viernes, 22 de diciembre de 2017

Falta de fe


No sé si será porque se acerca la Navidad pero estos días se han dado una serie de circunstancias que han despertado mi sensibilidad. Las cuento de forma escueta y luego voy al grano de esta entrada.

Leía en la prensa hace unos días que los iberoamericanos desconfían en gran medida de su policía. No creen que sean de fiar porque los consideran corruptos en gran medida y cuando ven un delito temen llamar a la policía porque creen que será peor. De esta noticia saltaba a otra que analizaba con encuestas (lo que dan de sí esos resultados...) el grado de confianza de los españoles en las diferentes formaciones políticas que concurren a las próximas elecciones, regionales, sí, pero con marcado carácter nacionalista. Los resultados venían a poner de manifiesto la poca fe que los ciudadanos tenemos en nuestros gobernantes y en sus capacidades para buscar eso que se dio en llamar "bien común".

Luego tuve noticia a través de mi hermana de la escasa empatía con que un amigo había sido atendido en un centro médico privado en el que había estado ingresado seis días. Se quejaba de la frialdad de la atención por parte del equipo médico, que al parecer se había limitado a hacer lo mínimo imprescindible pero sin derrochar empatía. Y me lo contaba mientras salía yo de visitar a un conocido en un gran hospital de la Seguridad Social que venía a decir lo mismo: muchos médicos y residentes universitarios que pasan para aprender medicina pero que suspenden en amabilidad, cariño, capacidad de comunicación.

A continuación escucho por la radio el lamento de un juez al que le acusan de prevaricar y en su defensa dice que él no busca la justicia, que se limita a aplicar la ley. Probablemente es lo justo, pero quizá a los ojos de la gente profana, el comentario nos deja un poco tristes pensando que debería pretender algo más.

De camino al metro dos jóvenes se quejan que su profesor sea un amargado y no tenga vocación docente. Aseguran que suspende a diestro y siniestro, sin motivo ni razón, porque está frustrado en su vida personal. Y ya por arremeter con todas las profesiones, humanas y divinas, escucho en el metro las conversaciones de gentes indignadas por los curas pederastas y una señora anciana que lamenta que los curas no sean como antes, ante la mirada furibunda de un joven con rastas que sostiene que "los de antes" eran aún peores.

Todas estas situaciones que he vivido en apenas una semana han sido el germen de esta entrada. Todas las profesiones, todas, no sólo la de juez, político, profesor, médico, policía o sacerdote, nos deben evocar el carácter vocacional y de servicio a lo demás. Nuestra sociedad se ahoga en el descrédito, la desconfianza. No se presta un servicio para ayudar a una persona sino para aseguraros una nómina con la que satisfacer nuestras necesidades materiales. Aquello de "la satisfacción por el deber cumplido" es retórica pasada, como cuando nos hablaban de la ética profesional.

Nuestro mundo se muere por falta de fe. La desconfianza y el recelo agostan las relaciones humanas y la sociedad se disgrega en individuos aislados. Nadie es quien dice ser en las redes sociales y llenamos las calles de luces absurdas y músicas altas y sinsentido para alentar al consumo, a las compras irracionales con las que tapar la esencia de la Navidad. Si la Navidad no es más que gasto y desearse con gesto bobalicón unas "felices fiestas" se comprende perfectamente el hastío y tedio de quienes ven en estas tristes fechas un incentivo al consumismo, sin más. Y razón tienen para estar rebotados contra esta farsa comercial. Si la Navidad no es la conmemoración de que un día en la historia de la humanidad se juntó lo humano con lo divino... esto es una estafa. Pero es lo lógico y coherente desde el prisma de quien cree que Dios y su cortejo es un invento humano con muchas posibilidades de merchandising.

Sin embargo, aquellos que realmente creen y esperan en el Hijo de Dios hecho Hombre, tienen motivos reales para la alegría y la felicidad. Pero para eso hace falta fe. Y la fe escasea, falta, para que se cumpla lo que dijo: Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lc 18, 8). A quienes viven la Navidad, feliz Navidad. Y quienes sólo la soportan porque no queda otra, que se pase rápido y no os amarguéis demasiado ni gastéis en exceso, que luego viene la cuesta de enero con sus rebajas.

¡Feliz y Próspero año 2018!


viernes, 1 de diciembre de 2017

Abstenerse de lo imposible

Ya pasan de 600.000 las visitas a este blog, cada vez más consultado. El pasado día 3 de noviembre por la tarde asistí a una entrevista que me hicieron desde una organización de pacientes con celiaquía. En principio iba a ser de media hora pero en el vídeo se ve que estuve más del doble, unos 70 minutos (desde el minuto 40 a la 1h 50 minutos). Ahí anticipé que iba a colgar esta entrada que llevaba tiempo pensando que debía hacerlo, aunque hay mucho riesgo en que el contenido no siente demasiado bien. Confío que los lectores lo entiendan.

Muy conocido resulta por todos el axioma atribuido a Hipócrates primum, no nocere, lo primero no hacer daño. El segundo axioma es quizás menos conocido: abstenerse de lo imposible, referido a no actuar cuando la enfermedad era mortal por necesidad. Alguna precisión se podría hacer a esta segunda aseveración. Porque no se trata de denostar los cuidados paliativos o dejar de lado al paciente moribundo ni tampoco de incentivar el inmovilismo porque sin afrontar nuevos retos la ciencia no avanzaría. A propósito de esto me gustó la expresión esa de "lo hicimos porque no sabíamos que era imposible". Está claro que ante lo etiquetado como imposible, muchos abandonan sin intentarlo. Otros creen que sólo seguirá siendo imposible mientras no haya quien lo intente superar.

Pero el título que he elegido para esta entrada obedece al creciente compromiso en que me encuentro y debo sincerarme con el creciente número de lectores y seguidores de este blog. A pesar de que he dejado constancia de muchas respuestas que este blog no es un consultorio, cada vez son más numerosas las peticiones de ayuda para enfocar de una manera satisfactoria los problemas médicos personales. Es cierto que en algunas ocasiones he ofrecido soluciones concretas, no sin advertir de que el foro es público y abierto. Pero itero y reitero que no es correcto hacer medicina así. La finalidad de este blog es incentivar el pensamiento crítico, pensar en alternativas, a la vez que procurar aclarar conceptos generales, mostrando que tenemos muchos conocimientos prendidos con alfileres. Es evidente que también tiene un fin didáctico y de ayuda para los lectores. Y muchos lo reconocen así en sus comentarios. Pero debo llamar formalmente la atención de los lectores de que, mientras no evolucionen los métodos actuales de registro de datos sanitarios, no se debe hacer medicina por internet. Cada vez hay más lectores en la red preocupados por temas médicos y desde este foro queremos aportar algunos destellos de luz en el controvertido mundo de la sanidad. Quizás sea un indicador de su éxito el hecho de que cada vez me llegan más consultas personales y complejas. Por diferentes medios. A veces son personas que se encuentran con muchas molestias pero que no sale reflejado en las diferentes pruebas que les han practicado, de esos pacientes que no tienen nada pero están muy molestos. Otras veces son de pacientes en los que hay numerosas alteraciones, a veces graves, y los distintos médicos a los que han consultado no dan con lo que les pasa ni encuentran remedio satisfactorio.

Tanto en un caso como en el otro, más grave acaso en el segundo, las consultas por internet tienen varias consideraciones que quiero dejar constar:
1.- En el acto médico, aparte de una anamnesis dirigida por el médico, hay una exploración física que ofrece muchos datos y en ocasiones la clave, de lo que le sucede al paciente. En mi opinión de gastroenterólogo (y tan sólo es una opinión, respeto las contrarias), no se debe tratar a un paciente al que no se le ha tocado la tripa, no es de recibo la medicina por teléfono o por carta. Cosa diferente pueden ser ajustes de medicación a un paciente ya conocido y explorado, pero incluso así, con reservas.
2.- Las consultas médicas siempre deben tener garantizada la privacidad. Un blog abierto es un foro público y a nadie le interesa saber cómo andan las transaminasas de un apurado lector. En algunas ocasiones hemos llevado al conversación a correo privado, pero en estos casos siempre ha sido para dar alguna precisión u orientación pero no con el ánimo de establecer relaciones de médico-paciente.
3.- Aunque el atribulado lector vierta datos sobre análisis o su situación, no hay diálogo sino que la información fluye sólo en una dirección. Sólo es el paciente el que dice qué le pasa o siente pero yo, como médico, no puedo hacer preguntas o solicitar precisión de algunos síntomas o qué se esconde tras de "la analítica, todo normal". Porque no sé si en "todo" solo se incluye glucosa o colesterol o hay un perfil de autoinmunidad o un proteinograma.

Y cuarto y último, y por ser lo que más deseo destacar va en párrafo aparte: muchos pacientes han sido o están siendo tratados por colegas míos. Mis opiniones a veces son expuestas como argumentos de valor frente a colegas que no tienen, como yo, meras conjeturas sino pruebas, resultados, datos. Y esto sucede sobre todo en aquellos casos complejos que han visitado a numerosos médicos, centros y hospitales, sin encontrar alivio a sus males. Ni que decir tiene que entre mis colegas, ya de suyo atribulados por no encontrar remedio a estos pacientes, no reciben con agrado las opiniones de un gurú que a distancia y por internet les siembra dudas peregrinas, algunas que ya han entrado en su consideración y han descartado y otras que ven sin fundamento o visionarias. Efectivamente, es una situación desagradable y tensa, porque con esta actitud desde la deontología se me puede recordar lo que ya he dicho en negrita: no se debe tratar pacientes por internet, sin haberlos visto.

Se puede producir una disparidad de criterios, una divergencia en el enfoque que genera conflictos. Y desde estas páginas deseo dejar constancia de que en caso de presentarse discrepancia entre los médicos que asisten a sus pacientes y mis opiniones al respecto, prevalece siempre la opinión de los médicos que tratan a sus pacientes. La mera posibilidad de que tal enfrentamiento se produjese hace más aconsejable que evite en lo posible entrar a resolver las consultas personales. Esto es muy diferente a la actividad que realizo por otros medios de ofrecer segundas opiniones, con remisión de informes y diálogo directo y privado con los que consultan. El desarrollo de los medios de comunicación permiten que hoy en día viajen los informes y no los pacientes. En mucho más rápido, cómodo y eficiente porque nos permite contrastar opiniones divergentes, analizar casos difíciles de resolver.

No estoy molesto por las consultas o incluso por las llamadas que recibo (en ocasiones de madrugada porque el mundo tiene muchos husos horarios), pero apelo al sentido común del compromiso que supone "acertar" con lo que tiene un paciente a miles de kilómetros después de haber sido valorado por otros colegas. Seguiré con la modesta actividad de divulgación sanitaria a través de este blog porque creo que sirve de ayuda a muchos lectores. Lamento que a otros les parezca insuficiente pero me sirve de acicate para mejorar los contenidos y acercarme en lo posible a sus expectativas. espero que puedan encontrar las respuestas a sus preocupaciones entre las más de 8600 preguntas que he contestado en Doctoralia, donde pueden hacer también sus preguntas... que están abiertas a que las contesten más médicos aparte de mí.

De todos modos, una noticia alentadora: cada vez se desarrollan más las plataformas de consulta online o por videoconferencia, se van mejorando los protocolos de privacidad que permite que médico y paciente se comuniquen con discreción en el espacio cibernético. Son muchas las compañías interesadas en el desarrollo de estas plataformas porque seguramente el futuro de una gran parte de la asistencia sanitaria se desarrolle por este cauce, por su rapidez, eficacia y eficiencia. En este sentido animo a los cibernéticos pacientes a estar al tanto de este desarrollo. Compañías como Sanitas están trabajando muy deprisa y muy bien en poder ofrecer esta asistencia a sus asegurados: ágil, segura y resolutiva.

Autoritas versus potestas

Probablemente esta entrada de blog dure poco. Porque intentas explicar cómo utilizan los políticos y la industria farmacéutica el miedo par...