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sábado, 9 de julio de 2016

¿Está usted seguro?

Es una pregunta que se oye con frecuencia. Se escucha en boca de los pacientes que se dirigen a su doctor pero también se escucha en los labios de quienes quieren vendernos un seguro de cualquier cosa. Interpelar por la seguridad enseguida levanta la duda de que, efectivamente, quizás no se esté tan seguro como uno creía. Y no te digo nada si la pregunta te la repiten o incluso hasta te la vuelven a decir por tercera vez, como cuando Jesucristo le preguntó a Pedro "¿me amas?" (Cfr. Jn 21, 17). Sin duda, repetir la pregunta te hace dudar de tanta seguridad.

Los pacientes acuden al médico con sus temores y desean ver seguridad, firmeza. Para muchos ese aplomo por parte del médico ya es terapéutico: "lo ha dicho con tal seguridad que ya hasta me siento bien". Y lo contrario, el titubeo, la duda por parte del médico suele generar desconfianza en el ánimo del paciente. Al menos esta era la postura clásica, porque más modernamente, el paciente ya acude a la consulta documentado y, quien más quien menos, ya se ha puesto al día de cómo están las cosas en el asunto que le preocupa. Cuanto más ha indagado en ello ha podido comprobar que existe controversia al respecto, que unos afamados médicos opinan una cosa y otros, también afamados, sostienen casi lo contrario. Por eso, el paciente que acude al médico en esta tesitura puede recelar de la postura firme y contundente de su médico: "este se posiciona, es rígido, inamovible, quizás hasta obstinado y presuntuoso... ¿no habrá leído que hay colegas suyos que opinan lo contrario?".

Entonces ¿dónde está la justa medida de nuestra seguridad ante el paciente? Hay que ser honestos: no lo sabemos todo. Reconocer, como decía un viejo profesor, que "en medicina cada cosa al menos son dos" (que es una forma de abrir posibilidades a que lo que creemos que es una cosa sea en realidad otra) es humildad. Puede ser que mine el ánimo de algunos pacientes que necesitan de esa seguridad, sobre todo aquellos con ánimo más hipocondríaco a quienes las sombras de duda por parte del médico alimentan su ansiedad. Pero al mismo tiempo denota que uno no es infalible ni tiene la obligación de acertar.

Si la pregunta viene de un anuncio, de publicidad, eso es que quieren vendernos algo. Lo más probable, algún seguro para nosotros o para nuestros allegados: seguros de vida, seguros de salud, seguros de hogar, seguros de coche, seguro de responsabilidad civil, seguro de pensiones, etc. Hay que tener todo asegurado. Y es que en el siglo XXI se ha desbordado lo que ya empezó a crecer a finales del XX: el pánico a la incertidumbre. Venimos despertando del sueño de la magia hacia la ciencia que todo lo sabe y predice. Los riesgos, esa cuota de imponderables que han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad, se han ido acotando y calculando. Se han elaborado sofisticadas fórmulas y algoritmos que predicen que tal o cual cosa sucedan. Ya no nos sorprenden los eclipses ni hasta el paso de cometas. Las predicciones meteorológicas ya aciertan más que fallan. Los médicos hacen pronósticos que cada vez son más precisos, aunque evidentemente hay situaciones en las que es mejor no aventurar nada. Pero a todo el mundo desconciertan los resultados de algo fuera de todo pronóstico: un evento deportivo que acabó en tragedia, interpelan sobre las medidas de seguridad; unos resultados electorales que no obedecen a como habían pronosticado las encuestas hacen dudar del método de sondeo e incluso algunos prefieren trasladar la causa a un pucherazo. El que invierte en un fondo que tiene todas las de ganar, se enoja si pierde. Y si usted no quiere llevarse sobresaltos con su pensión, hágase un plan de jubilación. A lo mejor cuando lo rescate...se verá igualmente sorprendido porque no le queda una pensión con el poder adquisitivo que preveía. Y la simple sombra de que eso pueda ser así, ahora desde ya le genera angustia, intranquilidad.

Cuando le venden a usted un seguro de salud, le ponen delante la posibilidad, casi la certeza, de que usted va a enfermar. Lógicamente, si tuviese el pleno convencimiento de que nunca se va a poner enfermo, pagar por algo que no va a necesitar es absurdo. Los seguros intentan paliar con dinero la incertidumbre. Para algunos es como el tributo que se paga a los dioses para que te conserven la salud, es como un talismán, como el air-bag que dicen que lleva escondido tu coche en el volante pero que es mejor que no lo tengas que ver.

¡Cuántos pacientes vienen a mi consulta pidiendo seguridad! Algunos, antes de una exploración endoscópica para la que han firmado el habitual "consentimiento informado" me insisten atemorizados: "Pero seguro que no me va a pasar nada, ¿verdad doctor?" Yo, aunque sé que a alguno no le deja satisfecho, les digo lo que creo más cercano a la realidad: "Verá, no está en mi ánimo que a usted le pase nada malo". En esos momentos el paciente lo que esperaría escuchar del médico es un contundente "¡Ni hablar!, ¿qué le va a pasar a usted nada? Para eso estoy yo aquí...". Pero cuando en el quehacer médico surgen complicaciones, aunque se hayan puesto todas las medidas necesarias ordinarias o extraordinarias, para evitarlo, está claro que nadie se siente satisfecho. Ni el paciente, ni sus familiares, ni el médico, ni el equipo,... todos se arrepienten de haber dado ese paso o haber tomado esa decisión. A tiro pasado, claro, a la vista del resultado. Pero es que nadie se sube a un avión que sabe que se va a estrellar, nadie. Y el torero no sale al ruedo si sabe que el toro le va a coger. Cuando el médico o el equipo atisba un riesgo alto de que pase algo con una medicación, con una prueba o con una intervención, advierte reiteradamente de ese riesgo al paciente y no sin antes haber ponderado mucho si el médico y su equipo lo asumen o no.

Seguridad, estar seguros. necesitamos que nos hagan sentirnos seguros. Seguros y firmes en este terruño, en esta temporalidad que es lo único que creemos tener y que debemos conservar a ultranza. Alguno pagaría un millón de euros por cada año que le añadiesen a su vida. Pero la calidad de vida es más fuerte que la seguridad. Y muchos invierten en seguridad que lo que hace, paradójicamente, es reducir la calidad por incremento de ansiedad. ¡Qué mal negocian algunos la incertidumbre!

22 comentarios:

  1. No estamos bien diseñados para la incertidumbre. Bueno, ni para la frustración, ni para la pobreza, ni para el dolor, etc... pero sí disponemos de mucha flexibilidad para aprender........ toda una vida para aprender.
    Y como todo es relativo, siempre podemos mirar a los que están peor que nosotros (remedio casero)

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  2. Creo que nuestro diseño es como es, no hay que darle vueltas. De poco sirve masturbarse el cerebro pensando que quizás con un mayor umbral de tolerancia al dolor o habiendo tenido ocho dedos en las manos en lugar de diez, nuestra historia habría sido diferente. La incertidumbre siempre ha acompaña al ser humano racional. Lo que sucede es que antes lo imponderable se dejaba en manos de la Providencia divina y ahora, anulado ese recurso, interpelamos a la cienca para que nos disipe las dudas. Y cuando, como con frecuencia ocurre, entonces surge la crisis. Aprender a sobrellevar esas limitaciones es lo que hace crecer la resiliencis.

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  3. Siempre ha existido inseguridad, pero cada vez existen más amenazas, más graves y críticas contra la misma. ¿La inseguridad afecta a los fundamentos de la supervivencia de las personas, a su realización cómo personas, a su dignidad…?. La seguridad es esencial para el desarrollo del ser humano. ¿Disponemos actualmente de los medios necesarios para protegerla, o hace falta un nuevo consenso social sobre lo que es la seguridad humana?

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    1. Este comentario, desde mi punto de vista, redunda en lo que principalmente se quiere llamar la atención en el escrito: ¿tan preocupados estamos por sentirnos seguros que nos olvidamos de ser felices? La preocupación por la seguridad nos impide disfrutar de lo que tenemos. Y da la impresión de que sin un buen sistema de seguridad... el ser humano no puede ser completamente feliz. Porque la duda, la sospecha, la incertidumbre, se diría que nos atenaza. Imagine usted que después de hipertrofiar ese sentimiento, papá Estado viene a proponerle el final de sus cuitas y recelos. Le dice que va a hacerse con todos y cada uno de los datos de sus vecinos para poderle asegurar que no son psicópatas, ni pederastas, ni fundamentalistas,...y extenderá sus pesquisas a los vecinos de sus vecinos para mayor radio de protección. Usted lo verá bien, claro, todo sea por su seguridad, pero a sus vecinos también les ha dicho lo mismo y de usted debe saber el Estado hasta los calzoncillos que gasta. Así, el Estado...vence, con miedo.

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  4. ¡Uf, la seguridad! Pues no es nadie usted planteando temas…
    ¿Que nos venden seguridad? Estoy de acuerdo con usted: en casi todos los temas vitales nos venden seguridad, pero tenemos un Pepito Grillo en la cabeza que nos dice que en el fondo no hay nada seguro.
    Aún así, tenemos hambre de seguridad como la tenemos de afecto, de comprensión y, claro, de sustento, acomodo y demás. Venga luego o no venga la solución a nuestros anhelos. El hambre, lo tenemos.
    En cuanto a pedirle al médico seguridad, pues sí que pecamos de eso, pero es que vamos al médico porque estamos malitos (o a veces porque creemos que lo estamos, que es igual de “chungo”), porque creemos que estamos rotos, estropeados; dándonos penita a nosotros mismos. Y si alguien ofrece certeza, la agarramos con las dos manos. ¿Se nos puede culpar por ello?
    A veces nos basta con el tono, más que con una provisión de seguridades. ¿Y cual sería el tono perfecto? Pues no existe. Menudos somos los pacientes..., ja, ja.
    Mi preferido es el discurso frontal no impostado, sin escudo, sin “performance”, sin toreo, sin pulsos. Sin resabio.
    Yo, es así como intento comunicarme. No siempre lo consigo.

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    1. Cuando hay hipocondria severa...es muy difícil transmitir esa completa seguridad que el paciente quiere sólo a base de hacer pruebas y pruebas. Es más rentable hacer modificación de conducta para que el paciente sepa que en esta vida lo único seguro que hay es la muerte. Depende de la posibilidad de darle a entender...

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  5. Vuelve usted a tener razón.
    A veces, en la farmacia, cuando acabo de comprar un par de cosas le digo al farmacéutico (con la mejor cara de póker que puedo poner): "deme tambien algo para la hipocondria". La mayoría se ríen, pero algunos jovencitos van a preguntar dentro...
    A veces nos confundimos de especilaista, ¿no? Necesitaríamos un psicólogo. ¿Y cómo sabe eso un hipocondriaco?

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    1. Pues eso lo diría un psicólogo... claro que sí, pero quieren pacientes limpios de pelo y paja en cuanto a patología orgánica.

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  6. ¿Se podría ver el tema haciendo otro planteamiento y no partiendo de sí “estamos seguros”, si no desde el punto de vista de si “somos seguros”?. Por el hecho de que exista algún gen que influya en la seguridad, o no, propia de cada uno, ¿podemos "ser" más o menos inseguros?, o que determine a alguien, de tal manera, para que sea causante de inseguridad a los demás.

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    1. Estamos hechos como estamos hechos. Si hay o no una base genética que explique por qué somos más o menos seguros (o inseguros) creo que no está estudiado. Pero sí hay muchos estudios conductuales de cómo estimular la seguridad (o la inseguridad) en las personas. Porque tan malo es ser inseguro cuando uno es sensato como ser un tipo muy seguro cuando se es un insensato. Hay gente -todos conocemos alguna- tremendamente impetuosos y seguros (segurísimos) de sí mismos que nunca titubean ni dudan de la idoneidad de su opinión: es lo que ellos dicen. Hay que educar muchos factores y el primero el criterio. Porque se da la paradoja de que en ocasiones las personas más seguras son las más equivocadas, como aquel político que mentía con total sinceridad.

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  7. Seguro es aquel que hace lo que su conciencia, principios y valores le dicen, sin necesidad de crear mecanismos engañosos. Siempre habrá otros que se encarguen de juzgar si es seguro o no.

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    1. La seguridad es un concepto relativo. Un insensato puede sentirse seguro ante un toro que no ve que le va a embestir. También un intrépido que pasa la noche colgado en una pared montañosa a mil metros de caída libre. Sentirse seguro es algo de lo que te hacen dudar quienes te ofrecen un seguro. Hay matices entre sentirse seguro y estar seguro. Muy probablemente los atropellados en Niza se sentían seguros hasta unos segundos antes. Y parece que el suicida que los embistió también estaba seguro de lo que hacía. La seguridad en el plano subjetivo no termina de cerrarse, no queda claro...

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  8. Cuando te ofrecen seguridad, en muchos casos, te la están imponiendo. No hay opción para decidir. Pesa tanto el supuesto riesgo, que la seguridad se convierte en una necesidad. Hasta cierto punto esto puede ser aceptable. Es verdad que la seguridad es difícil de medir, pero hay casos en que la imposición es de tal envergadura, que la dificultad de medición no sirve como argumento. La seguridad se convierte en un elemento que limita y vulnera los derechos y libertades fundamentales de las personas, por ejemplo, la “LEY MORDAZA”. De esta manera la seguridad lo que provoca, como también dices en otro comentario, es más inseguridad. Aquí hay que tender, como has dicho también en muchas ocasiones, hacia el equilibrio, y no hacia lo contrario.

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    1. Vivo en un barrio de chalets. Con frecuencia llaman a mi puerta los que venden alarmas y seguridad para los domicilios. Su argumento de mayor peso es : "¿Se da usted cuenta de que es el único chalet de la zona que no tiene contratada seguridad?" Puede ser que si llegase mejor a fin de mes, caería en la cuenta de que necesito contratar esos servicios de seguridad que me ofrecen. Pero cuando hay otras necesidades más básicas que con dificultad llegan a ser cubiertas pienso (quizás equivocadamente) "seguro que los ladrones saben que aquí no hay nada que robar". Probablemente, si mi situación económica fuese más boyante, destinaría parte de mis ingresos a contratar esa seguridad (que por otro lado tampoco es total pues cuando entran a robar, ya puedes tener todos los sistemas de alarma que quieras que te asaltan igual). He de reconocer que en alguna ocasión la pregunta del comercial de la alarma me sonaba a algo así como "¿cómo es posible que sea usted el único que no paga tributo al padrino? Puede pasarle algo...".
      Supongo que uno invierte en seguridad...cuando tiene algo que asegurar y le sobra para asegurarlo. Muchos de mis pacientes chinos me dicen algo parecido sobre la percepción de su vida. Viniendo de un régimen donde vivían al día y la vida tenía poco valor, ahora se contratan muchos seguros, sobre todo de salud, porque "antes no tenía nada y me daba igual molilme, pero ahola que estoy "follao" no me gustalía molilme".

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  9. Soy culpable de vivir preocupada por mi seguridad, por eso quería preguntarle si es normal que tras comer muuuchos frutos secos al día mis heces generen una apariencia algo aceitosa en el agua del wc. Tuve problemas con fisuras, por lo que ahora llevo una dieta de muchas fibras, muchi kiwi y frutos secos (en especial nueces, maní y almendras), que me han causado deposiciones mucho más blandas y poco estructuradas. Es esto normal también?

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    1. Bueno mujer, uno es "culpable" hasta de vivir... No se agobie. Sin lugar a dudas dependiendo del tipo de alimentación que uno tenga, así serán el aspecto predominante de sus heces. Si come morcilla o calamares en su tinta, sus deposiciones serán negras. No pasa nada, no es perjudicial, se excreta lo que sobra o no ha sido posible digerir.

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  10. Con seguridad total había sido considerada hipocondriaca por un medico que no pudo determinar que tenía una liberación descontrolada de histamina, y con ello también síndrome de colon irritable para mí aunque aunque padezco de esta condición desde hace 10 años hasta hace 7 meses por fin recibí una explicación razonable del porque mi cuerpo reaccionaba tan violentamente ante ciertas situaciones que no tenían en casi ninguna relación de una reacción con alergias alimentarias o a pólvo o polen, incluso Medicamentos que normalmente me tomaba para aliviar un dolor de cabeza, mientras tenía estos episodios de descontrol de histamina podía sufrir de hinchazón de mi lengua o incluso dificultad para respirar o desencadenar una urticaria aguda con papulas tan grandes que una podría cubrir completamente la mitad de mi abdomen, aún hay cosas que todavía no entiendo de todo esto pero espero pronto poder entender más de esta condición, y si tienen alguna relación, y con seguridad podré bien sea a aprender a convivir con esta condición y sobrellevar la situación, pero me alegraría mucho saber que si podría curarme de esto

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    1. Curarme de "esto"... Y qué es "esto" ¿una histaminosis en la que pocos creen? ¿un edema angioneurótico de Quincke? ¿Un déficit parcial de C1 inhibidor del complemento? Hay muchos procesos que la medicina no tiene estructurados ni catalogados de cuadros clínicos. Seguridad, seguridad,...

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  11. Muy buenas:
    Muy interesante el artículo, vivimos en una sociedad moderna "líquida" como denomina Zigmund Bauman, el miedo por tanto; también es líquido. Esa nomenclatura de liquidez se basa en que todo nos fluye y se nos mete en todos los huecos de nuestro ser, todo va más rápido entonces y se rompe con más facilidad; las relaciones, las relaciones sociales, el trabajo...etc., Una pareje, por ejemplo, se puede romper por cualquier tontería. Esto se aplica también en los miedos, queremos resultados rápidos y ya, y mientras tanto nos sacude un miedo a la incertidumbre (como he leído anteriormente), un miedo a lo que podría ser...etc., causando grandes problemas como es el estrés o las frustraciones y muchísimos problemas psicológicos.

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    1. Muy bueno, falta solidez!!! Yo diría todavía más, más que líquidos ¡somos gaseosos!

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    2. Pues le recomiendo el libro "Miedo líquido" de Zygmund Bauman, por si no lo ha leído.

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