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Mostrando entradas de abril, 2019

Cuestión de confianza

Ingenuo. Un paciente a que además considero amigo (si es que esto es posible o ético) me ha llamado ingenuo. Yo hacía alarde de voltear las letras de la palabra y tildarme de genuino. Porque genuino es un adjetivo positivo e ingenuo suena a pardillo, incauto, que se deja engañar fácilmente.
Pero hete aquí que lo que la Real Academia de la Lengua define como ingenuo es algo sorprendente
Ingenuo: Que es sincero, candoroso y sin doblez y actúa sin tener en cuenta la posible maldad de una persona o la complejidad de una situación.
De esa definición, para mi apetencia, me sobra lo de candoroso y me molesta el final a partir de "o". Enmendada la definición en esos términos, no me parece mal que me califiquen de ingenuo, vamos, me quedo con lo subrayado. En los tiempos que corren, casi identifico ingenuo y genuino, porque con la doblez que se estila ir con la verdad por delante es iconoclasta.
A diario se viven situaciones en las que se echa en falta esa formalidad en las relacione…

Morirse sin saber de qué

Y de la manera más tonta, oye. Antaño, hasta era frecuente en los pueblos (también en las ciudades) que la gente se muriese sin que se supiese bien de qué se había muerto. "Pues parece que le falló el riñón, dejó de orinar...". "Echaba el hígado por la boca". "Se puso amarillo y perdió peso y se fue en tres días". O bien mucho menos dramático "Se quedó dormido en el sillón y no se levantó, debió fallarle el corazón...". Son comentarios que todos hemos oído de los antepasados nuestros que se murieron. Personalmente me los refieren a diario los pacientes a quienes hago una historia clínica y pregunto por antecedentes familiares.
Pensamos que esa ignorancia es cosa del pasado: ahora ya no puede darse eso de que uno se muera sin saber por qué. Sabemos que ante la duda, podemos tirar de una autopsia, clínica o judicial, para abrir el cadáver y ver de qué murió. En la práctica no se hacen tantas autopsias como uno cree. Las judiciales, las muertes vi…