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sábado, 1 de diciembre de 2012

La felicidad no es un destino: es una forma de viajar

Me gustó esta frase cuando la oí por primera vez. Por lo que he podido saber, se la debió inventar un buen hombre (si es que es original de Roy Goodman) y me ha servido mucho como colofón para las conversaciones con los pacientes que califico como "vividores intensivos". Si entendemos la vida desde el morbo, podríamos decir que se trata de una enfermedad crónica, progresiva, degenerativa y de curso inevitablemente fatal. No hemos de amargarnos por ello, no deja de ser una definición más de eso que llamamos vida. Tras un periodo de tiempo más o menos largo (que por largo que sea casi siempre se nos antoja escaso) dejamos de contribuir a la historia de la humanidad. Cada ser humano pasa por el mundo aportando su granito de arena a la historia. Y hay quien enfoca el periplo con planificación y cuidado extremo y hay quien vive más despreocupadamente.

Hace unos días Gonzalo se preguntaba hasta qué punto la medicina tiene que prestar sus cuidados por la salud de individuo que no se preocupa de ella. O que, sí, se preocupa por aquello del instinto de conservación, pero no adopta actitudes coherentes con esa aparente preocupación. Vamos, que no se cuida. Me venía a la cabeza entonces el abrazo que hace dos décadas me dio aquel comerciante que acababa de encontrar en el omeprazol el remedio ideal para sus ardores de estómago cada vez que bebía alcohol: "¡Esto! ¡Esto es lo que la ciencia tiene que investigar, en medicinas así, y no que los médicos remedien las cosas a base de prohibirte cosas. Porque yo ahora con el omeprazol me pongo ciego de alcohol y el estómago no me cruje". Decía que como comerciante, el cierre de un negocio conllevaba la correspondiente celebración con vino (y acaso algo más que vino) y que cada cierre de operación le costaba la apertura de una úlcera. Sin embargo, desde la comercialización del milagroso omeprazol, su vida había cambiado. A pesar de que los negocios le fueron cada vez mejor no llegó al trasplante hepático y murió de una cirrosis. Llegó a ser muy rico.

Los beneficios del omeprazol para proteger el estómago de los efectos del alcohol son bien conocidos por los jóvenes que frecuentan los botellones. Ojalá sean igual de bien conocidos los efectos larvados que la ingesta de grandes cantidades de alcohol causan sobre el hígado.

También a veces me pregunto hasta qué punto debo contribuir como médico prescribiendo fármacos contra las flatulencias al que se hincha porque más que comer engulle. Si de alguna manera el fármaco mitiga sus males, poco hará por corregir el vicio de comer deprisa, origen real de sus molestias. Y aquí está el quid de la reflexión de esta entrada. Cada cual establece un equilibrio entre su modo de vida y el riesgo o molestias que asume por vivir de esa manera.

Hace años con la manipulación de unos genes involucrados en el desarrollo del gusano Caenorhabditis elegans se intentaba modular su velocidad de desarrollo, actuando sobre el proceso de la apoptosis o muerte celular programada. Se hicieron conjeturas sobre la utilidad que tal manipulación podría tener en los genes homólogos de los seres humanos y se concluía hasta qué punto podría ser interesante que el ser humano viviese doscientos años a cámara lenta. Se trataría de ralentizar las funciones vitales de manera que el organismo "durase más tiempo" pero a cambio de moverse con mayor lentitud. ¿Sería una vida atractiva e interesante? Tendríamos entonces unos seres humanos que desarrollarían su existencia con carácter "extensivo". De modo análogo, si imaginamos el extremo opuesto, individuos que viven "a cámara rápida" su existencia, (conocemos algunos más inquietos que un rabo de lagartija), podríamos hablar de vividores "intensivos".

Esta consideración entre vividores intensivos y extensivos suele salir reflejada de alguna manera en las consultas médicas. Lo más típico es hacer uso de esas estimaciones no más basadas en la estadística que en la fiabilidad de la predicción: si usted deja de fumar añadirá cinco (o siete, o diez,...) años a su vida. La cuestión sería si el individuo que percibe esta recomendación, supuesto que se la crea, prefiere vivir cinco años más dejando de fumar o seguir viviendo disfrutando "intensamente" de la nicotina aunque por ello se le acorte su estancia sobre la tierra.

Si seguimos adelante con estas reflexiones, el siguiente punto obligado es analizar qué es lo que desea hacer cada uno con su vida, en qué desea emplear el tiempo que transcurre de manera inexorable. Si la pregunta se suelta a bocajarro, la contestación más escuchada es que la persona a lo que aspira es a ser feliz. Y día a día se afana para lograrlo. Algunos, en esos momentos puntuales que la vida nos ofrece para la reflexión, nos preguntamos si de verdad vamos camino de conseguir ese fin. Porque no pocas depresiones en la década de los 40 vienen al echar la vista atrás y descubrir que tras el paso del ecuador todavía no hemos alcanzado el objetivo ese de ser feliz. Y lo que es peor, de tejas para abajo, lo vemos todavía más difícil de lograr, pues al fin y al cabo uno ya no es el ingenuo jovenzuelo idealista. Y, para más inri, el cuerpo empieza a manifestar sus achaques. La crisis arrecia a medida que el tiempo biológico se agota. En el ocaso de la vida, morir sin alcanzar la felicidad parece que es la expresión del más absoluto fracaso. Haber pasado la vida corriendo tras la consecución de una meta que siempre iba al menos dos pasos por delante es desalentador. Esforzarse día a día para llegar a ser feliz es andar desenfocado. El ser humano que consigue ser feliz es el que lo es con cada paso que da, el que disfruta del camino. Pero no de una manera aleatoria o turística sino sabiendo a dónde va. Claudio Monteverdi en siglo XVI o Antonio Vivaldi en el XVII le pusieron música al beatus vir del Salmo 111.

Los problemas existenciales, gusten o no, afloran en los seres humanos en diferentes momentos de la vida. Podemos decirle al paciente que si sigue comiendo pasteles va a reventar y a lo mejor el paciente nos dice: "Pues dame otro y aparta". O podemos prescribir una serie de medidas restrictivas a pacientes para que "duren más" cayendo en absurdos como quitarle el tabaco al abuelito nonagenario que fuma desde la adolescencia. Si el análisis de la cuestión existencial -que cada vez es más asistencial- ofrece que ahora no soy feliz, no nos consolemos pensado que "estoy en ello", porque "ello" está plagado de gente.

20 comentarios:

  1. Es curioso¡¡¡¡
    Entro e el blog con el firme propósito de encontrar un artículo que hable sobre la sequedad de boca (causas sobre todo...) y me encuentro con este artículo, que me ha encantado y que además me ha impulsado ha poner un comentario casi año y medio despues de haberse publicado.

    Enhorabuena por estas reflexiones tan interesantes.

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    1. Me alegro que haya encontrado interesante el artículo. Cuando se publican entradas intentas que el que las lee no tenga la sensación de haber perdido el tiempo. Espero que encuentre en el blog otras interesantes... y prometo en atención su comentario unas reflexiones sobre la xerostomía.

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  2. Muy buen artículo
    Parece fácil pero es difíci llevarlo al la práctica
    Me encuentro en esa etapa de los 40 en.la que si creo haber sido feliz pero me da miedo lo que viene por delante y sobre todo que empiezan esos achaques que me cuesta asumir.
    Vengo de leer también el artículo de la hipocondría y me siento 100% identificada.
    Con eso digo todo
    Un saludo

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    1. Las reflexiones de esta índole a menudo se consideran de mal gusto. Son tan groseras como tirarse un pedo: debe hacerlo uno a solas. Pero precisamente las cuestiones existenciales son las más angustiosas para afrontarlas a solas. A veces sueño con poder tener un programa de televisión en el crear foros abiertos para intercambiar opiniones sobre estos temas. Algo con más enjundia que la prensa del corazón que solo valen para disipar nuestras mentes y evitar que...entren en problemas de fondo. Con lo sano que es un organismo mentalmente equilibrado...
      Pero te sorprenderá qué pronto puedes formar a tu alrededor un foro de debate entre los que difundas esta entrada de blog. Porque a todo el mundo le interesa sacar sus miedos del armario. Lo que no sabe es dónde y cómo hacerlo.

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  3. Gracias Doctor por su dedicación con este blog... Leí el artículo del Hipocondriaco y creo estar pasando por una crisis profunda de hipocodría. Teniendo tan al alcance tanta "información" uno empieza a divagar en los sintomas y los dolores y se "enferma"...(muy buen artículo). A todo esto Usted hace esta muy acertada correlación con el presente artículo "La felicidad no es un destino sino una forma de viajar" y es que al entrar en los cuarentas nos ponemos a pensar si lo hicimos lo estamos haciendo o podremos hacerlo bien Sus reflecciones me han sido de mucha ayuda Voy a tratar de ser más optimista más positivo cosas que no son fáciles cuando se tiene ansiedad y depresión, por eso valoro tanto sus artículos y recomendaciones del blog. Gracias siga adelante y que Dios le bendiga siempre. Atte. Aldemar.

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    1. Aldemar, me pide usted en la entrada de los que no tienen nada alguna reflexión o ayuda para no ser tan hipocondríaco, para no somatizar. No es sencillo dar pautas generales pero el otro día encontré un colega que me dio su receta. Me dijo que los pacientes que se quejan de molestias erráticas, leves pero angustiosas, lo que mejor les va es un martillazo en el dedo gordo del pie, bien fuerte. De ese modo todas las molestias se dirigirán allí, y allí concentradas disiparán los demás temores y angustias al ir acaparando la atención para ir viendo día a día cómo cambia de color aquello que se sabe bien que fue a consecuencia de martillazo.

      Esto que no deja de ser anecdótico esconde un trasfondo real y es que los problemas tienen una entidad diferente, no todos se pueden poner en el mismo plano, no todos tienen la misma importancia. Como aquel chiste de dos amigos que se encuentran y uno le dice al otro: "Te veo mala cara, amigo ¿qué te pasa?" Y el otro cabizbajo dice: "no puedo por menos, oye, se acaba de morir mi madre...". Y contesta: "Caray! ¡Qué día tan aciago: a ti se te muere tu madre, a mí se me pierde el boli..." Evidentemente, ambas pérdidas no están al mismo nivel.

      No hace falta que se dé usted un martillazo en el dedo gordo del pie, mire alrededor que a lo mejor alguien lo está sufriendo por usted. Salga de usted mismo, dese una vuelta por el vecindario y mirando la realidad de los demás, sin husmear ni cotillear, descubrirá mil cosas más interesantes y que merecen más atención que mirarse a su ombligo. Y dejará de molestarle su ombligo.

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  4. Gracias infinitas por darse el tiempo de contestar tan atinada, sencilla y inmediatamente a nuestros comentarios que mas que comentar, preguntan. Dr. De Benito me ha dado la calma que tanto he buscado en estos terribles meses de "ansiedad hipocondriaca"... haré precisamente caso a sus recomendaciones por una vida mejor para mi y los mios. Tenga la seguridad que lo haré con entusiasmo por vivir mejor y de un "martillazo"... gracias,muchas gracias. Dios le bendiga siempre. Aldemar

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    1. Gracias a usted. Y si le ha sido de utilidad el contenido de este blog, haga por difundirlo entre amigos y conocidos y será la mejor paga.

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    2. Gracias a usted. Y si le ha sido de utilidad el contenido de este blog, haga por difundirlo entre amigos y conocidos y será la mejor paga.

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  5. Un término que, por sí mismo, porque todo el mundo lo concibe así, tiene una connotación positiva, para mencionarlo y llegar a él, casi siempre se le da la vuelta, se alude más lo contrario, a la falta de felicidad. Parece ser una constante del ser humano obrar de esta manera, el referirse a algo pero hablando de otra cosa. Parece que nos dedicamos más a superar los momentos no felices que a disfrutar los momentos felices. Quizás los momentos infelices nos causen más impacto psicológico, o también, que no sabemos apreciar lo que nos produce felicidad. Sin embargo, hay que asumir que ambos van en el mismo lote a lo largo de la vida de una de una persona.

    En cuanto a este tema de la felicidad, quizás la primera dificultad con que nos encontramos sea saber lo que es. Se trata un tema del que se podría hablar largo y tendido y que puede originar opiniones diferentes y todas válidas, pero también deberíamos parar a pensar en la felicidad en el día a día, en la vida cotidiana, en cada momento, cosa que no es habitual hoy día. Supongo que las circunstancias propias de la vida misma nos han llevado siempre a pensar más en lo que no nos hace felices, o han ido cambiado nuestra percepción de la felicidad. También puede que sea porque es un concepto muy relativo y se suele confundir con otras cosas. La felicidad la da no crearse necesidades y disfrutar de cada momento. Cuando nos volvemos locos y vamos de objeto en objeto buscando la felicidad, olvidamos que la felicidad reside en nuestra mente y empezamos a buscar compulsivamente fuentes de gratificación externa. Según M. Gandhi “la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía”. La felicidad puede estar en lo más simple y cercano, pero no somos capaces de verla, y “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Ya decía R. Tagore “es muy simple ser feliz, pero es muy difícil ser simple”.




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    1. Gracias por el comentario. Hay, sí, en toda la filosofía oriental un enfoque de la felicidad hacia la austeridad haciendo valer la riqueza no en lo amplio de las posesiones sino en lo limitado de las necesidades.

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  6. Querido Doctor,

    Ni imagina el bien que me ha hecho descubrirle. Estoy pasando por una fase totalmente nueva en mi vida de hipocondría, y, desde que leo sus relatos, estoy más serena y sonrío más. No estoy tan pendiente de algún bultito en la boca, o de sensaciones "nuevas" en mi cuerpo. Qué malo es el aburrimiento, verdad? Te obsesionas con cosas en las que jamás habías reparado y te sientes hasta patética al hacer según qué cosas. Qué pena no haberle descubierto antes, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

    Muchas gracias Dr.

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  7. Me alegra saber que hay personas a las que le ayuda de algún modo lo que pongo en este blog. Con esa finalidad lo hago. Si a usted le ayudó y cree que puede ser útil a algunos conocidos, difunda su contenido que con ello me doy por pagado.

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    1. Desdeluego que lo hago. Felicidades por su labor y espero poder disfrutar de sus conocimientos por muchos años! Un saludo, Gloria.

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  8. Es curioso, Gloria, esto de la difusión...no sabes hasta dónde llega...
    Me acaban de remitir un enlace en el que se habla de una entrevista a un youtuber al parecer famoso (yo no estoy muy en la onda...) y una señora hace un comentario (el número 106) de la noticia mencionando esta entrada de blog...
    http://www.elmundo.es/papel/todologia/2016/02/07/56b48121e2704e97208b456c.html
    Estoy intentando recordar quién fue...

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  9. Pues me alegro muchísimo. Debe ser muy gratificante ver recompensado así su esfuerzo Doctor. Pero qué menos... Ya le puedo asegurar que, desde que leí su artículo, vuelvo a ser más feliz. Nunca le podré agradecer lo suficiente!

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  10. Es difícil saber lo que es la felicidad, cuando además, la felicidad de uno puede resultar totalmente lo contrario para otros. En general, el carácter egoísta del ser humano hace que las personas se afanen en buscar su felicidad a base de acabar con la felicidad de otros. La verdadera felicidad tendría que darse cuando la felicidad de uno coincide con la de los demás. Muchos afianzan los fundamentos de la felicidad en un hilo frágil y endeble, que a la larga pueden no ser suficientes e incluso pueden producir efectos contrarios. Tendría más consistencia que el origen de la felicidad se fundara en la felicidad de todos. Es verdad que cada uno siente la felicidad de una manera determinada, pero, ¿Qué sentido tiene si no se comparte con los demás?, ¿se puede ser feliz cuando miras a tú alrededor y ves gente infeliz?. No es tanto el rasero que cada uno ponga de la felicidad, sino el hecho mismo de hay mucha gente que no es feliz.

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  11. Hay mucha gente que cree ser feliz haciendo infelices a los demás... Por desgracia, mucha gente estima que será más feliz cuanto más haga sufrir a otros.

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  12. Hay un escritor que hace alusión a este tema y que me ha recordado rápidamente esta entrada, y que no tiene desperdicio, por eso cito lo que dice casi literalmente: “ya es lograr bastante felicidad en este mundo el no ser desgraciado. La ambición sin tasa hace a los hombres desdichados si no consiguen lo que desean. El lograrlo todo no da la felicidad, porque al tener acompaña siempre el miedo a de perderlo, que conlleva un desasosiego semejante al de no poseer nada”.

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    1. Eso parece una invitación al estoicismo, como si en medio de la pasión nos consumiese el deseo.

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