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lunes, 15 de mayo de 2017

Igualdad, ni posible ni deseable

Si alguno queda que no se haya enterado, desde hace lustros voto en blanco. No participo en las críticas a este o aquel partido porque todos me parecen faltos de ética. Todos, en el panorama actual. Pero porque el sistema político está montado así, corrupción sobre corrupción. Y esto no significa que no me preocupe la política, en absoluto: antes al contrario, la política me importa demasiado. Como padre de familia numerosa, como trabajador que cotiza, como ciudadano que ve ciudadanos menesterosos, como formador de futuros profesionales,... y por supuesto también como médico. De hecho, como médico hace tiempo que escribí que un auténtico médico, preocupado por la salud corporal y mental de sus pacientes, no debía estar al margen de la política, pues sin lugar a dudas, las medida que se adopten legalmente forjarán cabezas mejor o peor amuebladas. Leyes para menores, para botellones, para educación, para conducción, para finanzas, para protección social, para repartos presupuestarios,... Todas las medida políticas tienen repercusiones sociales. Y el ser humano vive en sociedad, ahí es donde se construye su carácter, su persona. La sociedad sana propiciará individuos sanos. La sociedad desequilibrada y sin valores, tenderá a producir ciudadanos para un "sálvese quien pueda", egoístas y sin capacidad de cooperación. Lo dejo como apunte para reflexionar sobre la deriva de brutalidad social que cada día da una vuelta de tuerca más: algo estamos haciendo mal.

Perdón por este párrafo preámbulo que necesitaba para entrar en materia. Lo ha dicho una persona de la vida política española y la prensa lo destaca en titulares: "pide un modelo territorial que garantice la igualdad". Lo ha dicho un persona concreta, pero podía ser de cualquier partido. Porque hoy no hay discurso político en el que no salga por todas partes la igualdad como un objetivo irrenunciable, una bandera a la que todos se pegan. Y no. No hay igualdad posible. Pero es que ni la hay, ni es deseable. Con esto entró en materia echando leña a mi pira.

Es absurdo hablar de igualdad, señores políticos. ¿Dónde ven ustedes que seamos iguales? ¿En estatura o peso? ¿En el color de los ojos o el acento al hablar? ¿En el saldo de la cuenta bancaria o el coche que conducimos? ¿En los hábitos alimentarios o la procedencia geográfica? ¿En el acceso a la sanidad o el el trato ante la ley? ¿En la cultura, erudición o educación? ¿En los destinos turísticos o las jornadas laborales? ¿Dónde somos iguales, si es que somos iguales en algo? Repetiré esta pregunta al final, pero a simple vista,... poco iguales somos.

Pero, ¿sería deseable que fuésemos iguales? ¿Sería posible? Creo que la respuesta a ambas preguntas es que no. La variabilidad garantiza la supervivencia de la especie, debemos ser distintos porque de esa forma nos complementamos y lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro. Señores, no se engañen ni permitan que los que pretenden gobernar o gobiernan les hablen de "igualdad" de ningún tipo como algo a defender y conseguir o como algo de hecho logrado. No hay igualdad de oportunidades, ni de género, ni ante la ley, ni en el trato fiscal, ni de acceso a la sanidad,... No, no la hay ni la puede haber. Y, por extraño y duro que parezca -más leña para mí pira- ni conviene que la haya. Evidentemente (por quitar algo de leña...de mi pira) no estoy declarándome partidario de fomentar desigualdades: simplemente las asumo como algo inevitable, que están ahí y contra las que hay que elaborar medidas para que esas desigualdades no sean clamorosas, sean las menos posibles, sobre todo evitando diferencias notables entre los más y los menos favorecidos por esas desigualdades. Pero de la diferencia surge el estímulo para mejorar.

Afortunadamente no somos iguales. Yo lo reconozco y lo celebro. Como usted, lector, también lo reconoce, le guste o no. E incluso hasta el político desde su pedestal llena su discurso con estas y otras frases en las que no cree en absoluto: "lucho por la igualdad", "quiero garantizar la igualdad". Y lo peor no es que lo digan, es que hay gente que se emociona con este mensaje, totalmente falso e imposible, y les dan su voto de confianza.

Podría usted entender de genes y saber que cada uno tiene su código genético (*), análogo entre individuos de la misma especie, pero distinto y único en cada individuo. Pero mucho más importante que el código genético, lo que marca la mayor o menor posibilidad de supervivencia en España es el código postal: no se tiene igual acceso a los recursos sanitarios dependiendo de la región o comunidad autónoma donde vivas.

¿Dónde somos iguales los seres humanos para que tanto hablemos de igualdad? Yo tengo la respuesta. Por eso procuro tratar como iguales a todos mis pacientes (siendo todos diferentes), aplicando por igual mis conocimientos (o la falta de ellos) y recursos. Y a algunos de mis pacientes les digo la respuesta. Se la diría a todos, pero no todos la entienden. Es fruto de la desigualdad que rige el mundo. Por cierto, alguno ha preguntado por qué desde Rusia leen tanto este blog... ¿alguien que viva en Rusia podría dar alguna explicación?.

(*) A instancias de mi amigo Luis Francisco, preciso biólogo, debo aclarar que el código genético es igual para todos los seres vivos, lo que nos distingue es el genoma y epigenomas. Me he permitido esta licencia, que no es académicamente correcta, para jugar con la analogía entre código genético y código postal.

15 comentarios:

  1. Sólo matizar que cuando los políticos hablan de igualdad entre personas y entre regiones, se refieren a igualdad de derechos y de deberes, no a igualar cromosomas. La dificultad estriba en descentralizar y al mismo tiempo mantener unos mínimos derechos y obligaciones iguales para todos los ciudadanos, independientemente del código postal.

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    1. Vale la puntualización y quizás es que no podemos ser iguales ni en cromosomas ni en derechos ni en deberes: porque ni la naturaleza está por ello ni está en la mano de los políticos.

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  2. Ganglios cervicales posteriores moviles rodaderos no adheridos blandos e indoloros desde hace algo mas de 1 año, he tenido foliculitis bastante pronunciada en la nuca, puede ser esa la causa de las adenopatias?

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  3. Pues sí, pueden tener relación con la foliculitis, es una buena causa. Pero igualmente pueden tener que ver con otro tipo de estímulos inespecíficos. A menudo no se encuentra una relación causal entre un hallazgo y su causa. Por ejemplo, sin ir más lejos, no sé qué relación tiene esta cuestión o comentario con la entrada del blog. Hay cosas en la vida que no se les encuentra explicación plausible.

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    1. Y porque solo los tengo en el lado derecho y en el izquierdo no? Es patologico tenerlos solo en un lado y no en los dos? Gracias

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    2. ¿Y por qué ha de doler en los dos sitios? La apendicitis, por ejemplo, sólo da a un lado y las cefaleas no tienen que ver con los juanetes...

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  4. Doctor no se si viste mi comentario pero es el siguiente: que puedo hacer con los ganglios residuales en el cuello para que baje la inflamacion de estos o bajen de tamaño y desaparezcan? Es que me da verguenza que me los vean y me preocupo por tenerlos ahi... un saludo y gracias, ¿se podran desinflamar con el tiempo? ¿ que pasa si me los toco todo el rato? Gracias

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    1. Veo y contesto muchos mensajes de ganglios en el cuello que preocupan al que los tiene. Lo que pasa es que veo esos mensajes donde no toca, en cualquier sitio de este blog, sea en la entrada que sea, y los contesto habitualmente. Los ganglios cuando se inflaman pueden disminuir en algo su tamaño cuando cesa la causa de la inflamación pero nunca volverán a ser indetectables, sobre todo porque el paciente no dejará de estimularlos a base de tocarlos.

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  5. Doctor, este último alegato suyo me ha dejado pensativa, como otros de sus escritos filosóficos -que cuando le habla a profesionales de la medicina me quedo como si tal, claro-.
    A veces no sé si es usted tirio o troyano. Tengo que leer el artículo más de una vez. Pero creo que NO voy a ser yo una de las que echen leña a su pira. A veces me recuerda a mi marido cuando dice que deberían poner difícil legalmente lo de casarse, no lo de divorciarse; o que le choca que haga falta papeleo para todo menos para tener un hijo,o que le parece mal que no te dejen pasar un par de semanas en una casa antes de comprarla...
    Así que me fui con la tablet a mi club de lectura, y cuando terminamos de desmenuzar el libro que tocaba les pedí a mis amigos que me dejaran leer su artículo (de usted) para que me dieran su opinión. Así, de postre.
    Bueno, pues aplaudieron. Unanimidad. Así que debe usted tener buen ojo. Oder?
    Le iba a preguntar algo sobre la vesícula, pero ya se me ha olvidado...
    En otra ocasión será.
    Gracias por su paciencia.

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    1. Muchas gracias por su divertido comentario. Para alguien que frecuenta clubes de lectura creo que este tipo de artículos como los que ofrezco en el blog incentivan al debate, a confrontar las cosas contemplándolas desde diferentes perspectivas. Cuando de la lectura repetida de un texto se van sacando ideas diferentes y complementarias, eso es señal de que el escrito tiene pinta de convertirse en un clásico, una obra por la que no pasa el tiempo, porque se aplica a todas las generaciones de todos los lugares. Es lo que me sucede, por ejemplo, cada vez que vuelvo a leer El Principito, que caigo en cosas que no vi las otras veces. Si de la lectura de un texto por varias personas se puede establecer un debate enriquecedor, probablemente ese texto tiene enjundia.
      Sólo pretendo estimular la reflexión y si lo consigo, objetivo cumplido.

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  6. “No se trata de tener derecho a ser iguales, sino de tener igual derecho a ser diferentes”.

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  7. No somos iguales, es natural, pero se han conseguido muchos logros para el conjunto de la sociedad invocando el argumento de la igualdad. Hay algo en cuanto a la igualdad que hace que merezca la pena seguir luchando por ella continuamente, por lo menos, por la igualdad de trato. Si la igualdad beneficia al grupo, el individuo también se beneficia.

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    1. No creo que su señoría acepte la igualdad de trato. Y eso que su señoría vela por la justicia y la igualdad. Todos somos iguales...(¿dónde?) pero unos son más iguales que otros.

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    2. Igualdad y Justicia no van en el mismo saco, son cosas diferentes.

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    3. Naturalmente que igualdad y justicia son cosas diferentes. Como son diferentes la justicia y el derecho o la ley y el orden...o la sanidad y la medicina.

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