes de perder el conocimiento arqueó las cejas sin ya poder abrir los ojos y con un gesto tibiamente ilusionado dijo con voz apagada: "¿Ganar? Eso debe ser la leche...".

La endoscopia sucedió sin incidencias y aquel muchacho estaba sano, al menos desde el punto de vista digestivo. Pero me quedó su recuerdo permanente para considerar con frecuencia cuáles son las expectativas que cada cual se marca ante la vida y cómo influyen más o menos para conseguir lo que se desea en esta vida, que es ser feliz. Desde una perspectiva ambiciosa se suele aconsejar a los niños "que apunten alto" como expresión de que así llegarán más lejos. Lo de apuntar alto tiene, claro, su tope, porque por la física sabemos que apuntar más alto de 45º no contribuye a llegar más lejos y que si sigues apuntando más y más alto... es como escupir hacia arriba. El consejo aquel de apuntar alto venía casi siempre con la coda final de que "ya la vida misma te bajará el punto de mira". Vamos que se trata de arrancar fuerte en la vida porque luego vienen los chascos, las desilusiones. Hemos de aspirar a ser mucho y así es posible que lleguemos a ser algo.

En esta rutina que se vuelve la vida, con el paso de los años a menudo se echa la vista atrás para comparar lo que se pretendía con lo que se consiguió y ver el desfase. Quizás alguno vea que su vida se desarrolló más o menos como lo planeaba. Pero es la excepción. Lo que veo en la consulta son muchos pacientes que de una manera u otra te comentan lo distinto que ha sido todo respecto a sus expectativas, tanto para bien como para mal. Y es más frecuente, parece lógico, que los que acusan molestias digestivas han tenido en la vida más disgustos que satisfacciones respecto a las expectativas que se marcaron. Hay quien planeó tener hijos y no los tuvo, hay quien anheló tenerlos y cuando los tuvo se arrepintió por los disgustos que le reportan, hay quien soñaba con un puesto de trabajo que no alcanzó y otro que lo consiguió pero a costa de sacrificar un matrimonio (o dos); hay otros que alcanzan las metas que se propusieron dejando en el camino muchos cadáveres que se levantan en el ocaso de la vida, otros que efectivamente alcanzaron  incluso superaron sus objetivos pero allí tampoco encontraron lo que buscaban. Los conceptos de éxito o de fracaso están muy vinculados a las expectativas sociales: un broker exitoso sería considerado un "pringao" entre los pueblos primitivos que todavía perviven y que apenas dedican tres o cuatro horas al día a faenas de subsistencia. Claro está que ellos no aspiran a tener un Ferrari porque además no saben conducir ni hay carreteras donde viven.

Es lo malo de apuntar alto... cuando no se sabe dónde se quiere llegar. Como decía Séneca, para quien no sabe dónde va no existe viento favorable. La sociedad y sus costumbres nos enseñan, como parte de la cultura, las metas y los fines apetecibles. De un tiempo a esta parte, han proliferado los individuos que aspiran a dar el "pelotazo". A ver cómo se puede conseguir un chollo sin apenas esfuerzo. No se trata, ni mucho menos, de una aspiración moderna: siempre ha sido algo anhelado. Quizás en otros tiempos el éxito se entendía más vinculado al esfuerzo y al mérito que ahora. Normalmente los comercios o pequeñas industrias se forjaban sobre mucho trabajo y dedicación. Ahora conseguir las cosas con esfuerzo no es atractivo, precisamente por eso, porque hay que esforzarse... y además el sacrificio no garantiza un éxito que parece que se decanta más por el lado de los advenedizos, los arribistas, los enchufados, los amigos de alguien,.... Con este panorama, ciertamente resulta poco atractivo luchar por hacer valer los méritos propios en un mundo donde la honestidad no cotiza. Uno de los profesores del Máster en Dirección Médica que cursé fue tajante al dirigirse un día en seco a los alumnos: si ustedes aspiran a dirigir un Hospital, pierden el tiempo viniendo aquí, lo que tienen que hacer es que afiliarse a un partido político y esperar a que les llegue el turno.

Si el grado de felicidad que uno alcanza en la vida está en función del binomio aspiraciones/metas conseguidas, podemos mejorar esta tasa de felicidad sin devanarnos los sesos buscando lograr altas metas, simplemente bajando el umbral de las aspiraciones. Que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Una de las entradas más leídas de este blog ha sido http://www.elmedicotraslaverdad.blogspot.com.es/2012/12/la-felicidad-no-es-un-destino-es-una.html con unas reflexiones acerca del modo en que empleamos nuestro tiempo. Deberíamos sentirnos felices tan sólo por el mero hecho de jugar, como se sentía aquel niño de la endoscopia. Jugar ya es todo un aliciente. Porque lo de ganar o perder es un convencionalismo social. En lo humano ves tantas victorias pírricas o sale triunfante el perdedor moral. La ofuscación nos impide saber si es más adecuado estar del lado del verdugo o de las víctimas, y a pesar que nos movemos en tiempos convulsos que casi exigen tomar postura, uno querría vivir en el anonimato, si en un extremo ni en el otro. Las situaciones injustas que, no por ser cada vez más frecuentes, flagrantes y comentadas dejan de ser por ello dolorosas, deterioran la fe en el ser humano. Duelen las tripas, se revuelve el estómago, se pierde el apetito... pero ¡qué menos! Si el organismo no responde fisiológicamente ante las tropelías, es que estamos dejando de ser humanos. Todo afecta al organismo, las emociones también, porque forman parte de nuestra vida.

10 comentarios:

  1. Estupenda entrada, Doc. Me ha hecho el día leer algo con corazón y sabiduría. Tanto así, que he llegado con un estómago gruñón y me voy listo para merendar. Saludos desde México.

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    1. Ojalá este tipo de entradas, en las que creo que más se toca de cerca al ser humano, más que palpando tripas o escrutando excrementos, fuesen más leídas y más difundidas. Allende los mares, en México, comienzo a ver que hay muchos visitantes de este blog. Gracias por difundirlo.

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  2. El hombre es sociable por naturaleza, y aunque parezca una contradicción, este comportamiento no es más que para satisfacer sus propias necesidades, es decir, el hombre es sociable por egoísmo. Resulta más beneficioso vivir en sociedad, relacionándose con los demás y creando convencionalismos sociales que, en ciertos casos, resultan beneficiosos para todos y, en otros casos, son manipulados por unos pocos en aras a conseguir ventajas mayores para que sus necesidades se vean cubiertas. Esto es una ley de vida que hay que asumir, a pesar de que pueda parecer que más que satisfacer necesidades nos está llevando a la “perdición”. Cada vez nos creamos más necesidades porque cada vez somos más egoístas. Ya se trate de necesidades puramente materiales o morales, el hombre, bajo el ancho manto de la sociedad que todo lo admite, ya sea por el bien de todos o por el de unos pocos, va generando unas pautas de conducta para satisfacerlas, y que para que no se conviertan en un caos, le damos un orden convencional y si nos salimos de él somos castigados de alguna manera.

    La interpretación individual de los convencionalismos sociales no parece por sí misma “justificada” si no fuera por la existencia de un arraigo colectivo de la pauta que sirve de base a ese convencionalismo. Cuando se sigue una pauta personalizada es porque se conoce también el aspecto social de la misma, vivimos en sociedad y eso no podemos evitarlo, ya sea para bien o para mal. Los convencionalismos sociales son consecuencia de la propia evolución del ser humano, y aunque es difícil salir de su entramado, no es algo hermético, y si se dan las condiciones adecuadas, la sociedad, a veces, permite por diversas razones, otras opciones personalizadas, sin seguir rígidamente esos convencionalismos.

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    1. Bastante de acuerdo con lo que comenta. Quizás la lectura de este comentario deja un cierto poso de pesimismo, como si estuviésemos inevitablemente abocados a un destino gris, sociables por naturaleza en un sociedad que hemos convertido en una jungla. La nota de optimismo supongo que viene por hacer valer la capacidad del ser humano de cambiar el entorno amenazador y hostil. ¿Seremos capaces de no contagiarnos del egoísmo imperante? Porque la conversión al "lado oscuro de la fuerza" muchos lo ven como conditio sine qua non para sobrevivir en esta jungla.

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  3. Hay metas o expectativas que, la propia dinámica de la vida, la propia vida en sociedad, te va planteando y que son relativamente “fáciles” de identificar. Los caminos para conseguirlas pueden ser muy diferentes, en unos casos supone un gran esfuerzo y sacrificio y en otros se trata más de una cuestión de oportunidad, o que se den ambas cosas.

    También se puede hablar de otro tipo de expectativas más “trascendentales”, por llamarlas de alguna manera, que no tienen que ver tanto con la oportunidad y sí con unos principios y valores de las personas. Por ejemplo, la expectativa de conseguir una capacidad de discernimiento cada vez mayor, para lograr una vida mejor para todos. Supongo que para muchos esto no supone una expectativa a conseguir en la vida, por que entraría dentro de la propia forma de ser de cada uno y que es algo que se tiene o no, pero yo creo que hay mucha gente que cada día intenta aprender y superarse en este sentido pese a las dificultades que presenta el día a día. Llegar a tener la capacidad de saber cómo y cuándo se tiene que tomar una decisión adecuada sin perjudicar a los demás, la capacidad de actuar con criterio, la capacidad de hacer valoraciones justas y sensatas, la capacidad de razonamiento, la capacidad de comprensión, etc., se pueden considerar expectativas a lograr que nos ayudarían a ser mejores personas y a vivir mejor.

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  4. “Las exigencias de la vida, en cierto modo, privan al hombre de su propio albedrío, le hacen esclavo de una voluntad gregaria, que ni goza ni siente, si no que va en un sentido u otro, arrastrada por las circunstancias del momento, accionada por causas absolutamente extrañas a su voluntad”.

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    1. Bueno, quizás este sea el enfoque existencial de los Minions...

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  5. Realmente, mucha gente no es consciente de lo que la vida nos ofrece y pone a nuestro alcance. Hay que sufrir o ser testigo de situaciones límite para darnos cuenta. Hay que vivir el presente, aprovecharse del pasado y tener la esperanza de un buen futuro. Si hay algo que no se nos puede quitar, es el soñar, que parece que hoy día no se hace. La propia dinámica de vida en la que nos movemos no nos deja ni soñar. Sí, soñar, pero despiertos, quizás sea la máxima expresión de nuestra libertad individual. Cada uno es libre para soñar lo que quiera y cuando quiera, y si uno quiere, no hay nada que pueda impedirlo. No se necesita nada para soñar, es muy fácil y no tiene coste alguno. Ya solo soñar es algo que nos causa un gran beneficio, pero lo bueno es que, a veces, los sueños se convierten en realidad. La lucha por conseguirlo se convierte en el camino para realizarnos como personas y forja nuestra personalidad. El conseguir el sueño deseado supone la culminación de nuestras expectativas de la vida. Si no se consigue hay que volver a soñar e intentarlo de nuevo. Esto es lo que da sentido a la vida.

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  6. Hoy, casualmente, he tenido la ocasión de escuchar a Albert Espinosa hablando de la felicidad y del sentido de la vida. Sin duda que su forma de ver la vida haría feliz a mucha gente. He querido mencionarlo aquí por si alguien tiene la curiosidad y quiere saber algo más. La verdad es que merece la pena.

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    1. Efectivamente, la experiencia de personas que han tenido comprometido su horizonte vital es muy útil para conocer la verdadera esencia de la existencia. Conocí a Albert el año pasado con ocasión del programa "Esto es Vida". Le invitamos a hablar de su experiencia y no defraudó a la audiencia.

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