domingo, 28 de marzo de 2021

Cualquiera que no sea médico...

    Cuando se trata de opinar de fútbol, todos somos entrenadores. Igual que a toro pasado, todos somos Manolete. Y qué decir del ámbito de la medicina, cuántas palabras hemos aprendido este año de la mano de la prensa y los medios de comunicación. La gente habla sin empacho de anticuerpos que se parece a antimateria en el prefijo y las vacunas son tan familiares como la leche y que ambos vienen de la vaca. Sabemos lo que significa UCI y conocemos perfectamente que intubación es algo parecido al riego por goteo que seguramente se inventó en Italia. Nos metemos sin vergüenza a debatir de virus que ni siguiera los expertos se ponen de acuerdo en si son seres vivos o inventos de software y los secuenciamos al hilo de la isla de los famosos. O hablamos de mascarillas con el vago sentimiento de que cuantas más "efes" pronunciemos, es porque son más seguras.

    El anecdotario de disparates que hemos escuchado sería una antología desternillante si no fuera por el drama que ha traído para la sociedad. Pero ¿por qué usted que no tiene ni idea de medicina (me vienen a la cabeza en primera instancia unos periodistas apesebrados) no ejercita su discurso mental en razonar sobre aquello que no es necesario saber de medicina para forjarse una opinión? Diez pistas.

- Si de 47 millones de españoles han fallecido a causa del fenómeno COVID 70 mil (venga, sin rebajas) ¿cómo se encuentran de salud los supervivientes, 46.930.000 españoles? Aparte de acogotados, claro.

- Si de 100 personas que se infectaron por COVID menos del 1% falleció ¿quiere decir que el 99% de los que la padecen sobreviven?

- Si el 99% que sobrevive queda con inmunidad de haberlo pasado ¿para qué necesitan una vacuna? ¿Necesita vacuna una enfermedad con una letalidad inferior al 1%?

- De una medida aprobada por situación de emergencia y que según su ficha técnica debe ser prescrita por un médico ¿cuántas de las 6 millones de dosis españolas han sido aplicadas realmente tras una prescripción facultativa?

- Si del total de los fallecidos el 86% eran mayores de 75 años ¿cuál es el riesgo real de los menores de esa edad?

- Si ha aumentado la mortalidad en el inicio de este año comparado con otros años ¿habrá tenido algo que ver la vacunación en las residencias de ancianos? Algunas instituciones se quedaron con la mitad de los internos tras la vacunación... y este año no había gripe.

- Si la mascarilla protege y se ha hecho obligatoria junto con el aumento de los aislamientos o la promoción del pinchazo eficaz ¿por qué estamos esperando que aumente la afectación y lleguen nuevas "olas"?

- ¿Por qué los niños transmiten el virus a partir de una cierta edad y el día antes no? ¿Hay un cumpleaños para regalar mascarillas?

- ¿A quién contagio si voy por el monte caminando sin mascarilla o dentro de mi coche? 

- Si la situación es tan grave ¿por qué las autoridades están de vacaciones durante Semana Santa? ¿O es que ya se ha previsto que va a ser grave pero solo a la vuelta?

    Todas estas preguntas y muchas otras están en la mente de la población. Señores que elaboran noticias, respondan. Si tienen dudas médicas, pregunten a los médicos, no a los políticos. Me ofrezco a resolverlas en lo que mi ciencia da de sí. Pero quizás lo más urgente en estos momentos es que pregunten a los economistas por qué Europa detiene los fondos prometidos para España. Hasta del susto se ha estropeado el ordenador del SEPE y mucha gente se ha queda sin cobrar su prestación. ¿Es posible que el ordenador no se arregle hasta que suba la incidencia? Pues nada, a hacer PCRs. Es increíble el daño que provocan los virus, o la falta de ellos.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Sed de venganza

Cuando el mundo empieza a despertar de su opresión, surge el deseo de revancha. Si nos han tenido engañados (una sonrisa para el famoso "emosido engañado") no faltan quienes claman venganza contra los opresores. Es el sino de la historia pendular. Estamos en un punto de inflexión y con el brotar de la primavera algunos empiezan a cuestionar si las cifras de lo vivido en el último año han sido suficientes para generar este estado de alarma permanente. Ya no se debate siquiera sobre si las cifras son ciertas o no, o cuál es el número exacto... porque incluso dando por válidos los datos oficiales, esto ha sido una tomadura de pelo.

Los medios de comunicación ya van desmarcándose poco a poco de la política de sembrar el miedo. Los colegios de médicos van pronunciándose a instancias de los miembros de sus comisiones deontológicas, acaso los médicos "más sensibles" de las corporaciones colegiales frente a los atropellos de los derechos de los médicos y de los pacientes. Porque, como decíamos hace unos días, basta ya de tanta tontería.

En este punto del despertar aparece de nuevo ese deseo humano de "dar caña" devolver con la misma saña la penuria de los últimos meses. Que los que la han hecho la paguen, decimos como máximo exponente de la justicia. Yo nunca he reivindicado justicia, porque la humana deja mucho que desear y la divina se acerca más a la misericordia. La justicia, ese sentimiento que lleva a "dar a cada uno lo suyo", siempre deja indeterminado "qué es lo suyo, lo de cada uno". No me toca a mí, por fortuna, impartirla, pero sí quiero hacer una observación. Si la justicia surge del rencor, del revanchismo, volveremos a una sociedad como la que nos está dominando, regida por el odio. Mi estrategia de sonreír y saludar no tiene absolutamente nada que ver con desear fervientemente que se castigue a los culpables. Quien siga el canal con deseos de que "dé caña" se ha equivocado de medio. El odio no se supera con odio, estaríamos en la misma línea aunque en dirección contraria.

Anoche en mi canal de YouTube hice un experimento de ir tensando la cuerda. Se trataba de ver si el hombre está superando a la máquina. La censura de YouTube se había dejado en manos de unas máquinas que, en función de determinados algoritmos, te quita el vídeo o no. Y esto lo hace en unos minutos, toma la decisión rápidamente. Lo hizo la semana pasada y... en pocas horas y sin mediar ni apelación ni respuesta, el programa se repuso. Anoche empleé unos criterios que a una máquina le hubiese bastado para censurar el vídeo... y no lo hizo. Interpreto que alguien paró la máquina, alguien que piensa, un ser humano que escucha y entiende. A lo mejor cambiaron los algoritmos, quizás surja más tarde la censura, incluso mientras edito esta entrada, alguien esté retirando el vídeo de anoche... Pero será alguien, no algo, quizás el ser humano empieza a enfrentarse a la máquina, a los algoritmos. YouTube también necesita redención. ¿Que nos podemos ir a otras plataformas? Pues también, pero quizá la fuerza de los grupos coherentes y respetuosos empieza a ser tenida en cuenta por las personas. Misericordia quiero y no sacrificio, que viene la Semana Santa y Jesús vino a llamar a pecadores, no a los justos. Arrepentidos nos quiere el Señor. Se trata de dar una opción para que los agentes del miedo entonen el mea culpa. Y eso con la mirada puesta en nuevos experimentos.

sábado, 13 de marzo de 2021

El compromiso con la salud

Hace años debatíamos si un médico debe hablar de política. Me refiero a hablar de política desde su condición de médico, porque se entiende que como persona tiene el mismo derecho que cualquier otro ciudadano. La respuesta estaría condicionada por la consideración de hasta qué punto la actividad política está deteriorando la salud de las personas. El médico comprometido con la salud de sus pacientes no solo tiene el derecho de pronunciarse acerca de las medidas políticas sino la obligación deontológica de hacerlo cuando percibe que las autoridades están perjudicando seriamente la salud de las personas.

Este mensaje que se parece al que figura en las cajetillas de tabaco alerta sobre la deriva de pesimismo y deterioro moral que la sociedad española ha sufrido en el último año. Fruto de los vaivenes y desórdenes que las disposiciones legales, caprichosas, veleidosas, sin sentido y sin refrendo científico (por más que los pagados medios de comunicación hayan querido transmitir "como que sí"), lo que percibimos en las consultas es una epidemia de miedo que ha trastocado la relaciones sociales, comerciales, laborales y familiares. Pocos ámbitos de la estabilidad emocional han quedado al margen de esta concertada traca de noticias negativas, una ola tras otra, para minar el ánimo de los ciudadanos, poniendo la lupa sobre un problema sanitario que en el conjunto de nuestra actividad asistencial apenas supone un 3%, aunque en determinados momentos puntuales en el espacio o en el tiempo haya sido un problema de mayor envergadura. Ahora no. Ya está bien de meter miedo gratuito. Basta ya de tanta tontería. Los ciudadanos necesitan que les cuenten la verdad. Porque va a salir a la luz, está saliendo a la luz, y los vendedores de mentiras quedarán en evidencia. Ninguna actividad quedará sin su reprimenda, ninguna. Ni los periodistas, ni los jueces, ni los políticos, ni los policías, ni los educadores y, por supuesto, ni el personal sanitario ni los médicos (en lo personal y en sus instituciones) quedarán exentos de un juicio según su proceder, tanto por acción como por omisión.

Con esta declaración quiero ir redimiendo mi culpa. No he dejado de denunciar el abuso que se ha hecho de un miedo exacerbado para esclavizar a la sociedad. Ahora (o nunca) el ciudadano que tiene que reivindicar su libertad, si es que todavía sabe apreciarla, y reclamar justicia. 

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...