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miércoles, 7 de noviembre de 2018

El sueño y las tripas

Empieza ya a ser cansino oír eso de que el estómago es nuestro segundo cerebro. Quien lo dijo por primera vez seguramente aludía a la cantidad de neuronas que insospechadamente gobiernan y rigen los movimientos de tracto gastrointestinal. Los plexos nerviosos, tanto el submucoso de Meissner como el mientérico de Auerbach, son dos tupidas redes neuronales que envuelven nuestro intestino y modifican y regulan sus movimientos y funciones. La tubería que es el aparato digestivo desde la boca hasta el ano está regulada tanto en sus capacidades de secreción y de absorción como en su actividad motora y sensitiva por estas fibras nerviosas que mandan y reciben conexiones en el cerebro.

De la mayoría de las funciones intestinales que se llevan a cabo no somos conscientes ni tenemos capacidad voluntaria para regularlas: son autónomas. En ocasiones percibimos sensaciones más o menos desagradables que se originan en nuestras tripas: ruidos o movimientos extraños, contracciones o dolores. Puede haber periodos de la vida en que la información que nos llega de lo que pasa en la fábrica de transformación de alimentos es mayor de lo normal. La mayoría de las personas que no se quejan de molestias digestivas es precisamente porque no le llegan noticias a su consciencia de que algo esté funcionando mal. Las preocupaciones de su día giran en torno a otros temas o cuestiones: las tripas funcionan pero no dan guerra, ni siquiera avisan de que están ahí. Bueno, si acaso protestan algo cuando llevan muchas horas sin comer.

En las consultas de aparato digestivo cada vez vemos más pacientes en los que su queja es que las tripas les dan molestias: se hinchan, hacen ruido, duelen, tienen retortijones, se contraen de manera brusca y punzante, generan gases,... Con frecuencia se les ha realizado numerosos estudios y... no tienen nada. Todas las pruebas practicadas son normales. Ante estos casos los médicos andamos más o menos desconcertados y en el silencio proliferan las hipótesis alternativas, unas con más cuerpo científico y otras más esotéricas. Se señala a los alimentos como culpables (alergias, intolerancias, deterioro de la calidad de los productos, envenenamientos, metales pesados, la mano negra,...), se alude al papel de la microbiota intestinal alterada o distorsionada, se postulan cuadros de candidiasis intestinal crónica, de histaminosis, de sensibilidad química múltiple,... Algunas veces se hipertrofia la responsabilidad de un culpable y se señala al Helicobacter pylori como la causa de todos los males. Otras veces se acuñan nuevas sospechas como el llamado síndrome de permeabilidad intestinal (mal llamado síndrome de permeabilidad intestinal si se deja así, sin más porque el intestino de suyo tiene que ser permeable para ser funcional), una entidad que postula que el intestino pierde su capacidad de ser selectivo para la absorción de los nutrientes y se "cuelan" en el organismo sustancias o elementos por vías anormales, por puertas no controladas, que dan lugar a diferentes cuadros que actualmente no nos explicamos. Que el intestino pierda su selectividad para absorber los nutrientes, realmente puede ser una fuente de muchos problemas y tener gran repercusión sobre la salud. Cuando un filtro está, está por algo, porque no todo puede pasar de manera indiscriminada. Y si pasa sin control ni regulación, el sistema inmunológico va a tener una dura tarea por delante para frenar la penetración y el daño de lo que se ha colado por donde no debía. Es lo que tienen las fronteras, ponen límites.

Pero en el estudio de los cuadros digestivos "inexplicados" cada vez cobra más importancia el papel del sueño en la regulación de las tripas. Parece que el sueño reparador es necesario para que se produzcan neurotransmisores que intervienen en la correcta dinámica del intestino y en su sensibilidad. De manera que probablemente no pasa nada por no dormir bien una noche ni dos, pero si hay déficit de sueño, si las noches de insomnio se repiten o si se produce un reiterado sueño superficial y poco reparador, no se producen los neurotransmisores necesarios para una adecuada función intestinal y las tripas "se quejan" frente al menor estímulo. Digamos que se vuelven más sensibles y quejicas. De momento no hemos conseguido ninguna prueba que detecte este fenómeno y es, por tanto, una mera hipótesis. Pero lo cierto es que las estrategias para disminuir la sensibilidad intestinal en el llamado síndrome de intestino irritable o incluso mejorar estas dolencias tratando de conseguir un sueño más reparador están dando importantes resultados. En definitiva, son muchos los pacientes que refieren una clara mejoría de estos trastornos intestinales a lo que nadie encuentra explicación cuando consiguen dormir más y descansar mejor.

La esfera emocional sin duda repercute sobre el funcionamiento de las tripas. Y quien no lo reconozca, miente. Otra cosa es que se peque de simplista cuando se intenta echar la culpa de todos los males intestinales a "los nervios". Pueden ser nervios o pueden ser más cosas. Para las "más cosas" es para lo que hacemos tantos y tantos estudios que con frecuencia se quedan en agua de borrajas. No obstante, hay que reconocer que muchos pacientes se niegan a creer que todos sus males provengan de un vulgar "cogerse los nervios al estómago", aspiran a un diagnóstico de mayor entidad, con más enjundia. A ver, "¡cómo va a ser solo cosa de nervios! A mi me pasa algo gordo y no dan con ello".  En algunas ocasiones efectivamente puede haber algo más que no hemos dado con ello. Pero es "en algunas ocasiones": la mayoría de las veces hay lo que hay y no hay más. Piense honestamente cómo de regular y organizada es su vida y saque sus conclusiones: viviendo como vive (prisas, sueño, nervios, comidas, ansiedad, estrés,..) ¿cree que sus tripas pueden no quejarse?

9 comentarios:

  1. No sé con qué grado de autonomía trabaja el sistema nervioso propio que regula las funciones gastrointestinales, pero se supone que el sistema nervioso central controla ese otro sistema nervioso. Supongo que los problemas vienen cuando no hay una buena comunicación entre ambos sistemas.

    Algo parecido sucede en cuanto a la atención al paciente, por lo general, cuando un especialista agota sus posibilidades sin ver “nada”, parece que ahí se acaba todo. El paciente, normalmente, tiene que “buscarse la vida” acudiendo a otros médicos de la misma especialidad, incluso de otras especialidades, sin que haya una conexión o comunicación. La mejor atención al paciente sería la que tiene en cuenta a la persona de forma integral. Muchos especialistas, en el tiempo que hay desde la primera consulta hasta la última prueba que le hace y dice que no ve el problema, parece que se limitan solo a hacer unas preguntas modelo, además casi sin mirar al paciente. Y eso, si hay suerte de que en el mismo proceso le vea el mismo especialista, porque, si no, las preguntas ni se las hacen, a las pruebas se remiten, y ya está. Sí casi no se hacen preguntas sobre el problema con el que se acude a la consulta, menos aún van a entrar en otros temas que no son de su especialidad. Eso llevaría mucho tiempo, lo más habitual es “pacientes fuera”. Lo ideal sería que si el primer especialista, después de las pruebas, no lo tiene claro, sospeche que el mal puede deberse a otra cosa y envíe al paciente a otra especialidad, y hubiera una conexión, para que se pudiera ver que, aunque el malestar esté localizado en un lugar, la causa puede estar en otro sitio.

    Hay que considerar que lo ideal y lo práctico no siempre están en colisión y que puede ser lo más ventajoso tanto para el paciente como para el médico.


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    1. Es cierto lo que describe pero esa denuncia apunta a otro vicio frecuente: el peloteo con el paciente de especialista en especialista con un "esto no es mío". Se quita uno a paciente a quien no entiende diciendo que lo que presenta no es de su ámbito ni de su especialidad. Lentitud y falta de integración. Correcto. Los árboles no nos dejan ver el bosque y somos capaces de atravesarlo sin encontrar leña para hacer fuego.

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  2. ¿como podemos conseguir mejorar esa sensibilidad exagerada intestinal? ¿que remedios ayudan a mejorarla, nos puede dar unas pautas que ayuden a los que estamos desesperados y no tenemos más remedio que buscar algún medicamento que nos ayude? Muchas gracias

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    1. En la esfera farmacológica hay muchos elementos útiles, desde el bromacepam a la levosulpirida y muchos más. Pero a quienes no les guste la química o la rechacen (no entiendo por qué) habrá que recurrir a modificaciones de conducta, desde psicoterapia conductual, yoga, zen, meditación transcendental y cualquier terapia que amaine y serene el espíritu. Vivimos muy estresaseis...

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  3. Hola, ¿La sensibilidad que usted comenta puede afectar a otros órganos digestivos o es solo intestino, es decir, Puede el sueño afectar a estómago. o hígado, etc proporcionando enzimas de menos y por tanto problemas en la digestion que se reflejen luego en intestino? Muy amable Sr.Benito

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    1. Naturalmente que afecta a otros órganos. Hay quien percibe olores que otros no captan, o siente el latido su corazón y otros humanos vivos no lo percibimos si no hacemos intento ni buscamos su latido. Incluso se piensa que la fibromialgia algo tiene que ver con esto...

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  4. Yo soy de los que le rugen y se le mueven mucho las tripas y duerme mal. Veamos si cambiando ciertos hábitos puedo dormir más o menos bien. Lo de los ruidos al final no son tan molestos y no les haces caso. Un saludo doctor.

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    1. Los libros dicen mucho de los que se acuestan y duerme pasada la medianoche... los ritmos circadianos alteran la vida de la Cenicienta

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