jueves, 25 de febrero de 2021

La censura en los medios de comunicación

El compromiso con la verdad solo tiene un objetivo: buscar la verdad. Cuando uno se pregunta cuáles son los fines de una actividad, igual que al quehacer del médico se le asocia la salud de los pacientes, a los informadores (periodistas en sentido amplio) deberían pretender que se conozca la opinión de todos los que tienen algo que aportar en la búsqueda de la verdad. Como decía en el directo del martes 23 de febrero censurado en el hasta entonces mi canal, si a las reglas del fútbol se superpone un Real Decreto que autoriza en determinados momentos a que alguien entre en el terreno de juego y lleve el esférico con la mano tras la meta de un portero ante la inmovilidad de los futbolistas del terreno de juego y ese tanto se considere válido... será legal porque la autoridad ha emitido una ley que lo permite, pero todos los presentes, desde el terreno de juego o la grada, pensaremos que aquello ha dejado de ser fútbol. Cuando esto sucede en el campo de la medicina y lo denuncias, te sacan la tarjeta roja y te expulsan del terreno de juego.

Para aquellos que quieran seguir jugando al fútbol y divirtiéndose, hemos de buscar otro terreno de juego no afectado por leyes veleidosas que impiden el desarrollo de la expresión y la libertad. El problema hace tiempo que dejó de ser una cuestión sanitaria: es social. Y lo que está en juego es la libertad del ser humano amenazada por el miedo generado por los medios de desinformación.

Si el fin de los médicos es velar por la salud de los pacientes, quiero hacer un llamamiento a los sanitarios para que se den cuenta que en estos momentos el problema que está causando el coronavirus en el mundo no es la saturación de UCIs o camas de hospitales como se encargan de cacarear con ocasión o sin ella los medios gubernamentales. El problema médico en España no es la memoria de los 50.000 fallecidos atribuidos a COVID sino el cerebro alterado de los 47.000.000 - 50.000 españoles restantes que han visto deteriorada su vida y su calidad de vida por el miedo alimentado y consentido por las autoridades sanitarias. Los médicos no nos ocupamos de los muertos sino de los vivos. Y tenemos responsabilidad.

Cada cual tiene que saber dónde está su deber. Lo de menos es que nos pida cuenta la justicia humana (que también se puede corromper) sino la divina. Algunos periodistas lo saben. Algunos médicos también.

viernes, 1 de enero de 2021

UN NUEVO PROYECTO. UN NUEVO CANAL

Comienza el año y con él nuevos proyectos e ilusiones. Durante las últimas semanas hemos ido viendo la deriva de nuestra sociedad y del mundo a tenor de los vientos que soplan en los medios de comunicación. Algunos han percibido una brisa y otros un verdadero huracán. Pero en la conciencia de todos está que durante el año 2020 el mundo ha sufrido una profunda CRISIS y que sus efectos se van a ir plasmando a lo largo de este año que comienza. Las crisis, decíamos, no suelen ser agradables para la estabilidad emocional porque nos sacan de la llamada "área de confort", nos zarandean e interpelan haciéndonos ver que determinados planteamientos que teníamos de la vida ya no valen para explicar el presente. Hace falta seguir buscando las piezas para darle sentido al puzzle de la vida.

Todo comenzó con una cuestión aparentemente médica, sanitaria. La crisis del coronavirus. El devenir nos ha mostrado que esto ha sido una excusa, un epifenómeno, una tapadera para llevar a cabo una verdadera transformación social involucrando en la tarea a cuestiones médicas, científicas, sociales, económicas,... donde la acción política ha mezclado estas actividades con otras análogas que llevaban delante el prefijo de "pseudo...". Y así, haciendo acopio de los medios de comunicación, se ha producido un enorme vertido de información junto a pseudoinformación de manera que la inteligencia de muchos se ha ofuscado hacia la radicalización de las posturas. Hemos comprobado cómo en cuestión de unos meses la sociedad ha desarrollado un diálogo amargo, ofensivo, hiriente, fruto del odio y el rencor que ha llevado a muchos a reservarse su opinión por miedo a granjearse enemigos. El miedo ha sido, sin duda, el agente social que más presente se ha hecho en medio de la sociedad.

Las situaciones adversas unen, como en la guerra, como en la mili. Cuanto más poderoso es el enemigo externo, más necesidad tenemos de buscar apoyos externos a la vez que fortalecemos los propios. Por eso, si algo bueno está teniendo esta crisis es que ha permitido el reencuentro de viejos conocidos. Acaso el confinamiento nos ha llevado a trabar contacto por las redes sociales con personas a las que no veíamos hace lustros. Incluso ha propiciado que conozcamos personas que comulgan con nuestros intereses e inquietudes, como es el caso de la comunidad que se ha suscrito al canal de You Tube. Y también que descubramos mejor a gente que vivía muy próxima a nosotros y en la que no habíamos reparado y ahora, transformados por la tensa situación, nos ha revelado algo más de su verdadero ser... para bien o para mal. Pero sobre todo, esta crisis ha favorecido el reencuentro más importante del ser humano: el hallazgo de su ser más profundo, el reencuentro con su persona más íntima, el replanteamiento existencial de su ser en el mundo.

Los pacientes me han enseñado mucho de la medicina que sé. Pero sobre todo me han mostrado lo que es ser persona. Gracias a ellos, llevo muchos años reencontrándome conmigo. Y sin ser ajenos a la ciencia, sino de la mano de ella, vamos a abordar una serie de vídeos en el prometido canal de carácter antropológico y filosófico que he titulado precisamente así: REENCUENTROS. Se trata de volver atrás en nuestros pasos para saber dónde nos hemos equivocado en este camino feliz que es la vida. Volver a encontrarse tiene un deje de nostalgia que rápidamente sería objeto de crítica por el mal llamado progresismo. Pero nada más vanguardista que lograr el objetivo de conocerse aunque para ello haya que retroceder unos pasos, como señal evidente de que en algún punto habíamos extraviado el camino y estábamos perdidos.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Un año para elegir. Analice su decisión.

Las divisiones dicotómicas son críticas. Ante una pregunta que sólo admite dos opciones como posibles, con frecuencia es difícil establecer un debate sin que salten chispas. La cuestión que ha saltado a la sociedad al terminar este año y que nos va a tener enfrentados durante 2021 va a ser la vacuna (o vacunas) frente al coronavirus. Posicionarse con un "sí" o un "no" a secas radicaliza las posturas y las vuelve igualmente irracionales. Con ánimo de suavizar esa polémica y ofrecer argumentos para un debate social más abierto expongo unas reflexiones.

1.- La conveniencia, necesidad u obligación de poner una vacuna a toda o parte de la población, ¿es una cuestión médica o política? Hasta ahora el ejercicio de la medicina ha estado a cargo de los médicos: los médicos son quienes tienen que determinar lo que, según su parecer, está indicado o no para cada uno de sus pacientes según la llamada lex artis ad hoc. La indicación de una terapia, de un procedimiento diagnóstico o terapéutico ha estado regida por el criterio del médico. El acto de prescripción facultativa es un ejercicio netamente médico. Si ahora hay otras instancias no médicas que pueden prescribir, creo que los médicos deberíamos tener algo que decir. O por lo menos advertir de ello a nuestros pacientes ya que, si de verdad nos importa su salud, debemos decirles que a partir de ahora deberán resolver sus dudas de salud consultando el BOE.

2.- Aunque el médico prescriba lo que a su juicio es más conveniente para la salud del paciente, esas decisiones tienen que ser asumidas libremente por el paciente, que puede o no estar de acuerdo con el médico.  La LO 41/2002 rige la autonomía del paciente y establece  plena libertad al paciente para aceptar o declinar los tratamientos o procedimientos prescritos. ¿Se puede obligar a un paciente a aceptar un tratamiento contra su voluntad?

3.- Las vacunas que existen, reconocidas como útiles y buenas por la comunidad científica, no están indicadas para todo el mundo. Si la libre prescripción del médico y la libertad del paciente pueden ser vulneradas, ¿acaso es tan crítica la situación sanitaria en España a consecuencia del coronavirus como para obligar a vacunar a todo el mundo? No hace falta ser médico para responder a esta pregunta pues las cifras están ahí, y los hospitales están como están: en absoluto. La mayor parte de la población española ya hemos estado en contacto con el virus, menos de un 1% de mortalidad y la vacuna llega tarde pues no necesita inmunizarnos de lo que ya estamos inmunizados. No obstante puede haber colectivos que, o bien porque no lo hayan pasado o por temor a que puedan volverlo a pasar, o por convicción personal, pueden ser candidatos a recibir la vacuna. Siempre encontrará algún facultativo que se la prescriba sin problemas. Lo que no le aconsejo es que se ponga la vacuna sin prescripción facultativa o no tendrá a quién apelar en caso de reacciones adversas. Al menos, con el resto de las vacunas, las farmacias no las dispensan sin receta médica, al igual que la inmensa mayoría de los medicamentos. Por algo será.

4.- ¿Se puede obligar a una persona que no quiere a ponerse la vacuna? Ya lo trataba en la entrada que escribí en 2012. En un estado totalitario, todo es posible, porque el Estado está por encima de la individuo y se apela a que el colectivo social vale más que la persona. Pero sin lugar a dudas estaríamos ante un conflicto con la mencionada Ley de Autonomía del Paciente, habiéndose además usurpado la función del médico de prescribir que quedaría en manos del Estado que es quien "prescribe". Llegado ese caso, se tendría que apelar a una necesidad social extrema, una situación sanitaria que efectivamente mostrase gran afectación de nuestro sistema de salud a consecuencia de la epidemia, algo que puede que sea posible... pero no por este coronavirus porque el campo quemado no vuelve a arder.

En definitiva, como médico y deseando lo mejor para la salud de mis pacientes, ahora y siempre:

- aplico mi criterio y conocimientos para estimar los pros y contras de los tratamientos que prescribo o dejo de prescribir,

- defiendo la libertad de mis colegas de hacer lo mismo (tengan la misma opinión que yo frente a una vacuna o diferente),

- intento velar por la libre elección de mis pacientes a fin de que ellos también se involucren en lo que consideran más adecuado a su salud, y

- quiero dejar constancia de esto ante la sociedad para que reflexionen acerca de en manos de quién ponen su salud.

Vivir es arriesgado. Le deseo para 2021 una buena elección, sea la que sea, porque será esencial que pueda seguir eligiendo y que nadie elija por usted.

martes, 15 de diciembre de 2020

Las preocupaciones de 2021

Se acaba el año 20+20, el de la cuarentena. Hay mucha incertidumbre sobre lo que sucederá en los próximos meses con una situación socialmente tensa y unos horizontes nada halagüeños en el terreno de la economía. La crisis del coronavirus ha puesto a prueba nuestro sistema de creencias y precisamente las crisis sirven para eso, para que nos demos cuenta que nuestros principios, aquellos fundamentos tan sólidos sobre los que nos creíamos firmes... se tambalean y piden una nueva weltanschauung, una nueva cosmovisión.

Quizás eso es lo que nos trae 2021. Hay que repensar qué es el ser humano. La consideración de la persona, del ser personal libre frente al individuo social manejado por el miedo, es lo que definirá lo que el mundo va a ser en los próximos meses. En juego está nuestro futuro. No es cuestión de un virus, una vacuna o una penuria económica: el problema es mucho más serio que este. Es el debate entre los que pretendemos seguir siendo libres y los que se conformarán con ser tutelados para todo por sus gobiernos, sin caer en la cuenta que los gobiernos ya se gobiernan desde fuera de nuestras fronteras.

La corrupción ha permeado todas las instituciones, todas. La sanidad con el silencio de los médicos, la justicia con la anuencia de los jueces, los cuerpos y fuerzas de seguridad con su obediencia debida a sus autoridades veleidosas, los eclesiásticos con su olvido de quién es su patrón. Y por supuesto, la política que ha dejado de ser una actividad para servir a los ciudadanos para convertirse en herramienta de transmisión del odio, el rencor, el resentimiento y el miedo.

Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas, dijo el que viene dentro de unos días. Como ovejas sin pastor, así afrontamos el nuevo año en el que el miedo hace preferir equivocarse con la mayoría a acertar con unos pocos. Una crisis hacía falta para que reflexionásemos: ahí tenemos la oportunidad. Y la decisión: o personas, o minions.

Feliz Navidad a todos los que la celebráis.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Los sanitarios ¿empiezan a estar preocupados por el COVID?

El culebrón coronavirus continúa su periplo a impulsos de los constantes datos y cifras que dan las autoridades, que no potestas. No olvidemos el doble objetivo que tienen esas cifras: por un lado "tenernos informados de lo grave que está la cosa" con el fin de justificar cualquier medida por injusta o absurda que sea, y por otro lado, "generar tensión social" de manera que el que no vea las cosas con la gravedad que los datos ofrecen es un elemento desestabilizador de la sociedad a la que se intenta tener amedrentada. Por eso, todas las personas que ofrezcan un punto de vista diferente a la versión oficial, deben ser considerados peligrosos por el servicio de desinformación que se ha creado ad hoc y a cuyo frente han situado -esta vez sí- verdaderos expertos en desinformación, auténticos manipuladores.

Hace tiempo que los médicos y sanitarios no comentamos las cifras de afectados y muertos por COVID que ofrecen las autoridades con efecto mediático. No las comentamos ni nos incomodan especialmente porque sabemos de primera mano cómo están las cosas en los hospitales. Hablamos entre nosotros y generalmente no es la patología COVID lo que más nos aflige. Básicamente porque hemos vivido durante meses parapetados tras ella y, por qué no decirlo, haciendo de ella escudo para justificar la desatención de la patología no COVID que se ha llevado, se lleva y se ha de llevar muchas más vidas por delante que el coronavirus. Las cifras que salen en los titulares o comentan los medios de comunicación son para tener entretenido, amilanado y roto en debates al personal que no sabe lo que pasa en los hospitales. Y así crear un debate social entre los que justifican cualquier medida estatal ("la salud por encima de todo") y quienes quieren vivir sin miedo. La salud... por encima de la libertad.

Pero esta semana el escenario cambia. Los sanitarios, y en concreto los médicos, volvemos a ser diana de una advertencia en el futuro inmediato: aquellos médicos que rehúsen ponerse la vacuna (la vacuna que sea, si es que hay alguna o muchas o ninguna) para COVID, podrían ser denunciados por aquellas personas que han pasado por su consulta y han tenido COVID. Tampoco se aclara mucho cómo demostrar que el coronavirus lo han pillado allí o no, pero como la noticia salta de la mano de un prestigioso bufete de abogados especializados en derecho sanitario (que no en sanidad o medicina) pues allá que lo sueltan, lo cual ha generado no escaso revuelo entre los médicos que empiezan a darse cuenta de la importancia que tiene no pararle los pies a tiempo a los leguleyos cuando se ponen a hablar de lo que no saben. Y es que entramos en el escabroso asunto de la vacunas obligatorias. Al haber dejado la decisión sobre las vacunas a los políticos, son ellos quienes deciden lo que se "ajusta a derecho o no". Desde un impecable punto de vista jurídico, si el Estado dispone que la vacuna sea obligatoria para el personal sanitario, ningún médico sin vacunar podrá ejercer, porque entre otras cosas no habrá compañía de seguros que quiera hacerte el preceptivo seguro de Responsabilidad Civil. La decisión sobre la necesidad de una vacuna ya no es tema de debate médico: es una acción política. Da igual que la vacuna sea o no eficaz o necesaria, segura o sea mera inyección de agua destilada. La cosa es obedecer a la autoridad, el gesto de sumisión. Recuerden que nadie podrá comprar ni vender sino el que tenga la marca de la bestia (Apocalipsis 13,17).

Es una pena que por este susto los médicos empiecen a despertar del atropello que ha supuesto y supone dejar las decisiones médicas en manos de inexpertos. Cuando ni un 10% de los médicos se ponen la tradicional vacuna de la gripe... este anuncio ha preocupado. Y mucho, porque si de esta no reacciona el cuerpo médico, es que estamos muertos. Sepan ustedes que obligar en medicina es... matar la confianza y la gallina de los huevos de oro.

domingo, 18 de octubre de 2020

Etiam electi (incluso a los elegidos)

El miedo es una emoción humana que atenaza y condiciona las demás. Me decía un ínclito amigo, que el miedo es libre, y me hizo pensar. Supongo que el propio miedo le llevó a decir algo tan ambiguo, porque el miedo no te hace libre. Pero no solo no hace libre al que lo tiene, sino que su propio miedo tiende a exigir que se coarte la libertad de los demás, de aquellos que, con su conducta no miedosa, pueden poner en peligro la integridad de quienes tienen verdadero pánico.

Así va derivando el enfoque de la pandemia hacia una súplica para que las instituciones del Estado repriman cualquier conato de disidencia sobre la versión oficial: el miedo, el aislamiento social, debe extremarse hasta castigar a quien no observe las normas dictadas en beneficio del bien común. La actitud de quienes no tienen miedo es tan temeraria que supone una burla hacia quienes tienen miedo. Y cuanto más miedo generemos, más justificada está la represión.

Los médicos sabemos que no hay epidemia de coronavirus en nuestros hospitales. Ya no. La epidemia está en la calle, en los ojos atemorizados que sobresalen por las mascarillas que esconden cualquier atisbo de sonrisa. Los medios de comunicación se han encargado de repetir de manera insistente y machacona la intención de las autoridades de equiparar esa prueba de diagnóstico auxiliar que llamamos "pecerre" en un elemento para alimentar la psicosis. Los médicos sabemos que eso no traduce la realidad. Pero poco importa cuando se va a dejar la administración de la sanidad a los jueces. Un agravamiento de la confusión que llevó a Jesucristo a profetizar lo que tendría que pasar (Cfr. Mc 13, 22). Y aquí estamos al fin. Quizás es conveniente tomar distancia, perspectiva, alejarse un poco del problema (y del televisor), para ser conscientes del absurdo a que estamos llegando. Cuando despertemos, muchos sentirán vergüenza de su conducta, por acción y por omisión.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Cómplices del terror

Todos tenemos miedo a equivocarnos. El miedo es mayor cuanto más valioso es lo que está en juego. Muchos pacientes a lo largo de este año me han preguntado, como a mis colegas, qué opinaba de la situación, de la evolución de la pandemia. Supongo que cada cual le habrá dicho a su paciente lo que creía... o acaso lo contrario. O se haya reservado su opinión, algo a lo que también una persona puede tener derecho. Aunque quizás, en ocasiones, ese derecho ser causa de graves daños. Porque a veces callando se coopera al mal. Y muchos médicos y pacientes nos preguntábamos qué decían al respecto las autoridades sanitarias (las verdaderas autoridades, las que saben de medicina, no los cargos políticos) porque llamaba la atención que durante la crisis no se hubiese contado en el equipo de gestión con médicos expertos, con los que conocían y vivían la situación en primera línea.  

Tras el desbordamiento de los hospitales (en Madrid y en algunas otras provincias) nos quedó mucho miedo en el cuerpo. Ahora, ante la más mínima insinuación de que aquello puede volver se nos encoge el alma. Porque septiembre ha comenzado, como era de esperar, con un repunte en el número de afectados por COVID19. El análisis de las cifras oficiales, simplemente de los datos que las distintas comunidades iban dando, han despejado algunas de nuestras sospechas. No sólo queda patente que se contabilizan más "casos" sino que se hace sin orden ni concierto: resulta imposible entender los cambios en las cifras de un día para otro. Cada cual puede coger las listas publicadas y hacer el ejercicio de los acumulados. Imposible. Hay mayor  número de afectados en algunos hospitales, nada que ver con primavera, y habrá que estar al tanto de la evolución. Pero las autoridades médicas, que no sanitarias, están ya poniendo el ojo en el análisis de esos casos notificados para ver si realmente existe base para justificar la alarma social. Pero no hace falta ser médico para darse cuenta, basta con ir a los hospitales o viajar por Europa. Si apaga la televisión, se acaba la alarma social.

En síntesis y según mi opinión, ante una situación médica de escaso relieve se organiza una alerta sanitaria promovida por los gobernantes a través de los medios de comunicación para crear un clima de tensión que justifique el recorte de libertades. Y esto ante el silencio (culpable) de la comunidad médica que, en su vertiente sindical, pretende aprovechar la crisis para medrar en sus reivindicaciones laborales. No es ético fomentar el miedo entre la población de manera injustificada para conseguir fines, aunque sean "nobles". Porque los médicos ni nos hemos sentido héroes en primavera y debemos ser villanos en otoño. Pero entonces, ahora y siempre nos debemos a nuestros pacientes.

La censura en los medios de comunicación

El compromiso con la verdad solo tiene un objetivo: buscar la verdad . Cuando uno se pregunta cuáles son los fines de una actividad, igual q...