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viernes, 14 de septiembre de 2012

La sanidad privada: refugio y ruina del enfermo

La enfermedad es algo que acontece en el transcurso de la vida, siendo raro que no lo haga. Estadísticamente, es más frecuente conforme pasan los años y la estructura biológica que nos envuelve desde el nacimiento y que llamamos cuerpo va sufriendo el deterioro inherente a la materia. Con el paso de los años aparecen achaques que pueden ser más o menos invalidantes pero que avisan del desgaste. Así que tarde o temprano, con mayor o menor asiduidad y necesidad, los seres humanos acudimos al médico en busca de remedio para estas dolencias.

La sanidad privada ofrece recursos sanitarios a pacientes a cambio de dinero, bien directamente o bien cotizando a través de mutuas a aquellos que están asegurados. La sanidad pública en nuestro país está sufragada por el Estado con los impuestos de todos los ciudadanos que cotizan y hasta hace bien poco se administraba de manera universal y gratuita. Ahora el universo es menos universal y lo gratuito cada vez lo es menos, señal inequívoca de que los sistemas sanitarios mixtos están en ebullición. Para quienes tienen poder adquisitivo, crece la necesidad de derivar parte de sus recursos a suscribir una póliza de seguro médico privado. Aunque goce de la cobertura de la sanidad pública, intuye que los anunciados recortes presupuestarios pueden incrementar la demora en la realización de pruebas diagnósticas o en procedimientos quirúrgicos.

La sanidad privada se ve, en gran medida, como un atajo para acortar tiempos de espera. La mayoría de los usuarios de la misma han superado la idea de que la mejor calidad sanitaria deriva ipso facto de atender con buenos modales: no basta con sonreír o despachar con amabilidad (esto debería ser la norma, tanto en medicina pública como en privada, porque forma parte de la educación) sino que además hay que mostrar que se ofrece un buen producto. Muchos pacientes "caen" en los lazos de la medicina privada empujados por la gran preocupación que les genera su estado de salud pensando que fruto del trato amable y la celeridad de procedimientos se restablecerá pronto su salud. Huyen de la burocracia de los centros sanitarios públicos y se refugian en hospitales de habitaciones individuales. Pero cuando esta actitud surge de un paciente privado, sin seguro médico, el resultado suele ser, en lo médico incierto pero en lo económico muy seguramente ruinoso. Porque el coste de la medicina privada cada vez se encuentra más lejos de los bolsillos de la mayoría.

Quizás sea arriesgado hacer esta afirmación como corolario a esta entrada pero en mi opinión en la medicina pública el paciente frecuentemente considera que "recibe pocas prestaciones" a cambio de lo mucho que le cuesta y que lo que le cobran por la asistencia privada es un servicio que bien lo merece. Sin embargo creo que es al revés. Si comparamos lo que se recibe a cambio de lo que se paga por ello, la sanidad pública gana por goleada. Otra cosa es que entre en consideración el factor rapidez diagnóstica porque, como sabemos, en algunos procesos el pronóstico está vinculado a un diagnóstico precoz y en este caso la rapidez de actuación es un imponderable. Y cuando pensamos, o nos hacen creer, que la vida está condicionada a la rapidez de actuación, decae la atención sobre el bolsillo, situación que algunos aprovechan para meter mano.

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