sábado, 29 de diciembre de 2018

Un repaso a fin de año

Se acaba 2018 y todo se vuelven propósitos de año nuevo. No es vida nueva, es la misma pero un poco más viejos. O más maduros. Voy a daros mis reflexiones a vuelapluma de este año que termina mientras me encuentro inmerso en ir escribiendo mi testamento. Bueno, una especie de testamento. Algo en busca de la felicidad.

Como va aumentando la esperanza de vida, al menos en España, al modo que aumenta en términos generales los habitantes que poblamos este planeta, los retos sanitarios a los que nos enfrentamos son diferentes. Por un lado es evidente que aumentan las enfermedades derivadas del cáncer, de la polución, de las comidas refinadas... Pero a pesar de aumentar estos riesgos, resulta que en España hemos pasado de una esperanza de vida de 74 años en 1977 a 83 años en 2017. En cuatro décadas hemos conseguido vivir nueve años más de media. Y eso con contaminación y comiendo basura. Y con más cáncer. Quizás es que los medios sanitarios (y por supuesto también las condiciones higiénicas) han ido mejorando. La sanidad es una gran industria, el negocio de vender salud que te quitan por otro lado. Los fondos buitres apuestan por las residencias de ancianos y los servicios de asistencia doméstica porque la deriva demográfica apunta a que envejecemos durante más tiempo. Hay mucho dinero por medio. Piense que quizás sea esta una razón importante por la que no hay demasiado interés político en promover leyes de suicidio asistido o eutanasia, cuestión de vida o muerte. Aprovechando los datos que me proporciona Gonzalo, vemos que el gasto en sanidad en 1977 apenas era de 204 dólares per cápita al año y en 2017 ese gasto fue de 2300 dólares. Está claro que si a eso se añade un incremento de población de 36 a 46 millones (cinco proceden de la inmigración) en este periodo, hay mucho dinero de gasto social dedicado a mantener la salud de los ciudadanos. Y esto son las cifras estatales, porque más de la mitad del gasto sanitario se produce en la medicina privada y por compañías de seguros, y aparte los gastos de los servicios sociales.

En fin, que esto de la medicina parece un buen negocio. Para el que lo gestiona, claro. Los prestadores de servicios, el personal sanitario, no opina lo mismo: sus remuneraciones no son mejores que las de hace unos años. Han perdido poder adquisitivo y, para mantenerlo, han tenido que prolongar jornadas, hacer horas extras, o empalmar una guardia tras otra haciendo jornadas maratonianas que muchas veces han dado al traste con la conciliación familiar y, aun peor, han propiciado descuidos que han dado lugar a actuaciones médicas o asistenciales negligentes. Resulta duro dedicarse a esta profesión en los tiempos actuales en los que parece que se puede especular en cualquier profesión pero no en temas de salud donde la ética debe ser rigurosa.

Vendedores de salud los llamo. Son todos aquellos proveedores de servicios que a la par dejan caer que existen enfermedades. Son como los que venden alarmas para la casa: te recuerdan por activa y por pasiva que hay muchos robos en domicilios y claro, cómo vas a vivir tú sin poner alarma, cuando todo el vecindario tiene una instalada. A lo largo de 2018 he tenido la percepción (subjetiva, por supuesto), de que ha crecido en número de hipocondríacos, o al menos he visto que se han allegado más a este blog y a mi consulta. Se hace tanto hincapié en que el cáncer está en auge que hay que apuntarse a cualquier programa de prevención. También yo lo promuevo, pero en áreas en las que hay constancia de beneficio para el paciente, como en los cribados de cáncer de colon. El tiempo dirá si estamos haciendo que disminuya la incidencia.

Tenemos miedo de enfermar de tener algo grave, o de que les pase eso a nuestros seres queridos. Como ya no se tiene fe en la providencia divina, hay que buscar atar la vida al terruño, y cualquier legaña que turbie nuestra vista va a requerir el examen de una docena de oftalmólogos. Nos estamos llenando de temores con poco fundamento que van mermando nuestra calidad de vida. Preocupaciones laborales, si conservaré el empleo, si llegaré a fin de mes, si podré con ese crédito o me embargarán, si mi ex me llevará a juicio o si mi hijo aprobará al fin esas dichosas oposiciones. Nos afectan a la vida, a la forma de comer, al desarrollo de cuadros de ansiedad. Esas preocupaciones nos dan diarrea o no nos dejan ni hacer de vientre (¿será un cáncer esto mío?). Y también nos deterioran el descanso, el sueño, y de ahí arrancan muchos males. Porque la cabeza rige muchas funciones inconscientes desde el subconsciente.

Una persona que no descansa bien habitualmente, que no tiene un sueño profundo y reparador, altera muchas de sus funciones biológicas. No pasa nada por no dormir bien una noche o dos,... pero empalmar temporadas de insomnio no reporta nada bueno al organismo. Se alteran los ritmos circadianos y, con ellos, numerosas funciones biológicas. La falta de sueño produce depleción de neurotransmisores. En mi especialidad, parece que no sólo altera el movimiento de las tripas sino que además altera su sensibilidad de manera que el paciente empieza a percibir señales molestas, dolorosas, de disconfort que muchas veces refiere como flatulencia ante estímulos que en condiciones normales no deberían ser percibidos. Se genera una especie de alerta especial del intestino de manera que cualquier cosa que come le sienta mal... derivando la sospecha erróneamente hacia el estudio de alergias o intolerancias alimentarias que están a la orden del día.

Nuestra sociedad está evolucionando hacia la creación de unas necesidades porque ya tiene prevista la solución que va a vendernos. Todos los vendedores de salud se postulan como la mejor compañía de seguros de vida o de salud. Tienen la tirita para poner en nuestra herida. Primero nos causan la enfermedad generando un estrés nocivo y después ofrecen toda suerte de recursos preventivos o terapéuticos para tus miedos. Por supuesto, hipnóticos y ansiolíticos.

Sin caer en la nostalgia de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor -porque no es verdad-, podríamos aprovechar esta transición de año para pensar qué tipo de descanso le queremos dar al cuerpo en 2019 para evitar ir demasiado a los médicos. Yo, encantado de atenderos en mi consulta pero los que habéis venido sabéis que siempre os digo que la salud está lejos de los médicos. Feliz salida de año y mejor entrada en el nuevo.

Secuelas del confinamiento en la salud

Empezamos a salir de las casas después de estar confinados, recluidos. Estamos anquilosados, entumecidos, como los osos tras la hibernación...