miércoles, 5 de mayo de 2021

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son capaces de soltar una burra en sábado. A estas alturas ya todo el mundo sabe de la utilidad de las mascarillas para protegerse de algo y para que todos se protejan de nada. No hace falta ser médico, basta con ser políticamente correcto para caer en el absurdo de la ciencia ilógica. Todo el boato que envuelve las relaciones misteriosas y protocolarias sirven como ritual para que parezca que estamos haciendo algo importante. La curiosidad ingenua "¿Y eso para qué sirve?" simplemente se contesta con una voz de máquina: no sé, es lo que que hay que hacer, no pregunte usted y obedezca.

Los médicos preocupados por la salud tenemos obligación de poner en conocimiento de las personas qué medidas tienen sentido para cuidar la salud y qué prácticas son superfluas, innecesarias o incluso contraproducentes para tal fin. La necedad de "esto es bueno para todos" equivale a decir que "nada es malo para nadie". Me apena profundamente ver la cantidad de personas que han deteriorado su calidad de vida por miedo irracional, hipertrofiado desde los medios de comunicación. Por unas medidas de protección dictadas por la autoridad sanitaria sin ningún refrendo médico, sin ninguna base científica, muchas personas están condicionando de manera severa su vida y su calidad de vida. Todavía es peor que esas medidas, conocidas por los médicos, no sean puestas en evidencia como innecesarias sobre todo cuando de manera particular se tiene conocimiento de hasta qué punto puede arruinar el futuro de una persona. Existe obligación moral, incluso más allá de misma deontología, de expedir un documento liberatorio de las exigencias innecesarias que lastran, condicionan o arruinan la vida de nuestros pacientes, y que no sirven para proteger a nadie. Podría sentir vergüenza ajena cuando oigo a los que mandan dictar normas de lo que no saben. Pero cuando son los que saben los que callan frente a esas medidas absurdas, no es ajena sino aneja la vergüenza que me acompaña en estos momentos de indignación. Lo de poner cargas innecesarias sobre los hombros de los demás viene de antiguo. A cuántos jóvenes vamos a condicionar su futuro por miedo a hablar claro. Me duele la medicina y nuestro silencio, nuestra cobardía, no ha de quedar impune, colegas.

domingo, 25 de abril de 2021

Alerta deontológica

    Se llama Deontología a la parte de la ética que trata de los deberes y principios que afectan a una profesión. Todas las profesiones, por tanto, tienen su deontología, no es algo exclusivamente aplicable a los sanitarios. Los médicos en España debemos estar adscritos a un Colegio de Médicos (hay uno por provincia) para poder ejercer como médicos. La colegiación es, por tanto, un requisito para poder ejercer. Y cada colegio de médicos tiene una comisión de Deontología que vela por el cumplimiento de los "deberes y principios" que debe regir nuestra profesión. No sólo en las relaciones con los pacientes sino en el plano profesional con las empresas (hospitales, aseguradoras,...) o en la relación médico-paciente y entre los colegas entre sí.

    Desde hace siglos, a tenor del "corruptio optimi pessima", la estrategia del mal para dañar la naturaleza humana no ha sido destruir las instituciones que velan por su salud sino transmutar sus valores. De este modo, en las comisiones de deontología se van infiltrando elementos que, desde una óptica diferente a la concepción clásica que los médicos teníamos del ser humano, introducen parámetros liberales que anonadan la autoridad no solo del médico sino de la ciencia. En definitiva, para quien no entienda, cada vez se siguen menos los criterios médicos y científicos y proliferan intereses crematísticos y partidistas promovidos por leguleyos puestos a dedo. Lo que está en juego es nuestra concepción del ser humano, lo que es su salud y su vida, lo que ha sido hasta ahora el objeto principal de nuestra disciplina. Las comisiones de deontología están cambiando de manos. Si la ley positiva regula el aborto, la eutanasia o las vacunaciones o la administración de tal o cual medicamento sujeto a prescripción, los costes,... ¿qué pinta el médico en todo esto? ¿Qué valor tiene su opinión? ¿Acaso los médicos que seguimos interesándonos por la salud de nuestros pacientes no tenemos la obligación (ética, sí, deontológica) de alzar la voz frente a estos atropellos? ¿Acaso no hay un deber de exigir que sea el médico quien trate a su paciente y no una aseguradora o "las autoridades sanitarias"?

    Hay una alerta deontológica evidente que a mí, como médico sujeto a un Código vigente (no hay problema, si ese es el escollo, se cambiará...) no me queda más remedio que advertir: me da la impresión de que los médicos están dejando de ser médicos. Ojalá alguien me argumente que es una impresión falsa. Por si acaso, verifique sus referencias. He dicho.

viernes, 9 de abril de 2021

Vacunas porque sí

En las últimas semanas la opinión pública ha estado repartiendo noticias para dar de comer a los ciudadanos de la polémica. La vacuna, una palabra de connotación amistosa y agradable, socialmente bien aceptada (como un billete de 50 euros que gusta a todo el mundo) está en boca de todos, acaso porque los medios de comunicación no dejan de manosearla. Ahora dicen que la pongo, ahora la suspendo o la reanudo. En este país sí, pero en este otro no. Este grupo de edad es el adecuado pero ahora lo amplío o reduzco. Te pongo la que tenga, si me llega, o te pongo de otra. Como en Francia, que si te han comenzado a vacunar con una y se agota, siguen con otra como si el mecanismo de acción de todas fuese el mismo y por tanto intercambiables. La cuestión parece consistir en que la población reciba alguna vacuna, la que sea y como sea porque da igual lo que te pongan. Porque sí... parece que la salud de las personas da igual.

El objetivo, por tanto, es que "todos se vacunen". Pero ¿de qué? ¿para qué? ¿por qué? Tan sólo incoar estas tres preguntas elementales sobre las vacunas ya levanta ampollas: "¡Es usted un conspiranoico, un antivacunas!". Tan sólo pregunto con educación y respeto: Vacunarse de qué, para qué y por qué, no puedo entender dónde está el insulto o el deseo de polémica en estas tres sencillas preguntas. Y las hago a la comunidad de ciudadanos igual que se las he hecho a mis colegas médicos, a las instituciones e incluso a los periodistas, que también tienen derecho a informarse. Si tan importante es vacunarse ¿por qué hacerlo de este modo tan chapucero que ya de suyo ridiculiza la importancia de una medida sanitaria? Es como prescribir medicación que el paciente se la va a tomar como le dé la gana, si es que se la toma. ¿Dónde están los colegios médicos para exigir un poco de formalidad y rigor en lo que se está haciendo con los ciudadanos?

Las consultas que atendemos actualmente son una excusa para preguntar al médico si me vacuno o no me vacuno. La gente está desorientada respecto a los beneficios, riesgos o necesidades de tales medidas porque siguen las directrices de "en caso de duda consulte al BOE". Ven que las colas de vacunación han caído a la mitad en los grandes centros donde se congregaban multitudes para ponerse algo. Escuchan que se suspenden vacunas o se notifican casos graves de efectos secundarios silenciados. Empiezan a preguntarse cómo es posible que haya un aumento de mortalidad en lo que llevamos de año con respecto a otros años, siendo así que estamos incrementando el número de personas que se vacunan. ¿O acaso es precisamente por ello? Leen que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (pagado por los poderes que conocemos) empieza a sugerir que es ético y necesario que los países democráticos impongan la vacunación obligatoria. O que en Italia y en otros países donde los médicos y personal sanitario no se ha querido vacunar sugieren presionar con la retirada de licencias a los médicos que no quieran vacunarse.

La libertad está en juego. Los médicos no se han pronunciado sobre la necesidad de obligar a la vacunación general ante una enfermedad con una letalidad inferior al 1%: se han callado. Y han dejado que la población acuda a ponerse una inyección (la que sea, da igual) sin haber prescrito ninguna, cobardía sobre cobardía. Independientemente de lo que venga después, hasta aquí ya lo hemos hecho mal, muy mal, con tanta complicidad silenciosa. Dejemos un poco de lado la radicalidad del apasionamiento y entreguémonos a la reflexión, que ya hemos hecho el necio bastante.

sábado, 3 de abril de 2021

La cuestión está en la calle

Algunos hablan de revuelta social. No sé si es cuestión de revuelta pero no me cabe duda de que el problema es social. Hace días alertábamos de la censura en los medios de comunicación en manos de quienes quieren que solo se den unas noticias pero no otras, de mostrar exclusivamente una realidad, la que les interesa para seguir sembrando miedo. El problema más severo para la salud de los ciudadanos en este momento no es un virus ni unas vacunas, es el miedo provocado por la desinformación. Cuando existe un compromiso con la salud, cualquier sanitario tiene la obligación de ponerlo en conocimiento de las autoridades. Y cuando esto se hace, cuando se pone en conocimiento el absurdo de las medidas y el desconcierto que provocan, la sorpresa puede ser recibir como respuesta un "ya lo sabemos, precisamente es lo que se pretende".

La actitud de quien esto escribe, el ánimo divulgador y conciliador, siempre me ha llevado al debate para confrontar lo que la ciencia da de sí, lo que nos puede ayudar, lo que está claro o confuso. La actitud dialogante nos ha enseñado que cuando el interlocutor insulta, o desacredita de forma gratuita con odio o resentimiento, es porque se ha quedado sin argumentos o el miedo anida en su conciencia. En numerosas ocasiones he advertido en mi canal contra la trampa del odio: nunca se debe perder la educación ni faltar al respeto. Y si por un arranque de ira nos pasa, es conveniente saber pedir disculpas. Quien se siente convencido de que está en la verdad, no debe azorarse si no encuentra las palabras o modo adecuado de hacerse entender por los demás, porque en ocasiones no es una cuestión de lo que uno dice sino de lo que el otro es capaz de asumir.

Con el párrafo anterior, quiero enfatizar que mi previsión es que las posturas sociales respecto a la crisis tienden a radicalizarse. Los sembradores de odio buscarán el modo de incrementar el miedo de los asustados para hacer ver que los que no tenemos miedo ni motivos para ello somos el verdadero peligro social. Nada más lejos de la realidad. Preparémonos para las calumnias y difamaciones, elementos propios de la desinformación.

Nuestro comportamiento debe ser amable a la vez que firme, con la convicción de quien desea que los demás disfruten de la libertad que uno ha logrado al desconectarse de las fuentes del odio. No dejéis de sonreír y saludar, que son los cimientos de la genuina paz interior y la felicidad. Eso es lo que tenemos que contagiar a los que tenemos alrededor, y gracias por seguirme en Telegram (@DrDeBenito) y hacer más grande el número de los que sonríen. Vivir con odio y miedo no es vivir.

domingo, 28 de marzo de 2021

Cualquiera que no sea médico...

    Cuando se trata de opinar de fútbol, todos somos entrenadores. Igual que a toro pasado, todos somos Manolete. Y qué decir del ámbito de la medicina, cuántas palabras hemos aprendido este año de la mano de la prensa y los medios de comunicación. La gente habla sin empacho de anticuerpos que se parece a antimateria en el prefijo y las vacunas son tan familiares como la leche y que ambos vienen de la vaca. Sabemos lo que significa UCI y conocemos perfectamente que intubación es algo parecido al riego por goteo que seguramente se inventó en Italia. Nos metemos sin vergüenza a debatir de virus que ni siguiera los expertos se ponen de acuerdo en si son seres vivos o inventos de software y los secuenciamos al hilo de la isla de los famosos. O hablamos de mascarillas con el vago sentimiento de que cuantas más "efes" pronunciemos, es porque son más seguras.

    El anecdotario de disparates que hemos escuchado sería una antología desternillante si no fuera por el drama que ha traído para la sociedad. Pero ¿por qué usted que no tiene ni idea de medicina (me vienen a la cabeza en primera instancia unos periodistas apesebrados) no ejercita su discurso mental en razonar sobre aquello que no es necesario saber de medicina para forjarse una opinión? Diez pistas.

- Si de 47 millones de españoles han fallecido a causa del fenómeno COVID 70 mil (venga, sin rebajas) ¿cómo se encuentran de salud los supervivientes, 46.930.000 españoles? Aparte de acogotados, claro.

- Si de 100 personas que se infectaron por COVID menos del 1% falleció ¿quiere decir que el 99% de los que la padecen sobreviven?

- Si el 99% que sobrevive queda con inmunidad de haberlo pasado ¿para qué necesitan una vacuna? ¿Necesita vacuna una enfermedad con una letalidad inferior al 1%?

- De una medida aprobada por situación de emergencia y que según su ficha técnica debe ser prescrita por un médico ¿cuántas de las 6 millones de dosis españolas han sido aplicadas realmente tras una prescripción facultativa?

- Si del total de los fallecidos el 86% eran mayores de 75 años ¿cuál es el riesgo real de los menores de esa edad?

- Si ha aumentado la mortalidad en el inicio de este año comparado con otros años ¿habrá tenido algo que ver la vacunación en las residencias de ancianos? Algunas instituciones se quedaron con la mitad de los internos tras la vacunación... y este año no había gripe.

- Si la mascarilla protege y se ha hecho obligatoria junto con el aumento de los aislamientos o la promoción del pinchazo eficaz ¿por qué estamos esperando que aumente la afectación y lleguen nuevas "olas"?

- ¿Por qué los niños transmiten el virus a partir de una cierta edad y el día antes no? ¿Hay un cumpleaños para regalar mascarillas?

- ¿A quién contagio si voy por el monte caminando sin mascarilla o dentro de mi coche? 

- Si la situación es tan grave ¿por qué las autoridades están de vacaciones durante Semana Santa? ¿O es que ya se ha previsto que va a ser grave pero solo a la vuelta?

    Todas estas preguntas y muchas otras están en la mente de la población. Señores que elaboran noticias, respondan. Si tienen dudas médicas, pregunten a los médicos, no a los políticos. Me ofrezco a resolverlas en lo que mi ciencia da de sí. Pero quizás lo más urgente en estos momentos es que pregunten a los economistas por qué Europa detiene los fondos prometidos para España. Hasta del susto se ha estropeado el ordenador del SEPE y mucha gente se ha queda sin cobrar su prestación. ¿Es posible que el ordenador no se arregle hasta que suba la incidencia? Pues nada, a hacer PCRs. Es increíble el daño que provocan los virus, o la falta de ellos.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Sed de venganza

Cuando el mundo empieza a despertar de su opresión, surge el deseo de revancha. Si nos han tenido engañados (una sonrisa para el famoso "emosido engañado") no faltan quienes claman venganza contra los opresores. Es el sino de la historia pendular. Estamos en un punto de inflexión y con el brotar de la primavera algunos empiezan a cuestionar si las cifras de lo vivido en el último año han sido suficientes para generar este estado de alarma permanente. Ya no se debate siquiera sobre si las cifras son ciertas o no, o cuál es el número exacto... porque incluso dando por válidos los datos oficiales, esto ha sido una tomadura de pelo.

Los medios de comunicación ya van desmarcándose poco a poco de la política de sembrar el miedo. Los colegios de médicos van pronunciándose a instancias de los miembros de sus comisiones deontológicas, acaso los médicos "más sensibles" de las corporaciones colegiales frente a los atropellos de los derechos de los médicos y de los pacientes. Porque, como decíamos hace unos días, basta ya de tanta tontería.

En este punto del despertar aparece de nuevo ese deseo humano de "dar caña" devolver con la misma saña la penuria de los últimos meses. Que los que la han hecho la paguen, decimos como máximo exponente de la justicia. Yo nunca he reivindicado justicia, porque la humana deja mucho que desear y la divina se acerca más a la misericordia. La justicia, ese sentimiento que lleva a "dar a cada uno lo suyo", siempre deja indeterminado "qué es lo suyo, lo de cada uno". No me toca a mí, por fortuna, impartirla, pero sí quiero hacer una observación. Si la justicia surge del rencor, del revanchismo, volveremos a una sociedad como la que nos está dominando, regida por el odio. Mi estrategia de sonreír y saludar no tiene absolutamente nada que ver con desear fervientemente que se castigue a los culpables. Quien siga el canal con deseos de que "dé caña" se ha equivocado de medio. El odio no se supera con odio, estaríamos en la misma línea aunque en dirección contraria.

Anoche en mi canal de YouTube hice un experimento de ir tensando la cuerda. Se trataba de ver si el hombre está superando a la máquina. La censura de YouTube se había dejado en manos de unas máquinas que, en función de determinados algoritmos, te quita el vídeo o no. Y esto lo hace en unos minutos, toma la decisión rápidamente. Lo hizo la semana pasada y... en pocas horas y sin mediar ni apelación ni respuesta, el programa se repuso. Anoche empleé unos criterios que a una máquina le hubiese bastado para censurar el vídeo... y no lo hizo. Interpreto que alguien paró la máquina, alguien que piensa, un ser humano que escucha y entiende. A lo mejor cambiaron los algoritmos, quizás surja más tarde la censura, incluso mientras edito esta entrada, alguien esté retirando el vídeo de anoche... Pero será alguien, no algo, quizás el ser humano empieza a enfrentarse a la máquina, a los algoritmos. YouTube también necesita redención. ¿Que nos podemos ir a otras plataformas? Pues también, pero quizá la fuerza de los grupos coherentes y respetuosos empieza a ser tenida en cuenta por las personas. Misericordia quiero y no sacrificio, que viene la Semana Santa y Jesús vino a llamar a pecadores, no a los justos. Arrepentidos nos quiere el Señor. Se trata de dar una opción para que los agentes del miedo entonen el mea culpa. Y eso con la mirada puesta en nuevos experimentos.

sábado, 13 de marzo de 2021

El compromiso con la salud

Hace años debatíamos si un médico debe hablar de política. Me refiero a hablar de política desde su condición de médico, porque se entiende que como persona tiene el mismo derecho que cualquier otro ciudadano. La respuesta estaría condicionada por la consideración de hasta qué punto la actividad política está deteriorando la salud de las personas. El médico comprometido con la salud de sus pacientes no solo tiene el derecho de pronunciarse acerca de las medidas políticas sino la obligación deontológica de hacerlo cuando percibe que las autoridades están perjudicando seriamente la salud de las personas.

Este mensaje que se parece al que figura en las cajetillas de tabaco alerta sobre la deriva de pesimismo y deterioro moral que la sociedad española ha sufrido en el último año. Fruto de los vaivenes y desórdenes que las disposiciones legales, caprichosas, veleidosas, sin sentido y sin refrendo científico (por más que los pagados medios de comunicación hayan querido transmitir "como que sí"), lo que percibimos en las consultas es una epidemia de miedo que ha trastocado la relaciones sociales, comerciales, laborales y familiares. Pocos ámbitos de la estabilidad emocional han quedado al margen de esta concertada traca de noticias negativas, una ola tras otra, para minar el ánimo de los ciudadanos, poniendo la lupa sobre un problema sanitario que en el conjunto de nuestra actividad asistencial apenas supone un 3%, aunque en determinados momentos puntuales en el espacio o en el tiempo haya sido un problema de mayor envergadura. Ahora no. Ya está bien de meter miedo gratuito. Basta ya de tanta tontería. Los ciudadanos necesitan que les cuenten la verdad. Porque va a salir a la luz, está saliendo a la luz, y los vendedores de mentiras quedarán en evidencia. Ninguna actividad quedará sin su reprimenda, ninguna. Ni los periodistas, ni los jueces, ni los políticos, ni los policías, ni los educadores y, por supuesto, ni el personal sanitario ni los médicos (en lo personal y en sus instituciones) quedarán exentos de un juicio según su proceder, tanto por acción como por omisión.

Con esta declaración quiero ir redimiendo mi culpa. No he dejado de denunciar el abuso que se ha hecho de un miedo exacerbado para esclavizar a la sociedad. Ahora (o nunca) el ciudadano que tiene que reivindicar su libertad, si es que todavía sabe apreciarla, y reclamar justicia. 

jueves, 25 de febrero de 2021

La censura en los medios de comunicación

El compromiso con la verdad solo tiene un objetivo: buscar la verdad. Cuando uno se pregunta cuáles son los fines de una actividad, igual que al quehacer del médico se le asocia la salud de los pacientes, a los informadores (periodistas en sentido amplio) deberían pretender que se conozca la opinión de todos los que tienen algo que aportar en la búsqueda de la verdad. Como decía en el directo del martes 23 de febrero censurado en el hasta entonces mi canal, si a las reglas del fútbol se superpone un Real Decreto que autoriza en determinados momentos a que alguien entre en el terreno de juego y lleve el esférico con la mano tras la meta de un portero ante la inmovilidad de los futbolistas del terreno de juego y ese tanto se considere válido... será legal porque la autoridad ha emitido una ley que lo permite, pero todos los presentes, desde el terreno de juego o la grada, pensaremos que aquello ha dejado de ser fútbol. Cuando esto sucede en el campo de la medicina y lo denuncias, te sacan la tarjeta roja y te expulsan del terreno de juego.

Para aquellos que quieran seguir jugando al fútbol y divirtiéndose, hemos de buscar otro terreno de juego no afectado por leyes veleidosas que impiden el desarrollo de la expresión y la libertad. El problema hace tiempo que dejó de ser una cuestión sanitaria: es social. Y lo que está en juego es la libertad del ser humano amenazada por el miedo generado por los medios de desinformación.

Si el fin de los médicos es velar por la salud de los pacientes, quiero hacer un llamamiento a los sanitarios para que se den cuenta que en estos momentos el problema que está causando el coronavirus en el mundo no es la saturación de UCIs o camas de hospitales como se encargan de cacarear con ocasión o sin ella los medios gubernamentales. El problema médico en España no es la memoria de los 50.000 fallecidos atribuidos a COVID sino el cerebro alterado de los 47.000.000 - 50.000 españoles restantes que han visto deteriorada su vida y su calidad de vida por el miedo alimentado y consentido por las autoridades sanitarias. Los médicos no nos ocupamos de los muertos sino de los vivos. Y tenemos responsabilidad.

Cada cual tiene que saber dónde está su deber. Lo de menos es que nos pida cuenta la justicia humana (que también se puede corromper) sino la divina. Algunos periodistas lo saben. Algunos médicos también.

viernes, 1 de enero de 2021

UN NUEVO PROYECTO. UN NUEVO CANAL

Comienza el año y con él nuevos proyectos e ilusiones. Durante las últimas semanas hemos ido viendo la deriva de nuestra sociedad y del mundo a tenor de los vientos que soplan en los medios de comunicación. Algunos han percibido una brisa y otros un verdadero huracán. Pero en la conciencia de todos está que durante el año 2020 el mundo ha sufrido una profunda CRISIS y que sus efectos se van a ir plasmando a lo largo de este año que comienza. Las crisis, decíamos, no suelen ser agradables para la estabilidad emocional porque nos sacan de la llamada "área de confort", nos zarandean e interpelan haciéndonos ver que determinados planteamientos que teníamos de la vida ya no valen para explicar el presente. Hace falta seguir buscando las piezas para darle sentido al puzzle de la vida.

Todo comenzó con una cuestión aparentemente médica, sanitaria. La crisis del coronavirus. El devenir nos ha mostrado que esto ha sido una excusa, un epifenómeno, una tapadera para llevar a cabo una verdadera transformación social involucrando en la tarea a cuestiones médicas, científicas, sociales, económicas,... donde la acción política ha mezclado estas actividades con otras análogas que llevaban delante el prefijo de "pseudo...". Y así, haciendo acopio de los medios de comunicación, se ha producido un enorme vertido de información junto a pseudoinformación de manera que la inteligencia de muchos se ha ofuscado hacia la radicalización de las posturas. Hemos comprobado cómo en cuestión de unos meses la sociedad ha desarrollado un diálogo amargo, ofensivo, hiriente, fruto del odio y el rencor que ha llevado a muchos a reservarse su opinión por miedo a granjearse enemigos. El miedo ha sido, sin duda, el agente social que más presente se ha hecho en medio de la sociedad.

Las situaciones adversas unen, como en la guerra, como en la mili. Cuanto más poderoso es el enemigo externo, más necesidad tenemos de buscar apoyos externos a la vez que fortalecemos los propios. Por eso, si algo bueno está teniendo esta crisis es que ha permitido el reencuentro de viejos conocidos. Acaso el confinamiento nos ha llevado a trabar contacto por las redes sociales con personas a las que no veíamos hace lustros. Incluso ha propiciado que conozcamos personas que comulgan con nuestros intereses e inquietudes, como es el caso de la comunidad que se ha suscrito al canal de You Tube. Y también que descubramos mejor a gente que vivía muy próxima a nosotros y en la que no habíamos reparado y ahora, transformados por la tensa situación, nos ha revelado algo más de su verdadero ser... para bien o para mal. Pero sobre todo, esta crisis ha favorecido el reencuentro más importante del ser humano: el hallazgo de su ser más profundo, el reencuentro con su persona más íntima, el replanteamiento existencial de su ser en el mundo.

Los pacientes me han enseñado mucho de la medicina que sé. Pero sobre todo me han mostrado lo que es ser persona. Gracias a ellos, llevo muchos años reencontrándome conmigo. Y sin ser ajenos a la ciencia, sino de la mano de ella, vamos a abordar una serie de vídeos en el prometido canal de carácter antropológico y filosófico que he titulado precisamente así: REENCUENTROS. Se trata de volver atrás en nuestros pasos para saber dónde nos hemos equivocado en este camino feliz que es la vida. Volver a encontrarse tiene un deje de nostalgia que rápidamente sería objeto de crítica por el mal llamado progresismo. Pero nada más vanguardista que lograr el objetivo de conocerse aunque para ello haya que retroceder unos pasos, como señal evidente de que en algún punto habíamos extraviado el camino y estábamos perdidos.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...