sábado, 26 de enero de 2019

No, no somos iguales

Por si alguno todavía se lo creía, definitivamente no, no somos iguales. ¿O sí?. No somos iguales en prácticamente nada en lo que podamos comparar a dos seres humanos. Basta con mirar alrededor: somos todos bien diferentes. Nuestra estatura es diferente, nuestro peso, nuestros gustos, nuestros conocimientos, nuestras aficiones e intereses, nuestras creencias,... nuestras ambiciones, nuestro poder adquisitivo... Ni siquiera somos iguales ante la ley, por más que los políticos nos intenten convencer de que sí, que la justicia es igual para todos. Eso bien lo saben los propios jueces que imparten justicia: no hay igualdad ante la ley. Como tampoco la hay en el acceso a la educación o a la sanidad. La igualdad en las prestaciones sociales es un desiderátum, una palabra vacía de contenido que se esgrime en boca de los políticos que intentan mover las conciencias de los votantes. Hay una necedad mayor que la de predicar la igualdad y es creérsela.

Una de las mayores necedades que copan ahora la prensa española es intentar dar pábulo a eso que desean llamar igualdad de género. Se han inventado una guerra de sexos tan absurda como cargante, como muestra del ocio de los políticos que no saben aplicar sus neuronas a tareas que de verdad son necesarias acometer. Un representante político de la nación no debe (poder ya se ve que puede) perder el tiempo generando polémica donde no la hay. Bastantes problemas reales existen como para inventarse molinos de viento como gigantes a los que acometer. Pero es una señal que sirve a los ciudadanos avezados para saber dónde están los que deben ser elegidos como representantes y desechar a aquellos que viven de inventarse problemas para justificar su puesto.

He tenido la suerte de moverme profesionalmente como médico por muchas regiones de España. Este país tiene diecisiete modelos sanitarios diferentes porque así se ha establecido desde que comenzó este milenio aunque algunas Comunidades Autónomas tienen transferidas las competencias en materia de sanidad desde mucho antes. Se decía que al tener cada comunidad sus competencias podrían tener mejor conocimiento de sus necesidades y gestionar mejor sus recursos. Sin entrar a considerar si esto se ha logrado o no, aunque mi opinión personal es que se está despilfarrando mucho más, lo cierto y lo que nadie duda (otra cosa es que se atreva a decirlo) es que los diferentes modelos autonómicos han propiciado diferentes prestaciones asistenciales a los ciudadanos de la nación, dependiendo de la Comunidad Autónoma en la que residan. Eso lo sabe todo el mundo: la supervivencia de un paciente no depende de su código genético sino de su código postal.

La veleidad de los políticos ha llevado a organizar los sistemas sanitarios de cada región de España según criterios que difieren enormemente unos de otros. Esto da lugar, inexorablemente a desigualdades en el acceso de los ciudadanos a las prestaciones sanitarias dependiendo de la región en que habiten. De esto doy fe como médico y también como padre que ha paseado su familia por diferentes comunidades y que ha comprobado que, fuese donde fuese, llevaba a los hijos mal vacunados porque se habían vacunado conforme al calendario vacunal ("vacunal" no está en el diccionario de la RAE pero se acepta como término médico) de la comunidad de donde veníamos. Pero daba igual, tras ponerlos en orden, al cambiar de comunidad, volvían a estar mal vacunados... porque no hay ni siquiera un calendario vacunal homogéneo para todo el territorio nacional.

Creo que todas esas personas que dedican su vida a "luchar contra la desigualdad", tienen que cambiar de bandera. Es como tratar de frenar el viento. No se trata de luchar contra lo inevitable sino quizás de reconducirlo en pro de un servicio que beneficie a la mayoría, de orientar las velas para que el viento arrastre la embarcación hacia un destino favorable. La desigualdad es inherente a la vida misma. De hecho nadie quiere ser igual a nadie: todo el mundo busca singularizarse, se diferente a los demás. Incluso los pacientes te advierten que a ellos los medicamentos no les caen como a los demás, que les singularices la pauta. La desigualdad es necesaria y fuente de incorporación en lo propio de conductas o modos de ver la vida diferentes. La diversidad es la fuente de la vida. Eso de ser todos iguales, ni es posible ni es deseable. Y seguir alentando ese discurso es dar alas a un mensaje muerto: los voceros de la igualdad se irán quedando solos, sin los aplausos de los asistentes a los mítines, al comprender lo vacío y absurdo de tal lenguaje (si es que llegan a darse cuenta).

Bajo la arenga de la pretendida igualdad se han cometido y se cometen muchas tropelías. Probablemente quienes más apología hacen de ella son quienes más ignoran dónde reside realmente la igualdad de los seres humanos. Pero sacar provecho político aun a costa de vender humo, es lo que caracteriza a una sociedad sin capacidad crítica.

El despilfarro que en materia de sanidad se ha llevado a cabo en España ha estado en gran medida favorecido por las transferencias de sanidad a las Comunidades Autónomas. Como médico lo sé. Como usuario también. Y que ha sido y sigue siendo fuente de desigualdades, que ya más que desigualdades son injusticias, también es patente, lo sabe cualquier ciudadano que se ha movido por España. Fijaos que por un lado digo que la desigualdad es inherente a la vida y por otro lado parece que estoy en contra de ella al pedir igual sanidad. No es así exactamente: no pido igual sanidad porque eso es imposible sino que pido igual oportunidad y acceso a los servicios sanitarios de cualquier ciudadano del país. Desde hace años vengo reivindicando, insisto que como médico, la devolución de las transferencias en materia de Sanidad al Estado porque con la salud no se juega. Ninguna opción política contemplaba esta posibilidad porque de un modo u otro todos sus aparatos políticos reciben pingües beneficios del reparto de estas transferencias. ¡A ver quién le quita el caramelo al niño! No ha habido voluntad política de devolver al Estado el mando sobre la sanidad para que todos los habitantes del país tengan acceso a cualquier servicio en cualquier parte de España (no hablo de igualdad, que eso no existe ni centralizando las competencias). No ha habido ningún político que hablase de esta posibilidad. Hasta ahora. Ahora sí que alguien lo propone. Quizás la sanidad en España vuelva a ser un derecho con igual contenido para todos.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...