domingo, 21 de enero de 2018

Neurointestino

Hay un cúmulo de dolencias gastrointestinales que peregrinan de consulta en consulta. Son esos pacientes que, como ya hemos contado en otra ocasión, "no tienen nada" pero están muy limitados en su vida diaria por sus dolencias. La medicina tradicional avanza en busca de signos, datos objetivos, de las enfermedades de los pacientes: buscamos algo que se pueda ver, tocar o medir y si no lo encontramos el paciente es un quejica. La evolución de la humanidad apunta a que la raza humana cada vez es menos sufrida, menos resignada, más quejosa y temerosa del devenir. Actualmente con las previsiones que damos sobre las enfermedades, lo más temido con diferencia es el cáncer. Pero le sigue muy de cerca las enfermedades neurodegenerativas y el miedo a los agentes infecciosos cada vez más resistentes a los tratamientos.

Estos son los ingredientes de un artículo de éxito. El público devora los artículos que comienzan con un artículo determinado (Los, las) seguido de un número concreto (tres, cuatro, cinco, seis, siete,...) y de un sustantivo algo más original que "cosas" (medidas, consejos, normas, recomendaciones, avisos, alimentos, hábitos, costumbres, bebidas,...) y algún adjetivo que resulte atractivo para quien desee estar bien informado (esenciales, básicas, imprescindibles, recomendables, importantísimas,...) todo ello destinado a vivir mejor, a no enfermar, a cuidarse, a ser más inmune a las infecciones, para prevenir el cáncer, para dormir mejor, para disfrutar más con el sexo, para no engordar, para una vida de éxito,... Si a estos artículos se les añade en algún punto de su titular un adverbio tajante como "nunca, siempre, jamás, absolutamente" entonces la atención del lector está plenamente captada y la lectura del artículo casi garantizada. Por lo menos la incoación de la lectura ya que apenas empezamos a leer el contenido descubrimos que es más de lo mismo, que no hay nada nuevo bajo el sol. Confieso que yo estaba capturado por este tipo de titulares y ahora directamente paso de la noticia que se así se encabeza. Para mí es un recurso gastado, aunque reconozco que para mucha gente sirve de gancho. Sobre todo si el titular incluye una palabra atractiva que pueden ser tan diametralmente opuestas como "cáncer" o "sexo".

Con esta receta que les doy en el párrafo anterior, elabore usted su propio titular y debajo escriba lo que le venga a la imaginación, sin más fundamento científico de ¨lo he oído por ahí, lo cuenta mucha gente". Y si en el contenido no se va a ser muy rigoroso, por lo menos en el aspecto formal cíñase al titular: si dijo "siete" enumere siete cosas, que si no el lector va a sospechar que eso es un churro. Y si entre las siete cuela tres cosas más o menos consensuadas, otras dos que se se las ha dicho su vecina en el rellano y una que pescó en la sala de espera del hospital, igual puede hasta colar una más de su cosecha peregrina.

Me he extendido en contar esto porque es la bibliografía que me traen los pacientes a la consulta. Pretenden con ella argumentar sobre el origen o causa de sus males, esos que no les han visto mis colegas en las diferentes consultas a las que han acudido. Puede parecer que este asunto se sale fuera de los comentarios de este blog pero todo lo contrario: es de lo más coherente. No se olvide que aquí lo que pretendo es fomentar la visión crítica que nos acerque a la verdad, lo que más a la verdad se parezca, en el ámbito de la ciencia médica. Y si no conseguimos verdades irrefutables... por lo menos atisbar remedios que empíricamente funcionen, nos hagan sentirnos mejor.

La práctica clínica me enfrenta constantemente a pacientes que tienen molestias cada vez más peregrinas, de esas que no tienen espacio en los tratados de medicina, conjunto de síntomas que los médicos escuchamos sin encontrarles ilación posible (máxime cuando hoy la medicina está tan fragmentada en especialidades) sin más conclusión interna que esperar que termine el paciente mientras pensamos que al paciente le falta un hervor. Es, cierto, una tentación de lo más socorrida: este paciente está mal de la cabeza. Y probablemente muchas veces es así porque nuestra sociedad desquiciada cada vez es más fuente de patología orgánica. Cuando menos, de insomnio y eso ya genera muchos otros males.

En el ámbito del aparato digestivo, cada vez veo más pacientes con sintomatología que deriva más de su estilo de vida, de su enfoque social o existencial, de su weltanschauung que es como los alemanes designa la visión que se tiene del mundo. Muchas veces han pasado por médicos que no les han visto nada, otras veces por dietistas que les han sometido a regímenes alimentarios más o menos rígidos, estrictos o caprichosos. Algunos han caído en las turbulentas aguas de las alergias alimentarias y otros en teorías que involucran al microbioma o a la inmunidad, los transgénicos u otras manos negras que nos envenenan. Algunos frisan los diagnósticos esotéricos de candidiasis intestinal, sensibilidad química, histaminosis, intestino irritable...

Mi experiencia en estos casos "extraños" alimenta la sospecha de que efectivamente cerebro e intestino están muy relacionados. ¡Qué importante es asegurar un buen descanso para que las tripas funcionen bien! ¡Cuánto influyen los estados emocionales en el correcto funcionamiento del intestino! ¡Cómo se afecta la digestión cuando las preocupaciones nos comen! Y de eso, de las preocupaciones crecientes, hacía alusión al comienzo de esta entrada y favorece la hipocondria.

Al hilo de todo esto, resulta atractivo elaborar una teoría que sostenga que nos podemos curar sólo con nuestra mente, de manera análoga a como la propia mente nos puede meter en berenjenales que nos quiten calidad de vida. Cuanto más regular y menos desordenada es la vida que se lleva es menos probable que se presenten estos trastornos gastrointestinales para los que no encontramos una respuesta satisfactoria. A todos nos afecta en el intestino los problemas de la vida diaria. Problemas siempre los ha habido y los habrá. Lo que cada vez es menor, pese al desarrollo tecnológico, es la capacidad del ser humano, del individuo, para hacer frente a los reveses de la vida. Y por eso es por lo que yo creo que se somatiza tanto.

Autoritas versus potestas

Probablemente esta entrada de blog dure poco. Porque intentas explicar cómo utilizan los políticos y la industria farmacéutica el miedo par...