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sábado, 4 de junio de 2016

Ponga un triptófano en su vida

¿Qué me falta para funcionar bien? ¿Por qué no estoy satisfecho en mi vida? ¿Dónde se encuentra embotellada la ilusión y los ánimos? Necesito una enfermedad que me justifique mi estado anímico decaído. O una explicación. O varias y elijo entre todas la que más me satisfaga. Y por eso surgen las diferentes hipótesis y teorías sobre la depresión, esa tenaza que llega sin saber de dónde y, sin causa aparente empieza a sembrar tu horizonte de tristezas y temores. No me refiero, lógicamente, a quienes tienen realmente a la vista un mal trago que pasar, a lo que se llama depresión reactiva o exógena, a la tristeza que aflige el alma cuando hay una causa externa que evidentemente hace que uno se encuentre decaído. Sobre eso que son lo temores fundados o el duelo deberíamos hablar en otra ocasión. Esta vez quiero referirme a las vidas grises de quienes andan mustios sin tener un motivo suficientemente razonable para ello.

En cierta ocasión un joven recriminaba a una persona mayor su tacañería a la hora de contribuir a un regalo en el que todos ponían por igual y el mayor, sobradamente solvente, alegaba: "jovencito, es que cuando uno se hace mayor tiene miedo a ser generoso, a ver si al final se queda uno en la miseria". La respuesta era obvia: la miseria de la que huía era en medio de la que vivía. Algo similar le sucede al hipocondríaco: sin tener una enfermedad, cree tenerlas todas o alguna insospechada, y eso es lo que le mina su salud. El abordaje de la depresión no debe ser motivo de chanza pues es un tema serio. Y una epidemia sel siglo XXI, pero que parece afectar sólo al mundo desarrollado. Quizás porque en el mundo más desfavorecido en cuanto a lo económico andan más ocupados con llenar la tripa o luchar contra infecciones. A ellos no les llega ni la depresión ni el cáncer, no saben lo que es, tienen otras preocupaciones,

Para explicar ese estado de ánimo depresivo se han invocado diferentes hipótesis. En todas encontramos datos que parece que se cumplen, pero al mismo tiempo, otros que no encajan. Son modelos explicativos y los más comentados giran en torno a la serotonina (5-hidroxitriptamina), una molécula que se encuentra en muchos puntos del sistema nervioso central y periférico y que actúa de neurotransmisor de impulsos nervioso. ¿Y por qué un gastroenterólogo habla de esta amina? Porque se encuentra muy abundantemente en el aparato digestivo y regula el apetito, el sueño, la saciedad, los temores, el impulso sexual, emociones, temperatura, la percepción sensitiva,... y también el miedo, la ansiedad y la agresividad en relación con otros dos neurotransmisores como son dopamina y noradrenalina. Hay muchos estudios que ponen en relación su papel en este control desde su descubrimiento allá por 1948. Y en el intrincado mecanismo de regulación que tiene este neurotransmisor se le señala como la molécula de la felicidad, asociando niveles altos de la misma con estados placenteros y niveles bajos con angustias y temores. Esto no es tan simple, pero ha servido para que entre las diferentes terapias para la depresión hayan triunfado los llamados fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): aquellos fármacos que se supone que actúan en el organismo inhibiendo la retirada de la serotonina del espacio sináptico una vez que se libera, dejando que actúe durante más tiempo. Se trata de facilitar que esa molécula "de la felicidad" permanezca más tiempo, prolongue el estado de satisfacción,... o al menos esa es la teoría. Es el triunfo de los fármacos como Prozac (fluoxetina) que tanto da que hablar como si fuese la solución de todas las preocupaciones. Antes -ahora también pero menos- las preocupaciones se ahogaban en el abuso de alcohol. O eso se creía porque evidentemente las penas saben nadar y siguen ahí a flote, mientras uno acaba con el hígado cirrótico. Ni el alcohol era la solución, ni Prozac tampoco. De hecho ambas conductas abren la puerta a las tentativas de suicidio. Quizás porque ahondan en el sinsentido de la vida. Por esta reflexión también triunfó aquel libro de "Más Platón y menos Prozac" de Lou Marinoff y, de su mano, todo un conjunto de libros de autoayuda.

Ante los no pocos efectos secundarios que pueden surgir y el peligro de considerar los ISRS como la panacea a los problemas, surgen los naturistas que abogan por que si lo que falta es serotonina, aportemos el precursor de esa molécula, un aminoácido que se llama triptófano. Y es lo que está de moda: todas las ventajas del aporte de la molécula de la felicidad...pero sin nada de "química" artificial, de medicamentos que en el fondo sólo sirven para que se lucren los laboratorios a expensas de los males de los pacientes. Como si el triptófano fuese barato. Pero es que además es como recetar polivitamínicos a quien no tiene ninguna deficiencia de vitaminas. Queda muy bien cuando no sabes qué prescribir pero ¿realmente necesita ese suplemento? Bueno, por si acaso, es natural y, mal no le va a hacer. Es el otro razonamiento superficial, Y eso cuando no es que se pliega uno al deseo del paciente que acude "porque mi vecino también lo toma y siempre está optimista y sonriente, con vitalidad desbordante". A lo mejor es que esnifa cocaína.

Desde mi punto de vista, una vez más, el problema de la serotonina en relación con la depresión está una vez más en el...equilibrio. El equilibrio...emocional. Porque hay deprimidos que tienen bien sus niveles de serotonina; cuando se invoca a la deficiencia de serotonina en la depresión se hace en términos estadísticos, en general y es que los que realmente tienen una depresión mayor sí tienen niveles significativamente bajos de este neurotransmisor y probablemente son los únicos que realmente se benefician de incrementar estos niveles, bien con ISRS o bien con aportes de triptófano o como sea, pues también el orgasmo o el electroshock incrementan esos niveles. Cuando lo que el paciente tiene es un cuadro de ansiedad, de hipocondria, probablemente el problema no está en la falta de serotonina sino en algo más fino que requiere ajuste emocional y no se larga de un plumazo diciendo que al paciente le falta un tornillo. El ajuste emocional implica en primera instancia saber de dónde parte el paciente, el análisis de sus fobias y temores, de sus expectativas de vida, de su pasado y de su presente, de su cosmovisión (weltanschauung, que dicen los alemanes),...muchas veces es un problema existencial, y eso no se lleva a cabo en una consulta estándar. La consulta médica al uso rara vez dura más de diez minutos (¿quien aguanta diez minutos escuchando las penurias lastimeras del paciente?) y lo cómodo es cerrar la visita extendiendo una receta de un ISRS, porque ya están los demás pacientes esperando. Los médicos no sabemos manejar bien los trastornos de conducta. Pero digo los médicos e incluyo a la mayoría de los colegas psiquiatras (lo siento, colegas, pero lo digo basado en mi experiencia particular, aunque hay honrosas excepciones), pero porque el manejo de este tipo de problemas compete al Psicólogo Clínico. El Psicólogo dispone en su agenda de una mayor cantidad de tiempo para analizar estos problemas. El hecho de que le atienda su problema un Psicólogo no garantiza que le lleve a buen puerto, pero es una manera adecuada de comenzar. Puede ser que la terapia que aplique no surta su efecto, no haya buen entendimiento o no logre los resultados apetecidos. Pero es que hay psicólogos y psicólogos. Igual que hay médicos y médicos. Las herramientas que cada cual aplique serán las que su experiencia le dicte como más adecuadas. En general hay que llevar a cabo una modificación de conducta tras el análisis de la situación que en ocasiones requieren varias sesiones, variables en duración y en número, dependiendo de la capacidad de introspección del paciente. Cuando el problema de la hipocondría y las fobias no se abordan desde esta perspectiva, está uno condenado a peregrinar de médico en médico con sus fobias y temores, a acumular desencuentros y enfados con médicos que no nos entienden, a ir probando diferentes medicamentos de moda, de farmacias o de herboristería, que tendrán una eficacia más o menos acusada o duradera, pero el problema no se habrá resuelto: hay que amueblar la cabeza o nos volverá a doler el estómago. "Y eso que hasta me quitaron el Helicobacter..."

19 comentarios:

  1. Cuál es la relación entre la renta y la serotonina? Por qué en los países ricos la gente tiene problemas con la serotonina?

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    1. No será porque invierte poco en ella, pues menudo juego da. Yo creo más bien que en los países ricos la gente se preocupa por muchas cuestiones de escasa entidad (desde el punto de vista existencial), desvía su atención de lo que de verdad importa y entonces tiene que echarle la culpa al triptófano. Hay una hipertrofia de vitalismo y de egoísmo. Y eso pasa factura, por más que los hedonistas opinen que suena a moralina.

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  2. En la vida hay que aceptar ciertas cosas sin darle muchas vueltas. La vida es un continuo aprendizaje. En muchas ocasiones, cuando se presentan situaciones inesperadas se echan balones fuera, cuando realmente el problema está en nuestro interior. Desde niños se nos enseña a luchar contra los demás, pero no a luchar contra nosotros mismos, o a estar en paz con nosotros mismos. Los medicamentos pueden influir en una persona de una forma bioquímica, hormonal…, pero no nos enseñan nada. Tampoco creo que un “trastorno” emocional tenga que ver con la mayor o menor fortaleza mental, es verdad que cada uno tiene un carácter determinado, pero el verdadero problema es saber salir de esas situaciones, podemos llamarlas mental o emocionalmente negativas. Si uno mismo no sabe cómo salir, es fundamental la ayuda de otras personas, ya sean profesionales de la medicina o no, que sepan guiar la conducta de una forma determinada y concienciar o hacer asumir a las personas que pasan por esas situaciones que esa ayuda las puede sacar del atolladero. Además del componente genético, nuestra mente se nutre de lo que va asimilando a lo largo de la vida, por eso es muy importante lo que vamos aprendiendo de nuestro entorno, en primer lugar de nuestro entorno más cercano como el familiar, y después también de lo que recibimos del entorno social, amistades, compañeros, conocidos, vecinos….

    Quizás lo más difícil sea diagnosticar el propio trastorno emocional porque no es fácil identificarlo. En primer lugar, porque el propio afectado no sabe ni que lo padece, siempre ha vivido de una manera determinada y cuando va al médico lo hace por otros síntomas, que pueden ser provocados por esos trastornos. En segundo lugar, porque puede que los métodos para diagnosticarlos no sean los adecuados. También influye a la hora de reconocer este tipo de enfermedades la cuestión social, el concepto que la sociedad en general tiene de las mismas, ya que en muchas ocasiones las personas que las sufren son objeto de exclusión social, lo que provoca que se padezcan en silencio en muchos casos, si se puede claro.


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    1. Entornos...familia, sociedad, cultura... qué importante el aprendizaje. Qué importante descubrir los valores, lo que de verdad importa. Una axiología materialista acaba en un uno mismo. Éxito y fracaso están definidos socialmente. ¡Y si usted no alcanza esos extremos, no puede por menos que deprimirse, "so fracasao"!

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  4. Hola Dr. que buen comentario!!, en la medicina actual, la mayoría de los médicos te dan turnos cada 10 minutos, mucha gente en las prepagas o en la seguridad social, pero no somos un número, lo cual no tenemos la culpa, eso hay que solucionar, los médicos de antes los de mi madre incluso de familia, eran médicos que también venían a visitarte a tu casa, y hablaban con el resto, habia más tiempo? habia menos gente en el mundo? había menos enfermos? habia menos comercio..hoy los médicos han proliferado, en casi todas las universidades del mundo, yo particularmente cuando eligo a un profesional, despues de la primera visita, me llevo por mi intuición y de acuerdo a como aplica su tiempo en mi, si me pregunta como estoy? que me pasa? que cosas me afligen, cualquiera fuera su especialidad, tengo que sentir su empatía, y después hablamos de lo que realmente me aqueja para ir a vero, vuelvo o no, he ido a un médicos que estando con sintomas de gripe y tos, no me a oscultado, se lo he tenido que pedir yo; he ido a una ginecóloga que por mi edad, le pedi si no me hacía además de los estudios de práctica una desintometría por el tema de la osteoporis, me miró y me dijo: "no usted no tiene aspecto de tener osteoporis" le pregunte, aspecto? cual tengo?, y me dijo porque no es muy flaca; y también ha venido otro a mi domicilio y al mirar a mi hijo que estaba con 40 de fiebre, lo miró desde la puerta de su habitación y lo recetaba.- Por supuesto no me quede con eso, le dije que se fuera que iba a llamar a otro.- Por eso Dr. a pesar que cada uno es cada uno y sabe lo que lleva adentro o no, es importante que el médico que nosotros elegimos, nos de la mano al saludar y nos escuche, y yo vi eso en usted, hace mucho que no encuentro un profesiona que sepa escuchar y preguntar...cuando me fui al terminar mi consula y el estudio, a pesar de mis dudas por mis dolencias, mi hijo que me acompañaba me dijo, "que majo es mamá" ,y si le dije "si es cierto, estoy reconfortada".-No cambie nunca, gracias

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    1. La cuestión, amiga, es la remuneración: la economía permea todo. Si usted recibe una gratificación generosa por lo que hace, lo hace con más alegría y dedicación. Un futbolista por jugar noventa minutos o por marcar un gol gana más dinero que un médico trabajando todo el año. Es verdad que en la profesión médica no debe salir lo de la remuneración en primera instancia pues se entiende que es una profesión "vocacional". Error: ya no es tan vocacional. Los jugadores de bridge y los de cualquier juego de naipes saben que la jugada es más importante cuanto mayor es lo que está en juego. Si lo único que ve el médico es lo que va a ganar -en dinero- por atender a ese paciente, la atención será meramente interesada por los beneficios: a más ingresos, más atención. Pero esto que parece una frivolidad por parte del médico... asómbrese usted pero es algo que muchos pacientes entienden: cifran la calidad de la atención en una mera transacción comercial que, si es cara, debe ser buena. Yo pago, yo exijo. Y exijo tanto como pago. Para mí no es lo más estimulante de la visita médica: yo sigo tocando la tripa de mis pacientes. Si tuviera que ponerle precio, a veces no abriría la Clínica.

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  5. Ay, ay, qué tema tan interesante, doctor. ¿Dónde empieza lo físico y dónde lo psíquico? Aquí va mi ˊtristeˋ historia:
    Que yo no puedo respirar y que voy al médico. Y que no se sabe por qué es, y que voy a otro médico, y que no se sabe de qué es y que voy a otro. Y que despues de unos meses me encuentran algo. Todo esto es normal. El cuerpo humano es complicadísimo. Mejor ir investigando que que jueguen a ser dios y te receten lo que sea…, solo porque has ido a consulta.
    Y que a lo peor es ansiedad, o depresión, y que te envían a un psiquiatra, y este te pregunta si eres hipocondriaco… (¿de verdad le habrá servido de algo preguntar eso a sus pacientes?).
    Y que sigue mi condenilla física, y la psíquica, desde luego, porque después de varios meses sin respirar bien y sin todavía conseguirlo sigo empeñado en curar y me considero un héroe por seguir trabajando, viviendo y hasta divirtiéndome. Pero no tengo descanso…
    Y no quiero que me llamen hipocondriaco. Sé que soy el único responsable de mi curación, aunque confío en gente que haya estudiado medicina (que yo, no), sobre todo si parecen tener sentido común e interés por su trabajo, sean simpáticos o antipáticos.
    ¿Triptofano? De momento, me dedico a la valeriana y hacer risas con los amigos. Pero es una idea..
    Triste historia contada, aprovecho para dar testimonio de que es una suerte haber encontrado a un galeno tan lúcido como usted. No se canse de nosotros.

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    1. Pues eso, que cuando decimos que "andamos asfixiados" porque no llegamos a fin de mes...es en sentido literal, que no podemos ni respirar, nos falta el aire. Pero claro, cuando uno oye hablar de que alguien empezó así y luego resultó que le vieron un tumor en la tibia...pues ya todos son males. Y de nada sirve que el tumor se lo viesen treinta años después de la sensación de ahogo... Que sí, que todo guarda relación!

      O hacemos un poco por reirnos de nuestras fobias o de verdad que nos ahogan. ¿Que puede ser que uno de los temores no sea infundado sino que tiene su causa y fundamento real? Pues si se averigua de qué es y tiene tratamiento, se trata y se acabó.

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  6. ¿Cómo puede modificar su conducta una persona que ha perdido la capacidad de decidir, que ha perdido hasta su voluntad?. En la mayoría de los casos se convierten en casos crónicos y ni los psicólogos pueden hacer algo.

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    1. La medicina no tiene la solución a todos los problemas. La psicología tampoco soluciona todos los suyos. Porque la vida es mucho más rica en matices de lo que llegamos a definir. Cuando usted dice "ni los psicólogos pueden hacer algo", me recuerda la respuesta del escritor británico C. S. Lewis cuando le preguntaron ¿Le caen a usted mal los franceses?. Él contestaba: no sé, no los conozco a todos...
      Hay psicólogos y psicólogos. Repito esa frase con tintes de tautología sabiendo que no todos saben hacer lo mismo por recomponer las voluntades perdidas. Pero desde el desánimo, desde el derrotismo, es muy difícil encontrar la persona referencial básica, esa que aplicaría la poción mágica sobre nosotros. Como decía el propio C. S. Lewis, ninguna ayuda, ninguna labor social puede tener otro sentido que ayudar a los hombres a descubrir que vale la pena vivir, porque se dan condiciones de vida en las que ese descubrimiento es casi imposible.

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  7. Cuando alguien dice, y se oye decir bastante, que es propenso a cierta enfermedad, en estos casos de trastornos de la conducta, ¿Qué base o fundamento tiene?. ¿Puede ser algo genético, congénito, una percepción de la propia persona que lo sufre en función de sus características personales, o algo científico partiendo de las pruebas que haga un médico, o de todo un poco a la vez?. El considerar o considerarse propenso parece que ya lleva implícita la enfermedad y no es más que una especie de tapadera de algo crónico que no tiene tratamiento curativo.

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    1. Ser propenso a... condiciona pero no determina. Existen enfermedades con base genética conocida (hemofilia, poliquistosis renal,...) que con un cálculo de probabilidad determinamos los riesgos de padecerlas. Otras en las que hay base genética, pero no bien determinada: los calvos venimos de familia de calvos y es más probable que lo seamos, aunque algunos se libran. Hay familias en las que existe un "tinte depresivo" por llamarlo de alguna manera, donde varios miembros han tenido depresión o han sido tratado de depresivos. No se conoce con exactitud la base genética que subyace aunque cada día salen más noticias que relacionan a tal o cual gen, si bien en estos problemas lo más probable es que exista una base poligénica. Y por supuesto, en los trastornos de conducta influye, y mucho, la educación, pues hay depresivos que a lo mejor lo son menos en otros ambientes. Igual a un niño de familia de depresivos lo sacas de ese entorno y se cría con los bantúes y no pasa de ser un muchacho melancólico o introvertido pero no se deprime...porque allí no ha lugar para la depresión.
      Considerarse o ser propenso...apunta maneras, indica de qué pie cojeamos. Nos indica el punto débil de nuestra naturaleza contra el que hemos de luchar por mejorar, combatir o prevenir. Si en mi familia somos propensos a padecer cáncer de colon y a mí me encuentran pólipos en cada colonoscopia bianual que me hago...quizás debo seguir haciéndomelas y así me anticipo al riesgo de sufrir cáncer de colon.

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  8. Dejadme exponer lo que podría ser o parecer una simpleza:
    Sin quitar importancia a todo lo manifestado en este magníficp artículo y debate, dejadme hacer esta reflexión en voz alta: ¿Si un aporte de Triptófano / Serotonina puede mejorar o resolver estados depresivos por carencia, no os parece que , en estados carenciales de afecto, una sana y simple caricia podría hacer el mismo efecto?.
    Con esa reflexión pretendo traer a colación otro elemento que, por su ausencia, puede explicar muchas situaciones anímicas negativas e inexplicables: sentirse querido.
    Detrás de una verdadera caricia hay todo un mundo hecho a medida para quien la recibe. ¿Os podéis imaginar a cuantas personas les vendría de perlas una sencilla y sincera muestra de afecto?.

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    1. Hombre, claro!!! pero qué cosas tienes Jaume. Lo que pasa es que el cariño es más caro en este mundo monetarizado. Hay estudios que ponen de relieve cómo sube la serotonina en sangre con un caluroso abrazo, de esos que escasean...

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  9. En estas situaciones, sin duda alguna, el factor más relevante es la capacidad de consentimiento de la persona, en el sentido de aceptar su propia personalidad y de modificar su conducta si es necesario. Los condicionamientos subjetivos pueden ser muy variados, pero casi siempre se “echan balones fuera”, quizás a modo de autodefensa, buscando causas externas, sociales, culturales, familiares…, y es verdad que también tienen su influencia, pero el ajuste emocional tiene que partir de uno mismo. Por eso es muy importante detectar estos trastornos lo antes posible, para que no se “enquisten” de tal manera que la persona “pierda el norte” y se “cierre en banda” de forma que resulte tarde para encauzar su conducta. En determinados casos, ni la propia persona afectada es consciente de lo que le está pasando, porque no identifica los signos propios del trastorno. En unos casos, porque en un determinado momento se “cruzan los cables” sin saber la causa y va determinando la conducta sin darse uno cuenta, y en otros casos, porque esos síntomas quedan encubiertos en ciertos aspectos de la personalidad de cada uno, como puede ser el carácter excesivamente egocéntrico, egoísta, prepotente…, que ya por sí mismos, se puede decir, que son trastornos emocionales, pero no considerados como patológicos, y que paradójicamente pueden llevar a situaciones de depresión, pero se camuflan como “derrotas” en el aspecto puramente pragmático y no se reconoce, o no se quiere reconocer que puede ser algo más profundo y complicado.

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    1. Lo que comenta apunta hacia el influjo social en los patrones de conducta. La educación, el conjunto de medidas de integrar a los ciudadanos en una sociedad, en una cultura determinada, aporta (o debería aportar) los mecanismos con los que debe hacer frente a los conflictos que surgen en la vida. Conflictos que, en gran medida, nos los proporciona la propia sociedad, el entramado social en el que nos movemos.
      Estas reflexiones las hago al hilo de situación política que se vive en España a las puertas de unas segunda elecciones que tienen visos de reeditar las anteriores fallidas. Allá en los albores de la llamada "transición" el gobierno cayó en manos de un político que se frotaba las manos augurando que le iban a imprimir un cambio a España que no la iba a conocer "ni la madre que la parió". La transformación cultural que efectivamente se ha operado en este país en las últimas décadas ha sido bestial (bestial en el genuino sentido de hacerse más bestia), con un deterioro moral que ha contribuido a que se "pierda el norte" que usted comenta. Saber dónde está el norte, no obliga a ir hacia el norte, pero tiene la ventaja de saber que si se va en dirección contraria, se va hacia el sur, lo cual siempre es mejor que estar perdida. La sociedad española hace tiempo que perdió su norte y la gente vaga como pollos sin cabeza, viven, pero no saben para qué con el único anhelo de dar "un pelotazo" haciendo valer las palabras de Valle-Inclán de hace un siglo “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.” Y esto, amigo, se traduce en problemas de salud, algunas veces corporal y siempre mental.

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  10. ...hasta que me quitaron el helicobacter. dió usted en el clavo. No soy médico pero me atrevo a decir que la ciencia médica está en los albores del conocimiento de la relación mente-aparato digesitivo. En 2014 tras una temporada de estrés extremo comencé con despertares nocturnos precoces, que poco a poco fueron empeorando hasta el extremo que me acostaba y a los dos horas me despertaba con taquicardia y la tensión arterial por las nubes. Como era de esperar, en urgencias y en atención primaria me despacharon con ansioliticos y cuadro de ansiedad. Al mismo tiempo comenzaron problemas digestivos, digestiones lentas, cacas "feas", y como no, en atención primaria eran todo nervios. EL cuadro empeoró y lo que era crisis de ansiedad se convirtió en una depresión. Paralelamente lo que eran nervios en el estomago, tras acudir a especialista, se convió en diagnostico de reflujo, hernia de hiato, gastritis con helicobacter y colon irritable, tras las correspondientes endoscopias. tenia todo el pack. con tratamiento mejoré del estómago pero continuo con mi problemas a la hora de dormir. No soy médico, pero a varios de los que he acudido si lo son, y estoy convencido de que mis problemas de sueño continuan porque sigo con problemas digestivos que los médicos no han sido capaces de diagnosticar. No soy médico pero seguro que en algún sitio del sistema digestivo que debe producir melatonina, serotonina o lo que sea que acabe en ina y tenga que ver con el equilibrio emocional, no lo está haciendo. ¿A que usted si me entiende?
    Fernando

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    1. Lo entiendo bastante bien (o diré perfectamente, Fernando) porque en la consulta vemos con mucha frecuencia esa conexión entre el estado emocional y el funcionamiento del aparato digestivo. Hay mucha serotonina suelta por el intestino. Muchos de esos cuadros, todavía por conocer, están bajo el epígrafe de trastornos funcionales. Lo que va mal no lo sabemos exactamente. Pero los cuadros de ansiedad...o afectan al intestino o acaso provengan en cierta medida por desajustes del intestino ¿Causa o consecuencia? La secuencia que describes, Fernando, en muy frecuente: síntomas como insomnio, taquicardias, nerviosismo son fácilmente encuadrados dentro de un cuadro de ansiedad. Las tripas empiezan a moverse de modo anárquico. Uno piensa que tiene algo serio. Viene la hipocondria, la depresión. De chiripa te ven reflujo, o acaso colelitiasis y hasta te quitas la vesícula por ver si es eso. Podría citarte ahora, de memoria una docena de personas (Natalia, Alberto, Ricardo,...) que suscribirían tu comentario y el mío. En estas ocasiones algunos ansiolíticos ayudan. Pero no son la solución.

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