sábado, 5 de diciembre de 2015

Recuerdos de Moscú

Probablemente es el periodo de tiempo que más he tardado en escribir una nueva entrada de blog y los lectores me lo han recordado. Han sido varias semanas en las que no he tenido demasiado tiempo de escribir pero no me han faltado las ganas de hacerlo. La nueva actividad con la televisión ha supuesto una gran alteración en mi agenda de trabajo. He tenido que recortar mi actividad asistencial y concentrarla en Segovia, dejando otros sitios. He tenido que viajar algo más. Pero sobre todo, he pasado y estoy pasando muchas horas en el plató para elaborar los programas de "Esto es Vida" que se emiten a diario en La Primera de RTVE. En este paréntesis de mi actividad habitual estoy reclutando mucha, mucha información que espero poder ir destilando en las siguientes entradas.

Conocer famosos de la televisión (yo nunca he sido televidente ni conocía nada del medio) o enterarse de los intereses de los medios de comunicación, está aportando valiosos datos. Es una experiencia interesante. También en los últimos días he sabido que la web Doctoralia me ha nominado como uno de los candidatos a mejor doctor del año. Y quizás dará para hablar de ello en los próximos días.

Pero el motivo de esta entrada es hacer ahora una breve reseña del viaje que hice a Moscú a primeros de octubre. Respondiendo a la amable invitación de un gran amigo, me animé a ir a conocer Moscú con ocasión de algunos trámites pendientes. Al comunicar en casa que me iba una semana, mi suegra se apresuró a darme unos recuerdos de un viaje que hizo su padre a Moscú...hace muchos años. Aquí ofrezco tres fotografías de aquello.

La sal y la pimienta
Son tres cosas que te ofrecen en los aviones. Aeroflot no ha cambiado de anagrama. El formato y el modelo se ha modernizado y economizado espacio, aunque no siempre como se ve en las toallitas que ofrecían y que ofrecen ahora.

Toallitas refrescantes antes... y formato de ahora
Y lo que pone fecha al antes de estas fotos figura en la fecha de caducidad de los azucarillos que daban entonces, 
Azucarillos de Aeroflot, modelo 1966

No sé si estos azucarillos de hace casi 50 años y que mi suegra conservaba del viaje de su padre a Moscú estarán operativos, vamos, si seguirán siendo azúcar ahora, pero seguro que tienen más interés cerrados que diluidos en un café.

La ocasión del viaje me mostró un aspecto de la historia de nuestro continente que no es la misma cuando te la cuentan. Hay que estar con la gente para poder acceder a la visión que los demás tienen del mundo. Y ahora que vienen elecciones en este país, es interesante el ejercicio de ponerse en el pellejo del otro a la hora de entender por qué optan por lo que optan, aunque no se comparta la decisión. La tolerancia no quiere decir que uno esté conforme. Tolerar el dolor no significa que uno no haga lo posible por librarse de él. Mi gratitud y recuerdo al pueblo ruso que en tan poco tiempo me enseñó tanto. El paso del tiempo no diluye lo esencial del ser humano: seguimos teniendo los mismos intereses, los mismo contenidos, aunque cambiemos el atuendo.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...