domingo, 25 de abril de 2021

Alerta deontológica

    Se llama Deontología a la parte de la ética que trata de los deberes y principios que afectan a una profesión. Todas las profesiones, por tanto, tienen su deontología, no es algo exclusivamente aplicable a los sanitarios. Los médicos en España debemos estar adscritos a un Colegio de Médicos (hay uno por provincia) para poder ejercer como médicos. La colegiación es, por tanto, un requisito para poder ejercer. Y cada colegio de médicos tiene una comisión de Deontología que vela por el cumplimiento de los "deberes y principios" que debe regir nuestra profesión. No sólo en las relaciones con los pacientes sino en el plano profesional con las empresas (hospitales, aseguradoras,...) o en la relación médico-paciente y entre los colegas entre sí.

    Desde hace siglos, a tenor del "corruptio optimi pessima", la estrategia del mal para dañar la naturaleza humana no ha sido destruir las instituciones que velan por su salud sino transmutar sus valores. De este modo, en las comisiones de deontología se van infiltrando elementos que, desde una óptica diferente a la concepción clásica que los médicos teníamos del ser humano, introducen parámetros liberales que anonadan la autoridad no solo del médico sino de la ciencia. En definitiva, para quien no entienda, cada vez se siguen menos los criterios médicos y científicos y proliferan intereses crematísticos y partidistas promovidos por leguleyos puestos a dedo. Lo que está en juego es nuestra concepción del ser humano, lo que es su salud y su vida, lo que ha sido hasta ahora el objeto principal de nuestra disciplina. Las comisiones de deontología están cambiando de manos. Si la ley positiva regula el aborto, la eutanasia o las vacunaciones o la administración de tal o cual medicamento sujeto a prescripción, los costes,... ¿qué pinta el médico en todo esto? ¿Qué valor tiene su opinión? ¿Acaso los médicos que seguimos interesándonos por la salud de nuestros pacientes no tenemos la obligación (ética, sí, deontológica) de alzar la voz frente a estos atropellos? ¿Acaso no hay un deber de exigir que sea el médico quien trate a su paciente y no una aseguradora o "las autoridades sanitarias"?

    Hay una alerta deontológica evidente que a mí, como médico sujeto a un Código vigente (no hay problema, si ese es el escollo, se cambiará...) no me queda más remedio que advertir: me da la impresión de que los médicos están dejando de ser médicos. Ojalá alguien me argumente que es una impresión falsa. Por si acaso, verifique sus referencias. He dicho.

viernes, 9 de abril de 2021

Vacunas porque sí

En las últimas semanas la opinión pública ha estado repartiendo noticias para dar de comer a los ciudadanos de la polémica. La vacuna, una palabra de connotación amistosa y agradable, socialmente bien aceptada (como un billete de 50 euros que gusta a todo el mundo) está en boca de todos, acaso porque los medios de comunicación no dejan de manosearla. Ahora dicen que la pongo, ahora la suspendo o la reanudo. En este país sí, pero en este otro no. Este grupo de edad es el adecuado pero ahora lo amplío o reduzco. Te pongo la que tenga, si me llega, o te pongo de otra. Como en Francia, que si te han comenzado a vacunar con una y se agota, siguen con otra como si el mecanismo de acción de todas fuese el mismo y por tanto intercambiables. La cuestión parece consistir en que la población reciba alguna vacuna, la que sea y como sea porque da igual lo que te pongan. Porque sí... parece que la salud de las personas da igual.

El objetivo, por tanto, es que "todos se vacunen". Pero ¿de qué? ¿para qué? ¿por qué? Tan sólo incoar estas tres preguntas elementales sobre las vacunas ya levanta ampollas: "¡Es usted un conspiranoico, un antivacunas!". Tan sólo pregunto con educación y respeto: Vacunarse de qué, para qué y por qué, no puedo entender dónde está el insulto o el deseo de polémica en estas tres sencillas preguntas. Y las hago a la comunidad de ciudadanos igual que se las he hecho a mis colegas médicos, a las instituciones e incluso a los periodistas, que también tienen derecho a informarse. Si tan importante es vacunarse ¿por qué hacerlo de este modo tan chapucero que ya de suyo ridiculiza la importancia de una medida sanitaria? Es como prescribir medicación que el paciente se la va a tomar como le dé la gana, si es que se la toma. ¿Dónde están los colegios médicos para exigir un poco de formalidad y rigor en lo que se está haciendo con los ciudadanos?

Las consultas que atendemos actualmente son una excusa para preguntar al médico si me vacuno o no me vacuno. La gente está desorientada respecto a los beneficios, riesgos o necesidades de tales medidas porque siguen las directrices de "en caso de duda consulte al BOE". Ven que las colas de vacunación han caído a la mitad en los grandes centros donde se congregaban multitudes para ponerse algo. Escuchan que se suspenden vacunas o se notifican casos graves de efectos secundarios silenciados. Empiezan a preguntarse cómo es posible que haya un aumento de mortalidad en lo que llevamos de año con respecto a otros años, siendo así que estamos incrementando el número de personas que se vacunan. ¿O acaso es precisamente por ello? Leen que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (pagado por los poderes que conocemos) empieza a sugerir que es ético y necesario que los países democráticos impongan la vacunación obligatoria. O que en Italia y en otros países donde los médicos y personal sanitario no se ha querido vacunar sugieren presionar con la retirada de licencias a los médicos que no quieran vacunarse.

La libertad está en juego. Los médicos no se han pronunciado sobre la necesidad de obligar a la vacunación general ante una enfermedad con una letalidad inferior al 1%: se han callado. Y han dejado que la población acuda a ponerse una inyección (la que sea, da igual) sin haber prescrito ninguna, cobardía sobre cobardía. Independientemente de lo que venga después, hasta aquí ya lo hemos hecho mal, muy mal, con tanta complicidad silenciosa. Dejemos un poco de lado la radicalidad del apasionamiento y entreguémonos a la reflexión, que ya hemos hecho el necio bastante.

sábado, 3 de abril de 2021

La cuestión está en la calle

Algunos hablan de revuelta social. No sé si es cuestión de revuelta pero no me cabe duda de que el problema es social. Hace días alertábamos de la censura en los medios de comunicación en manos de quienes quieren que solo se den unas noticias pero no otras, de mostrar exclusivamente una realidad, la que les interesa para seguir sembrando miedo. El problema más severo para la salud de los ciudadanos en este momento no es un virus ni unas vacunas, es el miedo provocado por la desinformación. Cuando existe un compromiso con la salud, cualquier sanitario tiene la obligación de ponerlo en conocimiento de las autoridades. Y cuando esto se hace, cuando se pone en conocimiento el absurdo de las medidas y el desconcierto que provocan, la sorpresa puede ser recibir como respuesta un "ya lo sabemos, precisamente es lo que se pretende".

La actitud de quien esto escribe, el ánimo divulgador y conciliador, siempre me ha llevado al debate para confrontar lo que la ciencia da de sí, lo que nos puede ayudar, lo que está claro o confuso. La actitud dialogante nos ha enseñado que cuando el interlocutor insulta, o desacredita de forma gratuita con odio o resentimiento, es porque se ha quedado sin argumentos o el miedo anida en su conciencia. En numerosas ocasiones he advertido en mi canal contra la trampa del odio: nunca se debe perder la educación ni faltar al respeto. Y si por un arranque de ira nos pasa, es conveniente saber pedir disculpas. Quien se siente convencido de que está en la verdad, no debe azorarse si no encuentra las palabras o modo adecuado de hacerse entender por los demás, porque en ocasiones no es una cuestión de lo que uno dice sino de lo que el otro es capaz de asumir.

Con el párrafo anterior, quiero enfatizar que mi previsión es que las posturas sociales respecto a la crisis tienden a radicalizarse. Los sembradores de odio buscarán el modo de incrementar el miedo de los asustados para hacer ver que los que no tenemos miedo ni motivos para ello somos el verdadero peligro social. Nada más lejos de la realidad. Preparémonos para las calumnias y difamaciones, elementos propios de la desinformación.

Nuestro comportamiento debe ser amable a la vez que firme, con la convicción de quien desea que los demás disfruten de la libertad que uno ha logrado al desconectarse de las fuentes del odio. No dejéis de sonreír y saludar, que son los cimientos de la genuina paz interior y la felicidad. Eso es lo que tenemos que contagiar a los que tenemos alrededor, y gracias por seguirme en Telegram (@DrDeBenito) y hacer más grande el número de los que sonríen. Vivir con odio y miedo no es vivir.

Vergüenza aneja

No, no es una errata. En esta ocasión la vergüenza no es para otros, es para el colectivo médico que, hoy como ayer (Cfr. Lc 14, 5), no son ...