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lunes, 9 de febrero de 2015

Cuestión de vida o muerte

En ocasiones hago entradas en este blog que no son de índole puramente médica en el sentido científico, sino que rozan con aspectos más filosóficos o éticos. Son de hecho las entradas menos visitadas y comentadas aunque desde mi punto de vista deberían ser las que más lectores mirasen y difundiesen. Esta es una de esas reflexiones, lo advierto.

Ahora le ha tocado el turno a Canadá. Desde allí ha saltado la noticia del derecho a decidir sobre la propia vida, al suicidio asistido, alegando que el "derecho a vivir" no se puede convertir en la "obligación de vivir". Por supuesto que no. Derechos y obligaciones se dicen que son el anverso y reverso de la misma moneda. Si tengo el derecho de trabajar o de tener un hijo, también tengo la obligación de desempeñar ese trabajo o la tarea de ser padre de manera responsable. Sin embargo, con respecto a la propia vida... ¿está al mismo nivel derecho y obligación? Desde una perspectiva liberal e individualista, cada cual hace con su vida lo que le venga en gana mientras no perjudique a los demás. Cuando los demás consideran que la vida de una persona incluso es onerosa para el colectivo, pueden consideran hasta virtuosa, solidaria y altruista la decisión de esa persona de desaparecer del planeta: ya es hora de animar a las clases pasivas para que no lastren las economías de los demás, podríamos alegar de manera entre irónica e interesada.

Pongamos por caso que el individuo que se ha cansado de su vida ni es productivo, ni es oneroso para la sociedad, digamos que su desaparición es indiferente para el resto de la comunidad. Es una decisión que depende enteramente de él ya que no afecta al resto de la sociedad, al menos en el balance económico que parece que es lo único que importa. En este punto, ciertamente, si uno no apela ni reconoce instancias superiores, podría bien hacer con su vida lo que le viniese en gana. Suicidas a lo largo de la historia siempre los ha habido y los habrá. Mientras el suicida no se lleve a otros por delante con su muerte, el mundo poco tiene que decir al respecto. No tiene argumentos para influir ni de una ni de otra manera en la decisión del individuo sobre su vida.

Las razones que tiene un individuo para mantenerse vivo, aparte de las meramente animales del puro instinto de conservación, o el temor al dolor o a la muerte (más por lo desconocido de la experiencia que por otra cosa) pueden estar más o menos arraigadas en este mundo. Son las ilusiones, el deseo de placer (no sólo el más primitivo sino el mero goce de estar con los amigos o de escuchar música), las ganas de desarrollar un proyecto o de degustar un buen postre. También el afán de ayudar a otros, a los parientes o a los hijos, el afán por medrar hacia un puesto superior o conseguir ganar dinero que nos permitan adquirir un automóvil deportivo o hacer un crucero por el mundo o montar en planeador. Si llega el momento que pensamos que estamos privados de todas ellas, que no podemos hacer nada de eso, la ilusión por vivir se desvanece. Hay quien se muere de pena, se deja morir, cuando todo lo que quería en el mundo desaparece. Cuando se cercenan las ilusiones y los proyectos, cuando no se ve un horizonte atractivo hacia el que caminar. Entonces el panorama vital se oscurece y se apaga el interés por la vida. Ni siquiera las frases carismáticas como la de Kennedy "no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país" mueven el ánimo. Emulando aquella frase, he repetido en ocasiones a los pacientes abatidos esa sentencia paradójica: no es lo que tú puedas esperar ya de la vida, es lo que la vida todavía espera de ti. Pero nada, el que está en el foso, que si quieres arroz, Catalina.

Ante una persona desesperada, buscamos argumentos (aparte de fármacos psicotropos) para intentar que vea la vida de otro modo, razones humanas, naturales, sociales, familiares,... Pero hasta aquí. Nada más. Una persona que en el plano humano y existencial cree haberlo perdido todo se encuentra sumido en el pensamiento iterativo de que vale más muerto que vivo. Una de las frases más terribles de "Crimen y castigo": ¿se da usted cuenta exacta, señor, de lo que realmente significa no tener dónde ir...? pone en boca del protagonista su desolación, el abandono, la desesperación. Cuando un individuo llega a pensar que su existencia carece de interés para seguirla manteniendo, es terrible. En su libro "El hombre en busca de sentido" Viktor E. Frankl cita al menos en tres ocasiones el aforismo de Nietzsche: Quien tiene un por qué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo. Y lo comenta alegando que una de las principales causas de mortalidad entre los presos de campos de concentración fue la desesperación. Desgarrados de su mundo, anonadados, los presos que no soportaban el presente ni creían en un mejor futuro sucumbían con mayor facilidad.

En mi práctica clínica me he tenido que enfrentar varias veces, por desgracia cada vez con más frecuencia, con pacientes desesperados. Alguno me ha llamado por teléfono para decirme algo tan frío como: "Te llamo, Luis, para despedirme, voy a acabar con mi vida". Es duro considerar que la vida de aquella persona pende del hilo del teléfono y que cuando cuelgues se corta ese hilo. Quisieras prolongar la conversación de manera indefinida pero sabes que es absurdo, que la decisión está tomada, que no conseguirás que cambie de opinión y sólo puedes musitar un adiós que truena como una ráfaga.

Cada vez menos gente admite argumentos religiosos para cuidar su vida. Eso supone apelar a instancias superiores que pueden pedir cuenta de la vida: no se admite más propietario de la vida que el propio individuo. Por mis convicciones religiosas, no desaprovecho ocasión de hacer valer la vida humana en su dimensión eterna y divina. Pero reconozco que no es un argumento de peso para quien no tiene ningún tipo de creencia religiosa. Antaño la Iglesia Católica negaba entierro en camposanto a los suicidas. Se alegaba que el suicida se habría condenado puesto que su última acción había sido un pecado. Santa Teresa de Jesús, entre sus muchas locuciones divinas, tuvo una que deseo traer a colación. Se encontró que Dios le recriminaba que no rezase por el alma de uno del pueblo que se había suicidado tirándose desde un puente al río. Y la santa, según doctrina habitual, se excusaba alegando que era inútil rezar por los condenados. Cuentan que escuchó: "Teresa, entre el puente y el agua estaba yo".

La medicina pretende conservar la vida de las personas muchos años y en muy buen estado. Por eso los médicos luchamos por la vida. Como decía citando a Lewis al final de otra entrada sobre una vida saludable, hay que ayudar a las personas a descubrir que vale la pena vivir. Pese a estos esfuerzos, a veces hay gente que se obstina en acabar con su vida pero me parece obsceno que esta acción se incluya en el catálogo de prestaciones de los médicos, como un acto médico más. No creo que para administrar una inyección letal haya que estudiar medicina. Me gustaría que a mi profesión se la mantuviese al margen de las prácticas llamadas de eutanasia. Insisto en que suicidas siempre los ha habido y los habrá, pero querer que sea un médico el que te mate, como si de un acto médico más se tratase, me resulta tan pervertido e hipócrita como utilizar una aguja estéril para pinchar la vena de un condenado a muerte, no vaya a ser que contagiemos de hepatitis al que va a ser cadáver en unos minutos. ¿Qué hay detrás de la insistencia en que sea un médico el que dirija un suicidio asistido?

31 comentarios:

  1. Dr. Benito, es usted demasiado religioso, eso le impide ser objetivo.

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    1. Entonces ¿usted sostiene que la religiosidad es incompatible con la objetividad?

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    2. Supuesto que yo sea religioso -(o al menos demasiado religioso), cosa de la que discrepo- como usted estima...

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  2. OTRO ANÓNIMO;
    Si respetamos la decisión del que quiere acabar con su vida como no respetar las creencias o la decisión de un médico de no participar en la eutanasia?
    Yo, que no soy médico, no quisiera verme en la tesitura de asistir al sufrimiento de una persona y que me pida ayuda para morir. No se si sería capaz. Tampoco se si sería capaz de dejarle con su sufrimiento....

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    1. Efectivamente, nadie partidario de la eutanasia lo es por crueldad sino precisamente porque cree que de esa forma está poniendo fin a un sufrimiento insoportable. En mi práctica médica he procurado siempre que el paciente no tenga sufrimientos. Los padecimientos físicos son bastante manejables si uno no repara en el empleo de fármacos analgésicos sin temor a los opiáceos cuando hacen falta, sin racanería. Para los sufrimientos psíquicos o morales, para la angustia vital,... eso a es otra cuestión. No es tan sencillo. Para ese tratamiento sí que hace falta arte médica. Y muchas veces, como dejo entrever, no hay argumentos para hacer desistir al paciente de su idea de acabar con su vida. Yo sigo opininando (sólo es una opinión) que existen muchos intereses en que sea el médico quien dirija el suicidio asistido. Ojalá, llegado el caso, se respete igual la decisión del médico de no aplicar la eutanasia. Muchas gracias por su aportación.

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  3. La eutanasia, en mi opinión, sigue el mismo patrón estratégico que otros males (que no cito...): primero se anuncia como SOLUCIÓN para los casos extremos, segundo como alternativa, con respeto a MI LIBERTAD, por último y en tercer lugar como la mejor opción RAZONABLE. "¿Cómo? ¿Qué tú eres de los que la muerte le pilla por sorpresa? ¡Eso era antes! ¡Menudo pringao anticuado que no la anticipa! ¡Anímate a elegir tú la fecha!"

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  4. Creo que fue el señor Cayo, un personaje de Delibes, quien comentó el caso de Benito (creo recordar que así se llamaba, por casualidad) que atinó con el día de su muerte, algo que había anunciado a sus vecinos. Y efectivamente, ese día se ahorcó. "Era muy bruto el Benito" concluía Cayo.

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  5. Si es el medico el inductor del suicidio o eutanasia,es más fácil digerir la píldora de quitar la vida.Si nos cura por nuestro bien,también nos podrá matar por nuestro bien.que tragaderas hay que tener para normalizar esto!

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    1. Hay quien considera que tanto al principio de la vida el recién nacido se encuentra con un médico que le ayuda a nacer, y por lo mismo, al final de la vida debería haber otro que te dé el pasaporte. Mejor no queráis dejar la decisión sobre la calidad de una vida al criterio del médico... porque como el médico tenga yate, quizá valore como "infravida" la de los que no lo tengan.

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  6. En la relación médico paciente basada en la confianza nunca podría pactarse una muerte intencionada. La labor del médico es curar, aliviar o acompañar al enfermo. La eutanasia deshumanizaría e iría en contra del fin de la medicina, que trabaja sobre el bien más sagrado que es la vida humana. Quienes nos dedicamos a esta profesión atendemos no sólo a unas obligaciones profesionales, sino éticas y morales y defendemos la vida que es el principal valor del ser humano. Hoy la medicina como alternativa a la eutanasia, cuenta con la medicina paliativa para ayudar al enfermo a vivir lo mejor posible en sus últimos días

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    1. Comparto su punto de vista. La medicina ha evolucionado de manera que hoy día un paciente no tiene por qué tener dolores físicos existiendo fármacos potentes para yugularlos. Si un paciente muere con dolor físico puede ser que alguien no esté haciendo bien las cosas. No obstante, mucho más difícil que tratar el dolor físico es hacer frente a la angustia vital. Pero que mucho más difícil. Por eso quienes se enfrentan a este desafío pueden preferir acabar la conversación cuanto antes. Ciertamente, compañero, el abismo entre los diferentes puntos de vista se abre entre los que creen que hay algo y alguien después de esta vida y los que no lo creen. Por eso, con esta visión un ecléctico concluiría felizmente que hasta antes de morir, todos estamos de acuerdo.

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  7. Su blog se llama el médico tras la verdad. Usted puede tener un blog personal para exponer sus opiniones filosóficas o éticas,las que quiera. Pero no lo mezcle en este blog. Cuando visito su consulta o leo sus opiniones, me interesan la parte médica. Gracias

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    1. Gracias a usted por su comentario. Me ayuda a comprender los diferentes puntos de vista de quienes leen lo que publico. Es una forma de acercarme a lo que pueda ser la verdad, pues de todo se aprende. En el título del blog, efectivamente, pongo la figura del médico en busca de la verdad, con lo cual se deduce que no se siente en posesión de ella, es un deseo, una búsqueda, una tarea infinita. El título corresponde a un ensayo que publiqué hace años y que llevaba por sobretítulo "O lo que más se parece a ella". Porque acaso en este mundo a lo más que podemos aspirar como verdad es a aquello que más probablemente lo sea.
      Aunque percibo por su comentario que esta entrada le haya podido molestar, de ser así le pido disculpas, si bien no debería. Me explico. El blog es, como dice, personal. Y efectivamente lo dedico a hacer entradas con cuestiones variadas, no sólo médicas sino también filosóficas, éticas, anecdóticas, económicas y hasta políticas. El blog está para mezclar cosas, no es un tratado médico, ni es una cátedra, ni es palabra de Dios. Es un cauce para expresar mi opinión. Intento ser respetuoso con todas las personas y no me duele en prendas pedir disculpas a quien se sienta ofendido. No obstante me cuido mucho de hacer críticas personales y mucho menos de exponerlas públicamente, aunque si revisa las diferentes entradas puede ser que en alguna se me haya ido la pluma.
      En mi quehacer médico veo muchos pacientes, alrededor de 400 al mes. El trato con ellos me ha enseñado a mezclar. Y creo que la mayoría de mis pacientes vienen a verme porque "mezclo". Porque el médico tras la verdad alcanza a comprender un buen día que el paciente es más, mucho más, que mera fisiología. Porque el paciente agradece que el médico de aparato digestivo que le está viendo se preocupe por su juanete o si por fin su hijo se desenganchó de la droga. Porque la situación de dispepsia y malestar que estamos investigando durante meses con diferentes pruebas a análisis mejoraron cuando el cónyuge con Alzheimer pasó a mejor vida. Porque las diarreas aquellas incoercibles cesaron cuando se acabó el estrés y la presión de los compañeros en aquel odioso trabajo. En definitiva, porque mi profesión me pide mezclar para tratar de entender lo complejo que es un ser humano. Lo que me enseñaron en la Facultad de Medicina está a años luz de lo que en realidad es el hombre. Si usted quiere sólo la parte médica, encontrará grandes tratados, artículos en internet y compañeros que le dirán hasta con dos decimales de aproximación su riesgo de desarrollar un cáncer de colon. Yo me intereso más por la "weltanschuung", la cosmovisión que tiene el paciente, el enfoque que tiene ante la vida. Porque sé que el 80% de las consultas que atiendo están muy relacionadas con ello. Resulta curioso que a un paciente le pueda preguntar en la consulta por el aspecto y color de sus heces, o de si tiene o no relaciones sexuales anales con o sin sangrado sin que parezca irrespetuoso y sin embargo se sienta molesto u ofendido porque aborde esferas "más íntimas" o personales que también influyen en el comportamiento de las tripas. Yo puedo sospechar que una persona hace mal las digestiones porque odia a su suegra, porque su pareja le es infiel o porque no llega a fin de mes para pagar la hipoteca. Puedo profundizar "violentamente" en ello o puedo ahorrarme el tiempo prescribiendo un frío omeprazol y me quito de encima al paciente. En definitiva, ante un paciente con insomnio, o dedico un tiempo que no me pagan a indagar por el origen de ese insomnio o prescribo un hipnótico sin ahondar en que la mejor almohada es una buena conciencia.
      Los temas referidos a cuestiones éticas y filosóficas sí deben mezclarse con la medicina, al menos con la medicina que yo pretendo. Usted podrá beneficiarse de lo que quiera y hasta donde quiera.

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    2. En definitiva, estimado lector, creo que los temas existenciales, quiéralo usted o no, están en la base de un gran número de padecimientos humanos. Y no me son ajenos. El paciente no tiene por qué mostrar todas sus heridas al médico, puede dejar algunas escondidas a ver si curan solas o si se convierten en foco de gangrena. Las cuestiones existenciales siempre salen a flote, siempre. Y son a los que las niegan a los que más daño les hace porque viven permanentemente frustrados (v. gr. frustración: permanente insatisfacción de una necesidad).
      No obstante, lo anteriormente expuesto no impide que en mi tarea asistencial yo me limite estrictamente a ver lo relacionado con la patología del aparato digestivo, o eso me gustaría. Cuando el paciente no quiere contar más, está en su derecho y la terapia podrá ser más o menos eficaz.
      Reitero mis disculpas si le molestó que tratase este tema pero no veo ofensa en la exposición que hice. El ser humano tiene una dimensión espiritual innegable al margen de la orientación religiosa que usted quiera darle o negarle.

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  8. Me consta que además del buen profesional y comunicador estar cerca y al lado del paciente, no se encuentra en el día a día fácilmente. La ética y la deontologia médica también forman parte de la conducta profesional del médico. Felicidades doctor

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    1. Agradezco tanto su apoyo como las opiniones discrepantes. He tenido ocasión de convivir e intercambiar opiniones con muy variadas personas, de muchos credos y postulados filosóficos. Algunas, incluso, con las que a más de uno le repugnaría hablar. Esto me ha llevado constantemente a cuestionarme muchos aspectos de esos que llamamos éticos, y hasta me he sorprendido viendo en los más altos cargos de comités deontológicos médicos a los mayores prevaricadores del sistema. No estoy "casado" con nadie. Las razones por las que me interesa el ser humano no se las digo a nadie, o casi nadie, porque son increíbles.

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  9. El médico no es una máquina de curar.La parte personal aporta grandeza a la profesional.Gracias por su humanidad.

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    1. Cuando un paciente le suelta al médico la pomposa y grandilocuente frase: "doctor, me ha salvado usted la vida" hemos de ser un poco más humildes, bajarnos en pavo, y responder con total sinceridad: "no, mire usted, yo a lo sumo he contribuido a prolongarla una poco más". Porque al final el paciente siempre se nos muere, si no se muere antes el médico.

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  10. Desde hace unos días, un colega y amigo está intentando hacer un comentario a esta entrada y no sé bien por qué motivo no lo admite. Voy a intentar copiar el texto que me remite tal y como lo envía.
    Mi respuesta de hoy:

    01-03-2015

    Hace unas semanas escribí una respuesta al tema que planteas, Luis. Pero, como recordaràs, no sabemos porqué, no se editó. No recuerdo bien el contenido de mi texto, sobretodo porque he leido más respuestas y me obligan a reconducir ese comentario.



    El dia 21 de Febrero un médico "Anónimo" escribió en este blog: "... La labor del médico es curar, aliviar o acompañar al enfermo. La eutanasia deshumanizaría e iría en contra del fin de la medicina, que trabaja sobre el bien más sagrado que es la vida humana. ... ".



    Me sorprende en gran manera que, quien piense así y sea médico por vocación, omita, en su definición de médico, que, quizás, el "bien más sagrado que es la vida(¿o bienestar?" se diluya por culpa de una agonía física y psíquica que no podemos curar. Desatender al ruego de eutanasia de un paciente cruelmente tratado por pretender mantener esa "vida" a toda costa, sí que me parece deshumanizar la medicina. Entiendo que, mi misión como médico és hacer lo imposible para reestablecer la salud física y psíquica de mis pacientes, pero NO me obliga (antes lo contrario) a mantenerla en vida si ello va en contra de la primera premisa.



    En cuanto a la pregunta que, en la introducción de este blog, dejas al aire, Luís: " ¿Qué hay detrás de la insistencia en que sea un médico el que dirija un suicidio asistido?, aparte de remitirme a mi comentario del párrafo anterior, creo leer entre línias algo que se me escapa. En cualquier caso, como estamos lejos de permitir la eutanasia como acto médico consensuado, ¿qué impide acojernos, mientras, a una legislación que acceda a una petición de eutanasia, sea por deseo expreso del propio paciente o atendiendo a su Testamento Vital, si lo hay ?. http://www.eutanasia.ws/testamento_vital.html



    Como profesional de la medicina me pregunto: ¿Hasta qué punto és ético y justo eludir esa responsabilidad (cuando se de el caso) objetando razones de consciencia o religion?.



    Aprovecho para felicitarte por tu iniciativa, inquietud y valentia al exponer tu opinión y a la honestidad que transpiras tal como lon haces.

    Aunque discrepemos, recibe mi más profundo respeto y admiración. Leeré y razonaré lo que escribas, aunque no esté de acuerdo con ello.




    Espero que salga completo y sin erratas por mi parte...

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    2. Dentro de los muchos matices que admite esta entrada quiero hacer precisión sobre dos cuestiones al hilo del comentario de mi colega Jaume. Planteo el problema del individuo que se ha cansado de vivir, bien porque padece una enfermedad terminal o bien porque meramente se ha cansado de vivir, está aburrido o hastiado. O deprimido. Desde la primera vertiente, es fácil dirigirse hacia lo que se ha llamado empecinamiento o encarnizamiento terapéutico, prolongar de forma abusiva y exagerada una vida cuando la naturaleza ya no acompaña. Es evidente que han sido estas prácticas de mantener vivas a las "momias" (con el debido respeto) lo que ha proporcionado más adeptos a la causa de la eutanasia. Pero ha sido principalmente por el rechazo al absurdo de luchar contra lo imposible. Las exageraciones ayudan a forjar las caricaturas. Y parejo a esta actitud absurda está el manejo cicatero y escaso de la analgesia que ha contribuido a esas agonías que nadie quiere para sí, ni para los que aprecia. No. Ni el partidario de la eutanasia es necesariamente un matarife, ni el que se opone a ella un sádico que gusta de prolongar el sufrimiento ajeno. Ambos se supone que quieren lo mejor para el paciente, que se mueven por compasión, y en lo que difieren radicalmente es en lo que consideran que es lo mejor para el paciente. Por eso, ante esta disyuntiva, se apela al propio paciente: que decida él, el testamento vital. Si puede, claro, porque en ocasiones no tiene posibilidad de elegir. Pero no olvidemos que en estos casos estamos hablando de individuos sobre los que pesa una enfermedad grave y terminal, no de gente sana.
      Este es el segundo matiz que me suscita la reflexión de Jaume. En un individuo "sano" cansado de vivir y que acude a un médico para pedirle que acabe con sus sufrimientos, ¿debería el médico acceder a esos deseos aún cuando la ley le ampare para hacerlo? Existe un interés múltiple en que el verdugo sea un médico. Porque transforma una ejecución en un acto médico que, como los demás actos médicos están transidos de humanidad, de compasión, de ciencia. Pero para acabar con la vida de una persona no hace falta estudiar medicina. La confianza del paciente en su médico estriba en que el paciente está convencido del supremo respeto a la vida del médico y sería como matar la gallina de los huevos de oro. Lógicamente, los médicos partidarios de la eutanasia consideran esta práctica como un acto médico más. El médico, por su formación y su profesión genera un respeto y a veces hasta veneración (por lo menos antes era así, ahora ya no tanto) que puede persuadir al paciente de que su vida ciertamente ya no merece la pena ser vivida. Es el depositario de muchas miserias de la gente incluso puede ser buen informador al gobierno de qué sujetos empiezan a ser onerosos y terminales, un gran ahorro si se les convence para que se quiten de en medio. Eso sí, sin dolor. Y como al médico le den prima por animar a las clases pasivas a que no sean insolidarias lastrando el erario público, enseguida dejamos de tener una pagada como pirámide de población.
      Total, terminales, lo que se dice terminales...lo somos todos apenas abrimos los ojos al mundo.

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  11. Al hablar de la vida de las personas no se puede dejar ningún aspecto fuera, la vida es un todo, incluso la muerte es parte de nuestra vida. No existe el poder “moral”, por llamarlo de alguna manera, de disponer sobre la vida en sí misma. Se pueden dar situaciones en las que el hombre, por su propia naturaleza, todavía no tiene unos argumentos sólidos para decidir, y serán tan justas las razones de los que defienden que cada cual es libre para decidir el fin de su vida, ya sea de forma auxiliada o no, como las razones de los que opinan lo contrario. Las situaciones pueden ser muy variadas y con muchas connotaciones y cada uno que se ve implicado se agarra a lo que puede. Son situaciones muy difíciles de afrontar, así que habrá que hablar de la libertad tanto si se trata de un médico o de otra persona, para que puedan decidir si quieren o no auxiliar en la muerte de otra persona, y también libertad para la persona que decide el momento en que quiere dejar de vivir. Claro que esta libertad no tendría que convertirse en algo sin sentido, como un acto cuasi comercial, a la carta, y llegar a ser más un “arma” letal.

    En cuanto al hecho de que sea el médico el que auxilie a morir a una persona, quizás sea un tema cultural de confianza y conciencia social. Sin embargo me surge una duda, fruto de mi ignorancia de los procedimientos a seguir por los médicos en los casos de enfermos terminales con mucho sufrimiento. En estos casos, ¿se les suministran medicamentos muy agresivos para que no sufran y que quizás acaban con la vida de la persona antes que la propia enfermedad?, y entonces, no se ve clara la diferencia entre esto y la posibilidad de la inyección letal; o ¿el procedimiento que se sigue es otro?.

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    1. El límite puede parecer difuso pero es claro. En la parte práctica, la ética médica no permite dar arsénico por compasión. Das aspirina aunque te dé úlcera o morfina aunque te estriña, pero lo que vas buscando es aliviar, no causar daño directo ni la muerte, que llega quieras o no.

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    2. De la ética en el ejercicio de la profesión de médico, bueno, como en todas las profesiones, ya se ha hablado en otras ocasiones en este blog y da lugar a muchas interpretaciones. Los médicos se ven sometidos a ciertas presiones de diverso origen que le hacen actuar de manera irreconciliable con su ética. No se puede generalizar, pero seguro que hay médicos, no tanto en el ámbito de atención directa a los pacientes, que quizás también los haya, pero se supone que con un fin, más o menos digno, de acabar con la agonía del paciente, si no en el ámbito de la gestión de centros hospitalarios, que pueden pensar que en los casos terminales excepcionales sería mejor acelerar la muerte del paciente porque se disminuye el coste económico y de gestión de personal.

      También hay supuestos parecidos al auxilio a morir cuando un paciente está en estado vegetativo, dependiendo de una máquina para mantener sus constantes vitales y, desconozco el procedimiento, si llega el momento de decirles a los familiares que no hay solución y que habría que desconectarlo, teniendo en cuenta, queda claro, el consentimiento de los familiares, ¿de quién parte esa decisión?, ¿de los médicos que atienden al paciente?, o los médicos se ven obligados a seguir un protocolo que les viene impuesto, ¿Quién tiene que apagar la máquina?.

      La vida, la muerte, la ética, la práctica, por poner un símil, ingredientes de una receta, que aunque se conozca, resulta difícil combinarlos.

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  12. Yo no tengo la solución para todos los casos. Los hay muy claros de que no debe prestarse cooperación médica al suicidio asistido y también los hay muy claros de que no hay que tener conectado a una máquina un cadáver en muerte cerebral. Pero hay en medio un sinfín de situaciones intermedias en las que la evaluación concreta e individual es más peliaguda y que se prestan a la polémica, sin duda. Poder vivir y querer vivir son dos condiciones indispensables para encontrar sentido a la vida.

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  13. La vida y la muerte merecen ser tratadas con igual dignidad. Se lucha toda una vida por vivir de manera digna, así que parece natural que se busque una muerte digna también.

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    1. La dignidad es algo que compete al ser humano. La muerte y la vida son eventos en sí mismos ni dignos ni indignos, cosas que le acontecen al ser vivo, igual -mutatis mutandis- que los cumpleaños. La dignidad no es, desde mi punto de vista, un añadido logrado sino un atributo propio del ser, del que uno se hace más o menos merecedor...pero que se posee por el mero hecho de ser.

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  14. La razón de que la eutanasia tenga que practicarla un médico y este no tenga la oportunidad de elegir, de debe a la falta de legislación, debido a que esta cuestión es difícil de legislar, porque no se sabe dónde están los límites.

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  15. En España de momento no se puede aplicar ningún tipo de eutanasia, ni por médico ni por nadie, no porque sea alegal sino porque es ilegal. Pero desde el positivismo que propugna que es ley lo que se legisla... esto cambiará. Algo de esto salía hoy a colación en el programa de TVE1 Saber Vivir que hemos emitido...

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  16. En el anterior comentario he utilizado la palabra eutanasia y no es a eso a lo que me quería referir. Resulta una cuestión que da lugar a mucha confusión. No sé si entre los médicos hay tanta como en los que no lo son. A lo que me quería referir era al hecho de la desconectar el respirador en un caso terminal. ¿En estos casos no puede el médico alegar la objeción de conciencia?. No conozco la ley de autonomía del paciente, ¿tiene aplicación en estos casos?.

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  17. Es cierto, existe gran confusión terminológica en este tipo de debate, tanto entre la gente de la calle como entre profesionales de la medicina. Por eso resulta imprescindible aclarar en todo momento los contenidos de cada término que se exprese y usarlos siempre de manera unívoca. Sin ir más lejos, lo que cada uno puede entender por "eutanasia" puede ser muy dispar. Si nos atenemos a la etimología de la propia palabra, eutanasia significa buena muerte. Y parece que según esto, no ha lugar al debate pues todo el mundo quiere una buena muerte, porque entiende que lo contrario, una mala muerte, sólo se lo deseas a quien odias. Pero incluso aquí, en este punto inicial, ya surgirían disidentes. Frente a los que desean una "buena muerte" estarían los que desean la "no-muerte", anhelo hasta la fecha inalcanzable fuera de la mística.

    Desear una buena muerte, por tanto, en buena lógica, es lo que deseamos todos los que nos sabemos mortales. Lo que origina el debate es...qué entiende cada uno por eso de "buena muerte". Parece a grosso modo que el término eutanasia se ha decantado más por el contenido de "aplicar medidas activas para propiciar y anticipar el fallecimiento de un ser humano cuando su naturaleza presenta un daño progresivo, irreversible y fatal a corto o medio plazo". En este sentido, yo que aspiro a una buena muerte, no me identifico con esta idea. Desconectar un respirador cuando el paciente presenta muerte cerebral no es eutanasia porque no se está matando nada que ya está muerto. Desconectar un respirador de un paciente tatrapléjico con lesión bulbar alta, sí lo sería. El terreno de debate es resbaladizo y la casuística puede ser compleja, por lo que hay que concretar cada situación y teniendo en cuenta que el análisis de cada caso puede ser muy delicado y controvertido.
    Al igual que existen posturas muy conservadoras, las hay igualmente muy liberales ("mi cuerpo es mío").

    La Ley de Autonomía del Paciente no aborda propiamente esta cuestión sino más bien lo referente al consentimiento informado para la realización de pruebas, tratamientos o intervenciones. Se puede encontrar más amparada por las leyes de Voluntades Anticipadas desarrolladas en las diferentes Comunidades Autónomas. A través de estas declaraciones hechas en vida y con consciencia y buena salud, el paciente expresa hasta dónde desea que la ciencia se esfuerce por rescatarle de una situación en la que ya no pueda decidir, siendo bastante frecuente que se rechacen medidas extraordinarias que en algunas ocasiones son expresión de verdaderos encarnizamientos terapéuticos.

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