domingo, 18 de octubre de 2020

Etiam electi (incluso a los elegidos)

El miedo es una emoción humana que atenaza y condiciona las demás. Me decía un ínclito amigo, que el miedo es libre, y me hizo pensar. Supongo que el propio miedo le llevó a decir algo tan ambiguo, porque el miedo no te hace libre. Pero no solo no hace libre al que lo tiene, sino que su propio miedo tiende a exigir que se coarte la libertad de los demás, de aquellos que, con su conducta no miedosa, pueden poner en peligro la integridad de quienes tienen verdadero pánico.

Así va derivando el enfoque de la pandemia hacia una súplica para que las instituciones del Estado repriman cualquier conato de disidencia sobre la versión oficial: el miedo, el aislamiento social, debe extremarse hasta castigar a quien no observe las normas dictadas en beneficio del bien común. La actitud de quienes no tienen miedo es tan temeraria que supone una burla hacia quienes tienen miedo. Y cuanto más miedo generemos, más justificada está la represión.

Los médicos sabemos que no hay epidemia de coronavirus en nuestros hospitales. Ya no. La epidemia está en la calle, en los ojos atemorizados que sobresalen por las mascarillas que esconden cualquier atisbo de sonrisa. Los medios de comunicación se han encargado de repetir de manera insistente y machacona la intención de las autoridades de equiparar esa prueba de diagnóstico auxiliar que llamamos "pecerre" en un elemento para alimentar la psicosis. Los médicos sabemos que eso no traduce la realidad. Pero poco importa cuando se va a dejar la administración de la sanidad a los jueces. Un agravamiento de la confusión que llevó a Jesucristo a profetizar lo que tendría que pasar (Cfr. Mc 13, 22). Y aquí estamos al fin. Quizás es conveniente tomar distancia, perspectiva, alejarse un poco del problema (y del televisor), para ser conscientes del absurdo a que estamos llegando. Cuando despertemos, muchos sentirán vergüenza de su conducta, por acción y por omisión.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...