domingo, 19 de enero de 2014

¿Qué está sucediendo? What is happening?

A veces son tantos los bombardeos que uno recibe para que se adscriba a las nuevas tecnologías que parece absurdo querer resistirse a ello. En la reciente historia vemos cómo los avances tecnológicos han ido abriéndose brecha y hasta los más reticentes se han visto obligados a incorporarlos a su vida so capa de perder no sólo el tren de futuro sino las mismas relaciones humanas. Si apenas hace 20 años nos parecía extravagante ver a alguien hablando por teléfono caminando por la calle o desde el coche (había que pararse a buscar una cabina telefónica), hoy resulta excepcional el adulto, o no tan adulto, que no lleva un teléfono móvil en su bolsillo. Y las cabinas de teléfono son objetivos fotográficos para el recuerdo. Lo mismo sucedió con internet en el comercio, el correo electrónico, los sms, los blogs,... los whatsapps. Sí, este es ahora mi campo de batalla: la resistencia al whatsapp.

Aunque nunca me veréis hacer cola para ser el primero en adquirir una novedad tecnológica, no me considero retrógrado ni reticente a las nuevas tecnologías. Sin llegar al recelo de Unamuno que hizo célebre su "que inventen ellos", soy cauto frente a los avances tecnológicos, sobre todo cuando tras la pretendida garantía de mayores libertades se esconde solapadamente acaso lo contrario. En otras entradas de este blog hemos hecho mención de dos cuestiones que todo el mundo sabe: la primera es que la información es poder, sitúa al que la tiene en una posición privilegiada frente a quien carece de ella. La segunda es que no toda la información tiene igual valor e incluso alguna es inútil, es ruido, es distorsión de la señal valiosa y auténtica, es... distracción. Los más utilitaristas ven incluso en este segundo aspecto un refuerzo de la primera: la distracción es útil y poderosa para que el que la recibe no ocupe su cabeza en cuestiones que atañen al poder. Mientras al público se le entretenga con la liga de fútbol o con escándalos que son cortinas de humo, no habrá lugar para debatir cuestiones de fondo. Al final resulta que... la distracción y el ruido también son poder (herramientas para el poder) cuando se aplica por quienes lo tienen a quienes no lo tienen.

Tengo un argumento muy pesado para acabar sucumbiendo a los whatsapp y es que el 80% de la factura de mi teléfono móvil se debe a los sms. De hecho mi terminal telefónico sólo lo empleo para recibir llamadas o sms, mandar sms y ocasionalmente realizar alguna llamada. Gracias a los registros que hace el aparato, puedo decir que en los dos años que hace que lo tengo he recibido 2104 sms y he enviado 1427. Con todo, me sorprende ver que durante este tiempo he realizado llamadas durante 43 horas mientras que he estado recibiendo llamadas durante 177 horas. Me resulta inaudito pensar que de los últimos 700 días me he pasado casi 10 hablando por teléfono sin parar. Estos datos que aquí doy no dejan de ser anecdóticos. A algunos les servirán para comparar si ellos hablan más o menos, si mandan más o menos mensajes... Incluso a un comercial de telefonía le servirían para hacerme un "plan a medida", ofreciéndome la contratación de una tarifa acorde a mis necesidades. Y los jóvenes que han crecido estando siempre presente la telefonía móvil a su lado se preguntan cómo hemos podido vivir antes sin disponer de estos adelantos.

Las pasadas navidades he tenido nuevas invitaciones para pasarme al whatsapp. El intercambio de mensajes se dispara durante las fechas navideñas emulando confeti de antiguos christmas. Vino un familiar a cenar y a la hora de los postres comenzó el bombardeo de silbidos. Hora y media después y varias docenas de whatsapps por medio, las humildes rodajas de melocotón en almíbar seguían en su bol. Un contertulio durante una boda me alentó a que escribiese algo sobre este fenómeno. Ya lo tenía en mente, pero aun no estoy del todo "posicionado". La oferta tecnológica que trae el whatsapp es indudable que incita a la distracción. Puede llegarte en poco tiempo mucha "información". Y gratis. O al menos eso crees, porque el tiempo que se pierde en leer tonterías no sale gratis. Pero claro, si uno no desea ese bombardeo, pues se desconecta o se silencia el silbido.

Estoy haciendo balance del año pasado. He incrementado respecto al anterior un 560% las consultas a pacientes por internet. Cada vez son más los pacientes a los que tengo que atender por medio de e-mail a horas intempestivas. El correo electrónico me permite intercambio de ficheros y de documentación clínica, se escanean resultados de pruebas, análisis, etc. La calma de la noche permite analizar con paciencia los casos complejos o incluso contestar preguntas de pacientes como las que me hacen en la web de Doctoralia http://www.doctoralia.es/medico/benito+de+benito+luis+miguel-10395395/respuestas algunas muy curiosas. Sin embargo, esto no sustituye el acto médico bajo ningún concepto. Es un complemento, pues una consulta puede ser para hacer una receta, para dar un resultado o para explicar un tratamiento o el pronóstico de su enfermedad. Las más de 3000 exploraciones endoscópicas que he realizado en 2013 no las podía hacer a los pacientes "vía internet" pero en algunos casos sí podía enviarles por e-mail los resultados de la anatomía patológica de las biopsias. Con esto quiero decir que en mi profesión el empleo de la tecnología informática sirve para mantener un contacto vivo, fluido y rápido con los pacientes. Fruto de las tensiones laborales, algunos no pueden acudir físicamente en horas de trabajo a mi consulta y les "trato" (con las limitaciones que ello tiene) por internet. En ocasiones sirve para hacer recomendaciones o ajustes de dosis sobre su enfermedad. Otros piden segundas opiniones. En definitiva, considero que esta tecnología de comunicación me facilita el trabajo y los pacientes lo agradecen.

Me puse a pensar si los pacientes que atendí por esta vía el pasado año podían haber sido mejor atendidos por whatsapp... Indudablemente no. Se me funden las neuronas tan sólo con imaginarme a treinta pacientes de las docenas que atendí acribillándome con whatsapps sobre la evolución de sus dolencias. Necesitaría cien vidas como la que tengo para poder hacerlo. Bueno, ciento una, porque mi familia también me reclama y es a quien primero debo atender.

El atractivo de lo gratis es indudable. Constituye el reclamo de muchas campañas publicitarias. El caballo de Troya también fue un regalo que no les salio del todo gratis a quienes lo recibieron. Y hoy te regalan impresoras de las que sólo tienes que ocuparte en cargar los cartuchos de tinta. Seguiré valorando la utilidad de esta herramienta hasta que finalmente la incorpore. Pero cuando lo haga, tengo muy claro una cosa: será muda.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...